El reino de la diplomacia

Saldo de la reunión Presidenta-Gobernador: el que ambos querían, un trato cordial sin sustancia.
La Casa Rosada y el Gobierno cordobés no están ni más lejos ni más cerca que antes de la reunión de Cristina Fernández y Juan Schiaretti.

Un mar de recelos seguirá separando a ambas administraciones.

Esa desconfianza y las diferencias que fueron largamente usadas por las partes durante la última campaña electoral no enredaron el encuentro de anoche.

Permanecieron ocultas en las formas educadas que los dirigentes suelen copiar de las cortesías de la diplomacia.

Dicho más corto: se trataron bien, pero no acordaron nada ni acercaron posiciones.

Cristina Fernández, dicen sus funcionarios, ejecuta el manual del derrotado y cumple con la formalidad de llevar adelante un simulacro de diálogo.

"No estamos dispuestos a cambiar demasiado; sí a escuchar y a conocer la agenda que nos trae cada uno", explicó durante la tarde un funcionario con años de oficina en la Casa Rosada.

Dicho al revés: sólo el retroceso en las urnas del 28 de junio hizo que la Presidenta abriera su despacho a una ronda con todos los gobernadores.

En más de un año y medio, Schiaretti entró anoche recién por segunda vez al despacho presidencial. El año pasado, en medio de la huelga del campo, el gobernador de Córdoba había llevado sin ninguna suerte algunas ideas para terminar con el conflicto.

Por lo demás, la dramática agenda de los gobernadores, en su mayoría endeudados y la vez apretados por la recesión de las economías del interior, no figura en el temario más caliente del kirchnerismo.

El fútbol y el choque con los medios de comunicación, en cambio, sí están presentes apenas la conversación con un kirchnerista se encamina hacia los temas que más los entusiasman.

Schiaretti se sumó el ritual del diálogo post-derrota electoral con las prevenciones de quien decidió hace cinco meses que ya no volvería a atar su suerte política al Gobierno nacional.

El sábado había puesto por escrito que su reunión con Cristina sería una oportunidad para repasar los reclamos cordobeses, a la vez que alertaba a los desprevenidos que si algo no tenía previsto era salir de la Casa de Gobierno anunciando una reconciliación.

A ese libreto se ajustó Schiaretti cuando cerca de la medianoche ofreció su versión del encuentro.

Reclamó por el atraso de los pagos nacionales para refinanciar deuda y tapar el déficit de la caja. Cristina le prometió ponerse al día.

Pidió un plan general para alargar y desindexar el endeudamiento de todas las provincias con la Nación. Cristina Fernández se limitó a tomar nota.

Poco pero amable. Las formas esta vez parecen no colaborar con el fondo.

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