70% de los remedios de Forza eran para la cartera de Zin

Un informe -llevado a cabo el 15 de septiembre de 2008 y que será presentado en las próximas horas a Oyarbide- revela que Sebastián Forza comenzó a incursionar en el negocio de las droguerías cuando era muy joven.
Entre 1995 y 1998, el joven empresario se puso al frente de un laboratorio ubicado en Colegiales (en las calles Jorge Newbery y Conde) que se dedicaba a fabricar "medicina alternativa", a distribuirlos y retirar los medicamentos vencidos para su reelaboración. Pero también a obras sociales y geriátricos.

Sin embargo, la fuente, un ambulanciero encargado del traslado de los medicamentos, manifestó que debió renunciar a su trabajo porque comenzaba a recibir amenazas en cada punto de distribución. ¿La razón? Los medicamentos vendidos por Forza no harían efecto y los pacientes conocían la causa: era truchos.

Una fuente reveló a 24CON que "Forza rebajaba los medicamentos con agua oxigenada, alcohol o suero" y que "retiraba los remedios vencidos y los devolvía al mercado sin el tratamiento adecuado". "En el laboratorio de Colegiales, se tomaban los medicamentos con vencimiento de cinco años y se adulteraba los rótulos". En ese sentido, el informante detalló que "las ampollas (usadas) las limpiaban con ácido. Y el 70 por ciento (de esas drogas adulteradas) eran destinadas al Plan de Salud del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, actividad para la cual Forza estaba habilitado, ya que poseía el sello de Nación y Provincia", detalló.

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"Cuando un medicamento vence, no es que no sirve más, sino que baja considerablemente el porcentaje de efecto de la droga que contiene. Cuando los laboratorios retiran los medicamentos vencidos de los centros de salud, los someten a un proceso para devolverle la efectividad de curación, pero lo que hacía Forza era recibirlos, sacarlos del blister y ponerlos en uno nuevo, con otra fecha de vencimiento", señaló otra fuente a 24CON.

Pero la maniobra no era tan sencilla: para burlar los controles o más bien el sentido común de médicos y pacientes, el empresario debía copiar los soportes de los remedios y, para ello, habría contado con una máquina para la impresión del blister, otra para hacer los troquelados truchos y una última (y la más cara), que Forza habría traído desde Alemania, para fabricar las ampollas. Además, "trajo un equipo termoquímico que servía para adulterar los medicamentos en sí: embases, rótulos y membretes".

Además, el informe señala que Forza estaba a cargo de dos laboratorios más, también ubicados en la Ciudad de Buenos Aires. Uno de ellos en la calle Watt al 600 y el otro, entre Virrey Liniers y Belgrano. Y, como si esto fuera poco, se específica la existencia de un "galpón" que funcionaba como depósito de "medicamentos adulterados" en Monte Grande (Lavallol), sobre la calle Antártida Argentina, frente a una embotelladora de gaseosas. En este caso, "los medicamentos se entregaban a la clínica Santa Rita, La Universal, de Capital Federal; Clínica La Ciudad, de Ciudad Evita y La Naval, de Zárate". Por otro lado, el informante aclara que "Forza porseía la conseción de todas las obras sociales hasta Pergamino".

Y hasta hace mención a la sustancia maldita del caso: en una oportunidad, el testigo pudo observar "tanques de color verde que contenían 200 litros de líquido, proveniente del Salvador", según lo dictaba la etiqueta, y contenía "cloridrato de morfina, plomo en polvo y salisotileno, simil a la efedrina".

Por otro lado, se menciona que el empresario solía organizar "viajes y comidas pagando de su bolsillo", algo que, siun dudas, llamó la atención del ambuilanciero. También, Forza llevaba a su círculo a una isla "que decía que era propiedad de un primo de su esposa" y que contrabandearía los medicamentos a Uruguay, vía La Paloma, a través de una embarcación propia. "En La Paloma, Forza tenía un amigo que tenía un ultraliviano".

Por otro lado, la fuente indicó que "se trabajaba con gran cantidad de hemofílico F8 que es para pacientes terminales, también adulterados". Y como si esto no fuera suficiente para enterrar la imagen del empresario farmaceútico, aclaró que "Forza y la gente que lo rodeaba negociaba estos remedios con propiedades y vehículos de los pacientes y/o familiares". Es decir que las personas que no podían pagar los elevados aranceles de los medicamentos, eran obligados a saldar la deuda contraída con los empresarios, cediéndoles propiedades o vehículos.

Por último, un vocero de la investigación recordó que, por esos años, Forza "desapareció por un tiempo" y que "se habría ocultado en España, protegiéndose de las reiteradas amenazas que recibía a raíz de sus negociados". De hecho, en esa etapa de su vida, ya habría aparecido la figura del fallecido Marcelo Tarzia, sindicado como el vínculo entre la efedrina y los supuestos narcos mejicanos que la compraban ilegalmente.

Así las cosas, fuentes de la fiscalía de Mercedes que investiga el triple crimen de Forza, Ferrón y Bina, indicaron que "es probable que se cite a Néstor Lorenzo", acusado de vender medicamentos truchos y robados, producidos por la droguería San Javier, que eran entregados por Baires Med, empresa vinculada a Forza.

Asimismo, la fuente indicó que Sollange Bellone declaró una vez más en la causa el lunes pasado y que, tres semanas atrás, lo hizo Martín Magallanes, otro empresario envuelto en la trama de la mafia de los medicamentos y el tráfico de efedrina. En su primara citación, Magallanes aportó datos valiosos para la investigación, aunque el fiscal Juan Ignacio Bidone evalúa volver a interrogarlo.

Por otro lado, las nuevas revelaciones del caso comprometen a la viuda de Forza y a su abogado, Héctor Ramírez.

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