La relación con España, atada a cómo se resuelva el conflicto de Aerolíneas

Lo señalan fuentes oficiales españolas. Se trata de un caso testigo para otras empresas, dicen.
Con la Presidenta de regreso en Buenos Aires, es necesario pasar el rastrillo para observar debajo de la hojarasca de lisonjas con la que fue bendecida en Madrid. "Les hemos tendido nuevamente la alfombra roja, ahora habrá que ver si la aprovechan", explicó un funcionario de La Moncloa.

El primer examen que debe atravesar el vínculo es la resolución del diferendo sobre Aerolíneas Argentinas.

Tanto en el Gobierno argentino como desde la empresa Marsans confían en que, esta vez, las negociaciones parecen encaminarse hacia un final prolijo, en el que el Estado se haría cargo de un contrato de Marsans con Airbus (ver Marsans...).

De esa forma, Aerolíneas podría contar rápidamente con aviones flamantes que refrescar su imagen y Marsans se sacaría de encima la obligación contractual adquirida con Airbus para absorber una flota que desborda las capacidades operativas de su más modesta Air Comet.

Sería esa la solución en "beneficio mutuo" que José Luis Rodríguez Zapatero viene reclamando hace meses y que volvió a solicitarle a Cristina en la reunión de este lunes.

Se rompería así, al menos por un tiempo, con ese círculo de ilusiones frustradas en el que caen algunos integrantes del gobierno español cuando descubren que "los argentinos nos prometen una cosa y después van y hacen otra".

Si es así, cabe la pregunta del porqué de tantos honores y elogios a la Presidenta y el renovado impulso a la relación bilateral de estos días. No se trata de mera generosidad ibérica ni de los millones que han invertido en Argentina las empresas españolas.

Hay una explicación geopolítica más profunda: España busca consolidarse como el puente entre la Unión Europea y América latina; vía única de entrada y salida para facilitar negocios o resolver posibles conflictos entre más de 40 naciones de un lado y otro del Atlántico. No es poca cosa. Y, en ese sentido, la relación con Argentina cobra otra dimensión, que se complementa más a gusto con los lazos afectivos históricos.

Los estrechos vínculos culturales y humanos no corren riesgo. Se han consolidado en 200 años. Lo que está en juego, claro, es la relación política y económica.

A eso se refería un importante funcionario del gobierno español cuando, antes del viaje, advirtió: "No podemos dejar pasar más oportunidades".

Por eso, Aerolíneas es mucho más que ese "uno por ciento" de desacuerdo, como intentaron minimizar Cristina y Zapatero. Es el caso testigo para saber si se dejó pasar otra oportunidad.

"Si no hay una compensación justa a Marsans, ¿usted se imagina que una empresa española, que no sea de las que ya están en su país, pueda entusiasmarse con invertir un euro en Argentina?", preguntó a este enviado una funcionaria del gabinete de Zapatero.

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