En la remontada final, la plata es (casi) todo

En la remontada final, la plata es (casi) todo
José Eseverri se aseguró la llegada de algunos fondos para obras, pero se sacó una foto compleja con la Presidenta de la Nación, que en Olavarría cotiza a la baja. La coparticipación baja en partes, pero baja. La recaudación cae, pero nada que sea un escándalo. Los fondos públicos para obras siguen siendo el gran capital sobre el que se basa el oficialismo, junto al plus de una oposición que se quedó sin tiempos de campaña. Las casas, complicadas. Ahora que todos saben que Magalí es la chica asesinada, el costado de la seguridad se hace impredecible. José ya giró, en vistas de ese baldón.
Todo el tramo final de la campaña parece girar, en versión oficialista, alrededor de los fondos públicos que permitirían obra y captación de voto. Con esa lógica, el eseverrismo también apura en el tramo acelerado de 100 días los fondos disponibles para mostrar realizaciones, aunque los matices y las dificultades, si bien no decisivas, también condicionan el potencial electoral de la caja.

A esta altura, ya parece claro que una cosa son los fondos anunciados y, muy otra, los fondos efectivos, los que llegarán al territorio. Del boom de obra pública de 176 millones: ¿cuántos llegarán efectivamente a Olavarría? ¿cuánto de acá al 28 de junio? ¿cuánto después, si el oficialismo no gana?

El traspié de las viviendas, simulado tras un pedido de mayor información, indica que el flujo de fondos desde la Nación a Olavarría tiene algún tipo de cuellos de botella. Para el oficialismo, la postergación en la licitación de las 1.000 casas se debió a un déficit de datos.

En realidad, lo que sucedió es el segundo cambio de reglas de juego en la financiación de obra pública local, y que ya hace dudar a algunos oferentes locales. Uno fue el cambio en los adelantos para pavimentos, que pasaron de un 15% a un 10%.

Y el otro, el de esta semana, fue el que demoró la licitación: una probable caída de los adelantos para la compra de los materiales, que rondan varios millones de la inversión total en las viviendas. La idea del oficialismo, en realidad, es asegurar los fondos antes de dar la bandera de largada a las casas, que no pueden arrancar sin completarse y cuyo inicio generaría una expectativa difícil de cancelar.

Despojado ya de las posibilidades de sostener aquel romance con el electorado de los tres primeros meses de gestión (los únicos donde expandió su base electoral, porque después intentó sustituirla y ahora debe evitar la progresión del drenaje), José Eseverri está compelido a negociar con su electorado las reglas del intercambio de utilidades.

Esa vinculación no es solo material. O sí, pero no es solamente contable, ni financiera. Incluye el capital simbólico, un bien escasísimo en el escenario político olavarriense luego de la muerte de Helios Eseverri. Tan escaso que quien lo posee, siquiera en modestas cuotas, puede capitalizarlo como agua en un desierto: ni Alicia Tabarés ni Julio Alem ni Ernesto Cladera se comparan con lo que fue el múltiple intendente local, pero ahí andan todos ellos, sabedores de que más tarde o más temprano les irán a tocar el timbre.

José no tiene esa suerte per se, sino que la liga atada a otros capitales: el apellido, la gestión, la obra pública que pueda bajarle el Gobierno, algunos gestos donde sintonice con el electorado local antes que el resto de los actores políticos y, sobre todo, antes que los medios de comunicación promulguen una síntesis de los hechos recientes.

A eso vamos con el análisis de los hechos de la semana. Este lunes, cuando visitó al oficial de Policía herido en el operativo del sábado 21 por la noche, José Eseverri tuvo su primer gesto de autoridad política desde que ejerce la conducción del Municipio. Fue hábil, también: sintonizó con los mensajes de celular y mails que recibieron la mayor parte de los medios y referentes del Gabinete (respaldando el polémico operativo), pero se aseguró bien de visitar a uno de los que cayó temprano al piso y no avalar a ninguno de los que disparó postas de goma dentro de la casa.

Asumió riesgos, también. Uno, el de quedar cerca de un proceso judicial incierto donde ni siquiera la cúpula de la Policía Departamental de Azul descarta que varios policías queden imputados. Otro, el de firmar un cheque en blanco a una fuerza confundida, presionada y al borde del desmadre por la alta demanda social de servicios de protección e investigación combinada con pocos medios y bajos salarios.

