La rentabilidad depende menos del mercado

La posibilidad de habilitar un instrumento de política económica destinado a darle impulso a la inversión productiva siempre será bienvenido.
Lo que hará el Gobierno es reactivar un esquema que puso en marcha en su momento Roberto Lavagna, con el agregado de reconocer beneficios impositivos a aquellas compañías que no lograron ejecutar más de 15% de los proyectos desarrollados en los últimos 24 meses.

La iniciativa está pensada para adelante. Tiene como horizonte los planes que tengan previsto ejecutar las empresas hasta octubre de 2010. Pero no generará un interés automático. Las inversiones no se deciden de un día para el otro. Previsibilidad y certidumbre son dos condiciones necesarias, que los hombres de negocios miden con mucha anticipación.

Una encuesta entre grandes compañías remarca este dato: lo que define hoy un plan de ampliación no es la demanda interna, sino la confianza en la economía. Eso implica reconocer que los factores institucionales y políticos son vistos como una amenaza a la rentabilidad más importante que las condiciones de venta o de financiación.

Todo el contexto que forma el clima de negocios figura siempre en los tableros de control de las empresas. Sería bueno que también lo registre el Gobierno.

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