¿Reír últimos?

Los K adelantaron comicios y mandaron un mensaje: "Si querían pelea, aquí estamos". ¿Preparan la cañonera... o los cañones? Rosa Bertino.
Decididamente, la TV va a extrañar a los Kirchner. Cuando no estén, a Marcelo Bonelli, Gustavo Sylvestre (TN), Mónica Gutiérrez (América TV) y varios movileros les puede dar síndrome de abstinencia. Ningún gobierno democrático los tuvo tan a los saltos.

El viernes, los medios tuvieron otro gran día, luego de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sorprendiera con el adelanto de las elecciones legislativas de octubre al 28 de junio. El Congreso tiene dos semanas para expedirse, pero se descuenta que aprobará el nuevo cronograma. Eso dijo José Pampuro, ex ministro de Defensa y fiel ladero senatorial de los K.

En cuestión de segundos, dichos conductores armaron sendas emisiones especiales con contrarios y leales. El espectador confirmó sus sospechas de que los programas van a la misma hora, pero se graban a horas distintas.

Aun así, dados el tamaño y el tránsito de Capital, Federico Pinedo (PRO), Patricia Bullrich (Coalición Cívica), Juan Carlos Dante Gullo y Edgardo Depetri (Frente para la Victoria), Claudio Lozano (Libres del Sur), Francisco de Narváez y Felipe Solá (peronismo disidente), por nombrar sólo a los conspicuos, se deben haber hecho de goma para ir de “Chiche” Gelblung (canal 26) a lo de Mónica y no dejar de pasar por A dos voces. Una vez más, lo lograron.

Mensajería. El anuncio, realizado en Chubut y en sólida formación con varios gobernadores y con el presidente del Partido Justicialista, esposo de la mandataria e inminente candidato a diputado por Buenos Aires, Néstor Kirchner, logró conmocionar a la oposición.

No se lo esperaban, empezando por Mauricio Macri, quien creyó que se saldría con la suya al desdoblar las elecciones porteñas justamente para que no se superpusieran con las nacionales (las había anticipado para junio).

Sin tiempo de ir a estudios, el jefe de Gobierno porteño fue grabado en su despacho. Tenía la cara color tiza... y no debe haber sido por Boca. Como era de esperar, Macri interpretó la maniobra como un “signo de debilidad”.

Esta opinión fue compartida por varios analistas, aunque con reservas. La endeble convicción de Gullo y Depetri podría abonar esta hipótesis, pero más bien constató que el kirchnerismo tiene una asombrosa falta de comunicadores.

La tarea es por lo general asumida por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, ante el visible corrimiento del jefe de Gabinete, Sergio Massa.

A la “mensajería K” se acaba de sumar el reaparecido Alberto Fernández. Pero ninguno alcanzó a transmitir, con mínimo entusiasmo, la idea de que el matrimonio presidencial se cansó de que le prendan fuego y decidió constatar y nacionalizar el disgusto popular. En el supuesto caso de que sea tan grande como sostiene la oposición.

¿Y ahora? “Con nosotros o sin nosotros”, parece ser la consigna K en esta coyuntura. La fantasía del peronismo huyendo en la cañonera, cual General en 1955, late en muchos sectores que juegan peligrosamente con la idea de la debilidad y la eventual caída del Gobierno, al parecer sin recordar las consecuencias trágicas que cada golpe de Estado causó al país. Varios creen que “esta vez nos los sacamos de encima para siempre”. Son décadas de hegemonía.

Hipólito Solari Yrigoyen (UCR) llamó a construir un “espacio no justicialista” y el (¿ex?, ¿neo?) justicialista Luis Juez asoció el 28 de junio con el derrocamiento del radical Arturo Illia, de cuya caída se cumplirán ese día 43 años.

Sin resignar nada. Sin embargo, conociendo a los Kirchner, es difícil que se resignen a no reír últimos. Además, esta telenovela se estaba haciendo interminable y odiosa, peor que Don Juan y su bella dama.

¿Qué pensará hacer el campo ahora? ¿Podrá superar la abstinencia mediática? El acto en Forja y los cortes de ruta mostraron una sensible declinación en la convocatoria. Como dijo un chacarero, “imposible ir, tengo que levantar la soja y ganarle de mano a la pedrea”.

Por las dudas, vecinos de Nueva Córdoba están listos para defender la que crece a punto de cosecha en el Museo Caraffa. No vaya a ser que la agarren de rehén.

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