El reino del insulto y la grosería

Por: Ricardo Roa

El sonido y la furia de Maradona no son una novedad en la Argentina de los tiempos que corren. La intolerancia colérica, la fanfarronería, la costumbre regresiva de culpar siempre a los demás y de ver conspiraciones en todas partes lo ponen en el mismo plano de aquellos que confunden la política con una guerra.Maradona es la contracara de Marcelo Bielsa. Basta con ver las dos conferencias de prensa. La dedicación al trabajo y la planificación no garantizan el éxito, así sean imprescindibles. Lo que aseguran siempre es el respeto. Y Bielsa es visto hoy como un ejemplo y respetado por todos en Chile.

Aún obsceno, lo de Maradona pudo haber sido un exabrupto. Parecido al corte de mangas de un jugador a la tribuna que lo hostigó. Pero después de 24 horas no hubo reflexión ni pedido de disculpas sino todo lo contrario. Grondona, el jefe formal de Maradona, lo apoyó volviendo a desacreditar al periodismo: "Muchos vivieron de Maradona", justificó (La gente critica a Maradona, pero Grondona justifica al DT). Justo él, que nunca lo quiso y lo designó para que cargase con responsabilidades y culpas y no por sus credenciales como técnico. Así Grondona pretendió sacarse un peso de encima.

A menos que se crea que la complacencia es la sustancia del periodismo, nadie puede ofenderse si se critica a un equipo y a su DT. Maradona está al frente de la Selección. Y mal que le pese, está obligado a aceptar el escrutinio de la prensa. Maradona dice lo que le viene a la boca. Eso, que algunos le elogian hasta la fascinación, pasa de largo la raya cuando se convierte en un insulto. Mucho más porque en su modelo mental sólo hay amigos o enemigos. Los que lo complacen y quienes lo critican. Cualquier semejanza con los usos y costumbres de la política oficial no es pura coincidencia.

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