Reina el malestar entre legisladores oficialistas

Reina el malestar entre legisladores oficialistas
Referentes del alperovichismo no ocultaron su disgusto por el manejo que dio el vicegobernador a la discusión por el aumento salarial. Algunos se animan a cotejar públicamente sus ingresos con los de un ministro del gabinete; otros, prefieren adherirse a la decisión oficial.
Fue una mañana de caras largas y de ceños fruncidos en la Legislatura. La decisión del vicegobernador, Juan Manzur, de dar marcha atrás con el aumento de un 50% en las dietas legislativas irritó a opositores y a oficialistas por igual. A los primeros, porque sostienen que el incremento era justo y, a los segundos, porque se sintieron usados políticamente.

Muchos legisladores, incluso, tomaron conocimiento de que sus haberes de febrero llegarán con una rebaja de $ 2.500 por intermedio de LA GACETA. Precisamente, la metodología utilizada por el presidente de la Cámara para anunciar el ajuste fue la comidilla en las charlas informales entre parlamentarios. Algunos referentes del bloque Tucumán Crece no ocultaron su malestar: la suba en las dietas (de $ 5.000 a $ 7.500) fue dispuesta en noviembre por el propio Manzur, en acuerdo con los legisladores. La intención final, que quedó trunca, era equiparar el salario de los 49 representantes con el de un ministro. Es decir, llevarlo a $ 9.000.

No obstante el enojo, la mayoría de los legisladores oficialistas consultados manifestó su adhesión a la repentina medida del vicegobernador, aunque dejaron en claro su molestia por cobrar una remuneración, a su entender, baja. “Desde hace tiempo digo que no podemos ganar menos que un ministro. No soy partidaria del asistencialismo, pero lo debemos hacer. Insisto, no quiero un aumento para mi enriquecimiento, sino para asistir a la gente que me votó. Me eligió el pueblo y necesito recursos; debo hacer ‘territorio’ (sic), no sólo hacer leyes. Siempre somos golpeados por ser la cara visible, pero al esfuerzo lo debemos hacer todos”, se quejó Marta Zurita (PJ).

Sus compañeros de bloque Carlos Isa Assán y Manuel Fernández, en tanto, prefirieron expresar su adhesión a la decisión de Manzur. “Creo que, frente a la crisis, todos tenemos que poner un granito de arena”, dijo Assán. Luego, recalcó que el sueldo de un legislador es menor de $ 5.000. “Ese es el bruto, mi salario líquido no llega a $ 3.900”, añadió. Fernández, por su parte, calificó de oportuna la decisión del vicegobernador. “Tiene facultades para subir o bajar la dieta. Comparto su idea porque se está negociando para el sector público un aumento de sueldo. Con el tiempo veremos cómo solucionamos, pero me parece perfecto que se haya dado marcha atrás; es una muestra clara ante la sociedad”, aseveró.

La requisitoria de LA GACETA no tuvo el mismo eco en otros referentes alperovichistas. “Es un tema del que preferiría abstenerme de hacer declaraciones”, se excusó José Alberto Cúneo Vergés. El vicepresidente primero de la Cámara, Regino Amado, escuchó la pregunta del diario, pero repentinamente la comunicación se cortó. El teléfono celular, luego, permaneció cerrado.

El más débil

Aliado del Gobierno, aunque cada vez más distanciado por su acercamiento al cobismo, Jorge Mendía habló de flaquezas del Poder Legislativo. “Creo que la dieta debería ser acorde a los sueldos de los funcionarios de los otros poderes. ¿Cuánto cobra un camarista?, ¿cuánto cobra el gobernador o un ministro? Hay que entender que el presidente del Poder Legislativo no pertenece a este poder, sino que cobra un sueldo en el Ejecutivo. Ahora no podemos hablar de sueldos de políticos porque estamos hablando de equiparar los sueldos para el pueblo. Será para cuando haya buenos tiempos o para cuando alguien se siente a pensar cuánto debe ser la dieta de un legislador. De los poderes democráticos, el más débil siempre ha sido el Poder Legislativo”, reflexionó.

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