Una relación tensa que Cristina intentó, pero no pudo mejorar

La reunión de la Presidenta con los obispos no alcanzó para poner fin a los desencuentros.
Creyentes pero no practicantes, los Kirchner han cargado con la cruz de una relación tirante con la Iglesia desde que llegaron al Gobierno.

Corría todavía el año 2003 cuando los obispos hicieron públicas sus opiniones sobre dos puntales de la incipiente gestión kirchnerista: pidieron evitar la "utilización política" de los planes sociales y mesurar la revisión de la historia trágica de los años 70 para no fomentar ni "la impunidad ni la venganza". Monseñor Justo Laguna fue gráfico: "Cuando la memoria es paralizante, no sirve para nada".

En su primer Tedéum como presidente, Jorge Bergoglio sorprendió a Kirchner con una homilía en la que habló de "manipulación, amedrentamiento, ambición compulsiva y componendas de poder" y pidió "aceptar nuestras pequeñeces".

El entonces presidente, que comenzaba a tomarle el gustito a la confrontación con los poderes tradicionales como una herramienta para incrementar su capital político, sintió que a su juego lo habían llamado. No pisó más la Catedral, estableció un sistema itinerante para las misas del 25 de mayo y recordó cada vez que pudo "el silencio de los curas" durante los años de plomo.

Ya no hubo vuelta atrás en el recelo mutuo. La relación entró en un punto muerto, apenas jalonado por escándalos, entre los que se destacan la infeliz parábola bíblica con las que el obispo castrense Antonio Baseotto sugirió que al ministro de Salud habría que arrojarlo al mar con una piedra atada al cuello o la negativa del Vaticano a otorgar el plácet de embajador a Alberto Iribarne por su condición de divorciado.

La llegada de Cristina alentó esperanzas de recomposición. En la curia había caído muy bien la profesión de fe antiabortista de la Presidenta. Pero nadie hizo demasiados esfuerzos por acercar posiciones. En diciembre pasado, la cúpula del Episcopado visitó el despacho de la Presidenta: poco más de media hora de formal cordialidad que no alcanzó a reparar años de desencuentros. Hace pocos días, un centenar de obispos argentinos le llevó a Benedicto XVI un crítico documento sobre un gobierno "con poca disposición al diálogo". Ayer, en el 33° aniversario del último golpe de Estado, la Iglesia volvió a tomar distancia del Gobierno. Es sabido: ninguno de los dos suele dar marcha atrás.

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