Las religiones quieren que triunfen los valores

La crisis espiritual es considerada como uno de los grandes males sociales por referentes del catolicismo, de la Iglesia Evangélica y del Islam.
"Las religiones del mundo y su contribución social" fue la consigna que reunió en el auditorium de la Unsta a referentes de la Iglesia Católica, del Islam y de la Iglesia Evangélica. En la mesa panel, el análisis sobre la realidad política y social de Tucumán y de la Argentina ocupó un lugar central.

Leyla Younes, profesora de Cultura Islámica y de idioma árabe fue la encargada de abrir las exposiciones, y reivindicó la necesidad de promover la comprensión, el conocimiento y el aprecio hacia el otro.

"La vida moral y espiritual ha caído en la nada. Nuestra sociedad adolece de enfermedades nuevas, de la reaparición de enfermedades viejas y, peor aún, de enfermedades impuestas. Son las adicciones, la discriminación racial y la destrucción de la familia", sentenció.

Younes reclamó, también, que se escuche el clamor que hoy levantan todos los pueblos, y cuya fuerza es ineludible. "Exigen unidad, justicia y libertad", enumeró. Pero advirtió que la responsabilidad por el desmoronamiento moral no es responsabilidad únicamente de los gobernantes sino que también es compartida por la sociedad.

"Pero el Islam es una religión optimista. Y si bien hay sólidas razones para ser pesimistas, también hay experiencias positivas para alentar la esperanza", manifestó.

Servir a los demás

El reverendo José Valoy, presidente de la Asociación Cristiana Evangélica "Asamblea de Dios" apeló en su disertación al Evangelio de Mateo: "los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor", citó.

"Los liderazgos que deberían imperar en nuestra sociedad -manifestó el religioso- son aquellos en los que se impone el servicio hacia la comunidad. En cambio, sólo vemos hoy liderazgos que buscan servirse de la gente".

El miembro de la junta ejecutiva del Equipo Pastoral de Tucumán subrayó que la política está vaciada de valores, pero remarcó que ese "mal" no queda circunscripto a esa esfera. "La justicia también está corrompida por gobiernos que quieren tener Cortes hechas a medida. De la misma manera, entre comerciantes y empresarios pervive la idea de que la corrupción es un camino hacia el triunfo. Y en el Estado y en la parte privada, la corrupción es asesorada por profesionales", remachó.

Reconciliación o división

"Parece, por momentos, que la ley con mayor vigencia es la del sálvese quien pueda", sentenció el presbítero Marcelo Barrionuevo.

El experto en Bioética por la Universidad Católica de Milán con sede en Roma reivindicó la convocatoria del rabino Sergio Bergman para que los argentinos pasen de ser habitantes a ciudadanos. "La Iglesia Católica, humildemente, propone una instancia superadora: convertirnos en hermanos. Para eso, hay que defender la dignidad de la persona, el valor de la familia y la promoción de los valores", precisó el profesor de Teología en el Seminario de Tucumán.

"Si no hay una reconciliación social, estaremos condenados a ser un país dividido", advirtió.

Tras puntualizar que alarma la carencia de perspectivas por parte de los líderes argentinos, el presidente de la Fundación Humanitas sostuvo que, para la Iglesia, los argentinos sufren de una pobreza integral, que va más allá de los recursos materiales y las estadísticas. "Padecemos del empobrecimiento de los valores. En un país donde la mayoría de sus habitantes son creyentes, ocurren todas las injusticias que están a la vista. La pregunta que se impone es, en consecuencia, ¿dónde están los mejores?", inquirió.

El ciclo fue organizado por la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de la Unsta, el Centro de Estudios Políticos de esa casa de estudios, la Fundación Juventud Ciudadana y el Grupo Generación del Bicentenario. Según se informó, fueron invitados religiosos a participar judíos y referentes de la DAIA de Tucumán, quienes declinaron la propuesta.

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