Un regreso a tierra bonaerense

Un regreso a tierra bonaerense
El dirigente del Movimiento Evita se sumó al gobierno de Scioli tras su paso como funcionario de Solá en la provincia. Buscará instrumentar políticas de inclusión social en los sectores pobres y marginados.
El Salón Dorado de la gobernación bonaerense mostraba banderas violetas, pecheras con la sigla de un movimiento de desocupados, invitados de todas las edades, elegantes trajes de funcionarios, ropa deportiva de segundas (o desconocidas) marcas. Entre tanta diversidad se repetía un gesto común: las manos levantadas con los dedos en V. El paisaje que se vio ayer al mediodía en La Plata encarnó –al menos para parte del kirchnerismo– un retorno a los mejores tiempos: los de la integración de los movimientos sociales al Estado, como herramienta para intentar fortalecer la organización popular e impulsar la distribución del ingreso. La ocasión que hizo pensar en ese retorno –del que habrá que ver si se consuma en los hechos– fue la jura del sociólogo y dirigente del Movimiento Evita Edgardo Binstock como subsecretario de Políticas Territoriales de Buenos Aires.

Ex subsecretario de Derechos Humanos de Felipe Solá, Binstock tendrá como función implementar políticas de inclusión social en los sectores pobres y marginados de la provincia, o sea millones de bonaerenses. Según relataron a Página/12 varios de sus colaboradores, una de sus funciones será poner en marcha emprendimientos para el sector informal de la economía, que incluye a cooperativas, miniempresas y organizaciones sociales. Su objetivo será garantizar el impacto de la política en el territorio. “Es una emoción y una gran responsabilidad volver a la gestión de la provincia de Buenos Aires. Este es un momento difícil de nuestra patria y por eso es el Estado el que asume un rol fundamental”, dijo Binstock en sus primeras palabras como funcionario.

Aparte de Scioli, desde el palco lo observaban el vicegobernador Alberto Balestrini; el director general de Cultura y Educación, Mario Oporto; la ministra de Producción, Cristina Alvarez Rodríguez, y el jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez, en los hechos el jefe de Binstock. Bajo el escenario y en las primeras filas estaban el dirigente Emilio Pérsico, los diputados provinciales Fernando “Chino” Navarro y Sandra Cruz, el representante de la Cancillería para la sociedad civil, Oscar Laborde, el funcionario de la intendencia de La Plata Santiago Martorelli. La designación fue seguida con entusiasmo por los miembros del Movimiento Evita, y festejada también por integrantes de otros espacios afines. El desembarco de Binstock fue interpretado como un gesto de compromiso de Scioli con los movimientos sociales.

Por su origen y trayectoria política, el ex motonauta no era visto como un dirigente afín a esos grupos. Su presencia en la jura de Binstock también fue leída como un guiño: no es común que el propio gobernador encabece ese tipo de actos cuando se trata de un funcionario con rango de subsecretario. Scioli incluso elogió a su flamante funcionario con palabras cuidadas. Antes se había informado de la trayectoria y la historia personal del nombrado. “Es un honor sumar a una persona que supo transformar el dolor en amor, alguien que sabemos que aportará pasión y compromiso”, lo ensalzó.

Como muchos hombres y mujeres de su generación, Binstock carga con una historia personal de militancia y tragedia. Su primera esposa, Mónica Pinus, fue secuestrada y desaparecida en territorio brasileño por un comando del ejército. Su desaparición es otra prueba de la coordinación represiva tejida en el Plan Cóndor. Binstock también perdió a un hermano, Guillermo, que fue secuestrado por un operativo de los grupos de tareas de la dictadura. La madre de Binstock, Mina Feuer, ya fallecida, fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Mina conoció a Azucena Villaflor en las primeras rondas y se salvó de ser secuestrada por la Armada en la Iglesia de la Santa Cruz.

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