El reino de las medidas de apuro

Por: Ricardo Roa

El país que iba a pagarle cash toda la deuda al Club de París y estaba dispuesto a negociar por fin con los satanizados bonistas acaba de recibir un golpazo en Nueva York: el juez Griessa confirmó el embargo de los bonos de las AFJP que el Gobierno pretendía acreditar en su cuenta.

Es, entre tantos otros, un efecto de la imprevisibilidad kirchnerista. La de una gestión habituada a medidas de apuro como la estatización previsional. Que mira sólo el objeto y el rédito inmediatos: lo que está detrás y sus costos no entran en el campo visual.

Y esto que pasa con las AFJP no es diferente al blanqueo y el jubileo impositivo que los diputados K aprobaron en la madrugada del jueves. Un paquete que ataron con escándalo: la votación fue denunciada como irregular y va camino a la Justicia.

De paso se cargaron el eslógan "por un nueva cultura tributaria", que trabajosa y tenazmente levantó estos años la AFIP. Un escándalo en sí mismo, salvo que la nueva cultura tributaria sean el blanqueo y la moratoria. Y no la antievasión.

Con el arreglo con el Club de París y los bonistas, el Gobierno proclamó los beneficios de volver al mundo. Pero, de una, saltó al carril opuesto cuando estatizó las AFJP. Así es muy difícil convencer a nadie, ni siquiera a un juez contemporizador como Griessa.

"Ahora es posible proyectar con previsibilidad a mediano y largo plazo", se autoelogió el Gobierno en los fundamentos del paquete impositivo. Parece una humorada: un blanqueo y una moratoria no ayudan a la previsibilidad sino todo lo contrario. Porque rompen las reglas de juego. Y sellan la idea de que puede haber un quiebre igual en cualquier momento.

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