*La renovada crisis del agua, camino a politizarse más

Con una nueva emergencia, originada por una serie de problemas (este jueves hubo más desperfectos), el tema del servicio de provisión de agua potable en la capital neuquina va derecho a la cíclica discusión política sobre las condiciones generales: marco regulatorio y entes de control.
Emergencia. La palabra ya no conmueve, porque se ha usado tal vez en demasía. Pero, como en el cuento del pastor y el lobo, la repetición no debería limar su significado, y de hecho no lo hace: en la capital neuquina hay una emergencia en la provisión de agua. Ya no se puede disimular su gravedad. Los funcionarios municipales y provinciales están en reuniones permanentes. El EPAS no se cansa de repartir culpas, aunque asume pocas de ellas.

"Si fuera una empresa privada, concesionada por el Estado, ya se le habría retirado la concesión", se murmura con enojo. La frase no es de ningún neoliberal: en realidad, se repite como una especie de consigna desde hace tiempo, en distintos niveles de responsabilidad, tanto del Estado provincial como del municipal.

Durante la mañana de este jueves, el panorama era realmente desalentador. Se cumplía la "baja presión" en sector de la capital que había anticipado el mismo EPAS. Pero un factor nuevo se agregó al previsible: se rompió la bomba que lleva agua al tanque de agua de Balsa Las Perlas, donde cargan los camiones aguateros.

"No podrán cargar hasta la tarde, después de las 17", se informó.

La noticia llegó al despacho del intendente Martín Farizano con la fuerza de un misil de mala onda. Es que la distribución de agua en camiones es esencial en momentos en que, con altísimas temperaturas, miles de personas viven como en un oasis seco en medio del desierto: sin agua para higienizarse, ni para beber, ni para cocinar. Ni siquiera para tomar unos mates.

Farizano buscó ayuda en municipios vecinos, para cargar los camiones del operativo municipal, se dijo. Pero era inocultable el enojo creciente ante lo que se considera una floja actitud general respecto de la crisis de parte del gobierno provincial, y particularmente, del EPAS.

Es evidente que los planteos políticos seguirán a las medidas de la "emergencia". Así se lo analiza desde, por ejemplo, algunos niveles del Concejo Deliberante. "Ya no da para mas este sistema. El Estado no puede controlarse a sí mismo", se dijo, por ejemplo.

La discusión por la creación de un marco regulatorio para el servicio, tanto en su instancia provincial como municipal, con entes de control y poder comunal para disponer concesiones con exigencias de acuerdo a cada lugar, es el tema que viene. "El año pasado nos dijeron que más que discutir enfoques políticos, era cuestión de hacer obras. Pero las obras no se hacen, o no se terminan a tiempo, precisamente porque no hay un contexto político apropiado", se destacó.

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