Ya reina.

Messi volvió a ratificar por qué es el mejor. Sólo le falta la corona que hoy entrega la FIFA al World Player.
En Argentina, en España, en Kirguistán o en el Reino de Navarra, Lionel Messi ya reina.

Al rey sólo le falta la corona, que se podría calzar hoy si es que la FIFA le entrega el World Player 08. Porque, después, tiene todo para serlo. Méritos ya hizo y sigue haciendo (ayer los volvió a demostrar) para que el mundo del fútbol se siga preguntando quién será el mejor, no habitual a tan poco tiempo de conocerse el elegido por los capitanes y técnicos de todas las selecciones. Porque, aunque no era oficial, el resultado se sabía con anterioridad: por ejemplo, Kaká en el 2007 y Canavarro el año anterior. Cristiano Ronaldo es el gran candidato, debido a que él viene de ganar Premier, Champions League y Mundial de Clubes; y Messi, en cambio, sólo consiguió la dorada en los Juegos Olímpicos. Si bien Leo arrasa en la encuesta de la página de la FIFA (el Rey 49% y Ronaldo 33%), esta versión online no tiene influencia sobre la votación que se realizó entre noviembre y diciembre. Por eso, las recientes maravillas del argentino, los goles salvadores y que el pueblo futbolero lo pida, seguramente se queden sin su merecido premio de ser el mejor del mundo.

Pero, qué va... Con o sin corona, Messi es el Rey aunque la FIFA no lo diga. Regala fútbol, derrocha gambetas, da placer verlo a él... Cuando él juega, Barcelona se enciende. Y si él se apaga, el equipo también, como quedó en evidencia ayer contra Osasuna, el último.

Leo, a los 10 minutos, ya se había mandado una jugada maradoniana: pura velocidad, cabeza arriba, una gambeta hacia adentro, un rival en el camino; otra hacia afuera, otro rival titilando, y cuando definió con un toque cruzado ante la salida de Roberto, la pelota pegó en el palo y se paseó por todo el arco sin querer entrar. Después, tras una hermosa pared con Xavi (le devolvió la bocha de taco), Messi, cayéndose, no pudo ser efectivo en la definición. Y la apertura del marcador iba a llegar vía Eto'o, pero con la iniciativa de la jugada hecha por el argentino: recibió en la mitad, se dio vuelta, metió quinta, varias camisetas rojas le tomaron la patente, y lo habilitó a su compinche para que también hiciera de las suyas... El era (o ya es, como casi siempre que juega) el eje del peligro de Barcelona. El partido se complicó en la segunda parte, porque Messi tocó poco la bola, casi nada. Sólo tuvo un rebote al que le pegó fuerte, y que le sacó el arquero. Se había guardado lo mejor para el final, claro. El desahogo. La victoria. Cuando lo necesitaron, ahí estuvo el ídolo, como los superhéroes de los comics. Un fuerte tiro cruzado desde afuera del área sentenció el triunfo del Barsa. Otra genialidad de Messi, quien ya reina. Aunque el pueblo lo elija y la FIFA no quiera.

Comentá la nota