No hay relación con el desmonte.

¿Por qué se producen estos fenómenos hídricos que se repitieron en 2006, 2008 y 2009 en Tartagal?.
A contrapelo de lo que repiten sin cesar los medios porteños, no tiene nada que ver el desborde del río con los desmontes ni con la expansión de las fronteras agropecuarias.

El consultor en Recursos Naturales Carlos Saravia Toledo sostuvo que "la cuenca estaba desequilibrada hidrológicamente" y recordó al respecto que, en 1884, el científico y explorador Leopoldo Arnau describía al río Tartagal como "un pequeño cauce de cinco metros de ancho". Atribuye los desequilibrios hidrológicos al "sobrepastoreo y a la construcción de caminos y huellas que, durante casi un siglo, se abrieron para el desarrollo del ferrocarril y la explotación petrolera".

El experto también señala como decisiva la construcción de los puentes ferroviario, sobre el río, y el carretero, en la avenida Packman "que formaron un espacio rígido y generaron el llamado "efecto Ventura", que aceleró la velocidad del caudal y profundizó las barrancas".

Un enclave complicado

"El drama de la ciudad de Tartagal es estar emplazada en el quiebre de la pendiente de la cuenca alta a media, sobre arenas y limos sin estructuración, altamente erosionables, y sin un plan urbanístico. Hablo con conocimiento de causa, ya que conocí el río Tartagal en octubre de1956 cuando era casi un arroyo en época de estiaje", señaló el ingeniero agrónomo Roberto Neumann. "Debido al mal manejo después de los aluviones de 1984 se transformó en un río juvenil que busca desesperadamente su nivel de base".

Neumann señaló que "de 2006 a la fecha se han invertido mas de $60 millones en obras civiles de las cuencas Seco, Galarza y Tartagal, básicamente estructuras de hormigón armado, sin el acompañamiento razonable de remediación biológica con bambúes y otras gramíneas para control de erosión. Los malos resultados están a la vista".

Con muchos años de trabajo en la región chaqueña, el ingeniero Neumann destaca: "Que quede claro que no hay desmontes al oeste de la ciudad de Tartagal, que allí las pendientes oscilan entre 5 a 15%, y que ningún inversor será tan obtuso de plantar soja ni ningún otro grano en condiciones de laderas. Tampoco hay desmontes hace más de un año, porque la provincia de Salta no cumplió con el ordenamiento territorial que exige la ley de bosques 26.331".

Tanto Neumann como Saravia Toledo coinciden en que para conocer las causas del desastre "es necesario conocer los registros de lluvias, la intensidad y duración, y recorrer la cuenca".

El geólogo salteño Ricardo Alonsosostiene que "estamos ante fenómenos sobre los cuales es posible predecir dónde ocurrirán, pero no cuándo".

Para el científico, es innegable que el factor humano influye. "Las explotaciones furtivas de madera y el sobrepastoreo afectan las cuencas, pero se trata de acciones humanas muy puntuales que se suman a la problemática geológica de ciertos terrenos inconsistentes".

La ladera andina recibe vientos húmedos de la Amazonia, que descargan en la ladera de los Andes. Se pone entonces en movimiento una remoción en masa; todo el material cobra una fuerte velocidad, arrastra troncos, obras civiles, vehículos, y va formando un torbellino arrasador.

Alonso recordó que el mismo fenómeno ocurrió en 2001, con mucha más intensidad y gravedad, en Palmasola, Jujuy, en la sierra de Santa Bárbara, con una decena de muertos y desaparecidos. También en Campamento Vespucio, con el deslave de la Quebrada de Galarza. "Es frecuente en todo el norte argentino", afirmó Alonso. En las quebradas de Humahuaca, del Toro, de Escoipe y de Cafayate, todos los años ocurren casos de este tipo. En Escoipe, en 1976, desapareció el pueblo de San Fernando, al pie de la Cuesta del Obispo. En enero de 1984, en Purmamarca, el pueblo se salvó por poco, pero la estación de ferrocarril quedó bajo el barro. En 1992, un alud similar ocurrió en Chicoana. En ambos casos se registraron muertes".

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