Otro dato podría también repasarse, pero es puramente policial: que Francisco Ferencz, jefe Distrital, se haya puesto a la cabeza del operativo es el dato claro de que la fuerza sabe de sobra (como anticipó esta columna hace siete días) que entre la tropa circulan reclamos de mayor aval y cercanía de las jerarquías que los comandan.

Pero es un hecho que el lunes y martes el Palacio estaba cómodo con la movida. Por primera vez en varios días (posiblemente desde el miércoles aciago en que naufragó el increíble intento de frenar la primera marcha por la seguridad reuniendo a fomentistas en el Salón Azul, con el Intendente ausente) sentían correr por los pasillos el aire oxigenado que anhela todo político en puja: percibían que habían recuperado la iniciativa en un momento complicado y un tema más que complicado.

Por eso la pregunta, que varios en su entorno no alcanzan a descifrar: ¿para qué la foto con Cristina, una de las figuras más resistidas en la Ciudad? Es probable que José Eseverri haya tratado de asegurar al máximo un flujo de fondos para obra pública que no está ni de cerca garantizado, y que es el mayor capital político para no perder la elección.

Otro, tal vez igual de importante: con el abrazo con la Presidenta, José saca chapa de referente e el armado de la boleta seccional del oficialismo, en una elección donde la región pelea tres senadores y es muy posible que ninguna fuerza perfore el piso del 33%, donde habrá un senador para cada uno de los tres primeros frentes y el kirchnerismo (como Coalición-UCR y la alianza de derecha) se llevará solamente un legislador.

El susto por el anticipo para materiales que no vino (y que es la razón de la postergación de la apertura de sobres para las casas) y la baja del 15% al 10% en el anticipo para el pavimento (que las empresas tomaron como un dato de cierta endeblez, aunque igual vayan a encarar las obras y a hacerlas a buen ritmo para ir cobrando cuanto antes las certificaciones) operan en lo que José hace de modo casi intuitivo aún en las mínimas decisiones: pegarse al estilo K.

Otras realidades que marcan problemas financieros latentes obligan a extremar los gestos para recibir fondos de Nación. Uno es la coparticipación, que volvió al ritmo de pereza en los pagos: a la fecha llegó la mitad, cerca de un millón de este mes, y aunque se descuenta que el resto vendrá sin problemas nada hace pensar que la Provincia no haya empezado a transitar una cornisa donde primero cuidarán sus intereses y luego le pagarán a los Municipios.

El pedido de 60 millones de préstamo a las cajas de profesionales va en ese sentido, y por más que la relación entre la Gobernación y el Palacio San Martín sea óptima nadie del grupo de conducción municipal les sacan una idea de la cabeza: si las cosas se complican, Scioli cuidará primero de sus intereses.

El posicionamiento del Intendente en la Casa Rosada no serían tanto si no se acercara, con distancia de días, un evento local donde las presiones cruzadas y los posicionamientos encontrados pueden saltar a la luz: la apertura de sesiones ordinarias.

Dos datos, sobre ese día, sobre lo que se ve venir, sobre las tensiones de la fecha.

En el Palacio San Martín han mostrado una cuota enorme de cautela: el discurso del Intendente ya no será, como el año pasado, en el Salón Rivadavia, abierto y amplio. Y expuesto también a las protestas del campo, que quedó herido tras las palabras de José Eseverri, un día antes de que desarmaran la carpa.

Lo otro es que, tal vez, no solamente sean las asonadas externas las que haya que sofrenar. Hasta ahora el protocolo no ha eliminado de la ceremonia el discurso del presidente del Concejo, Julio Chango Alem. En la apertura del año pasado, cuando tenían trato frecuente y el ex Intendente que reemplazó a Helios Eseverri aún hablaba seguido con José igual se despachó sin piedad contra el kirchnerismo y su política agropecuaria.

Hoy nadie es capaz de predecir lo que puede llegar a decir cuando su relación con el Intendente es de distancia y competencia, cuando ya dijo públicamente que aborrece el estilo presidencial y cuando su grado de enfrentamiento con miembros de la mesa chica del Palacio no tiene vuelta atrás en términos políticos, ideológicos y hasta casi de proyecto y gestión.

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