El regreso de los muertos vivos

"El que depositó dólares recibirá dólares, el que depositó pesos recibirá pesos", prometió Eduardo Duhalde una vez que se hizo cargo de la presidencia interina en 2002 pero la devaluación que impulsó de la mano de Remes Lenicov -titular del Palacio de Hacienda- fue tan desventajosa para el común de los argentinos y tan beneficiosa en favor del sistema bancario y de los poderosos que el compromiso de la devolución de depósitos en dólares y pesos se hizo trizas.
Duhalde volvió al ruedo. A su característico andar tramando la desestabilización de un gobierno en las sombras, no puede con su genio. Aún a trasmano de todo lo bueno que dijo sobre Néstor Kirchner cuando decidió bendecirlo como candidato presidencial 2003 para dar la pelea contra Carlos Saúl Menem, con el que había integrado la fórmula de 1989.

El último 28 de diciembre llegó una información desde Catamarca que sonó a una broma del día de los inocentes: el ex diputado nacional, Luis Barrionuevo, lanzó el comando "Duhalde 2011", con miras a la interna justicialista para las elecciones presidenciales que determinará quién será el sucesor de Cristina Fernández de Kirchner.

Así, se da una suerte de regreso de los muertos vivos en contraposición a aquellos dichos del ex mandatario interino 2002-mayo 2003 de que había que dejar espacio a nuevos dirigentes que vinieran a renovar la alicaída política argentina.

Su fórmula de pensamiento único lo lleva inevitablemente a cometer filicidios. Primero, desde Lomas de Zamora, abrió las puertas del distrito bonaerense al ex mandatario riojano para aquel proceso electoral del ’89, después se abrazó a la esperanza K. Barrió a Menem y ahora pretende barrer a Kirchner sin darse cuenta de que tal vez junto a la apocalíptica Elisa Carrió terminen por allanar el camino para la continuidad de la actual gestión presidencial K.

Porque ambos espantan a la gente, es más, Duhalde no volvió a ganar en su distrito (Lomas de Zamora) tras la derrota a manos de la UCR y el FREPASO de 1999, y "Lilita" está cada vez más "chapita" y ostentosa hoy en Punta del Este, bien lejos de la sociedad argentina.

El caudillo lomense prometió una y mil veces irse de la política definitivamente pero nunca terminó de hacerlo y creó el Movimiento Productivo Nacional, con sede en la porteña calle Hipólito Yrigoyen al 1600, que le sirvió para dar una señal de presencia aunque los protagonistas en el MPA que dieran vida a seminarios, conferencias y evaluación del estado de cosas en el país fueran otras caras. Siempre se las ingenia para poner piedras en el zapato de sus rivales.

Si lo sabrá Fernando de la Rúa, que, cuando sale a hablar en defensa de su gestión, se entierra cada vez más, pero no miente cuando culpa a Duhalde de haber contribuido a la desestabilización en los últimos meses del 2001 y de promover los saqueos que dinamitaron los días aciagos del presidente radical que nunca debió haber accedido a ese máximo cargo, pero los multimedios todo lo han podido hasta 2009 en que perdieron casi todo lo que acumularon en 26 años de ley de medios de la dictadura. Pudieron hasta instalar la imagen de De la Rúa presidente para sufrimiento de una vasta porción de afiliados radicales que sabían de qué personaje se trataba.

Esa desconfianza y oscuros presagios fronteras adentro de la UCR terminaron por confirmarse cuando el ex mandatario radical convocó a Domingo Cavallo al desgobierno del 2001; y así como los medios fabricaron al "Chupete" candidato a primer mandatario, ahora, tras el traspié con la ley de medios, van desesperados tras los pasos de Duhalde o Julio Cobos para la etapa electoral que asoma.

Eduardo Duhalde, finalmente, no se fue por aquellas promesas incumplidas con los ahorristas a los que el establishment -junto con la complicidad de los multimedios- les robaron como mínimo la mitad de sus depósitos. Se fue por el asesinato de Maximiliano Kosteki, miembro del Movimiento de Trabajadores Desocupados de la localidad de Guernica, que ahora lleva su nombre; y Darío Santillán, integrante del MTD "Anibal Verón" de Lanús (hoy Frente Popular Darío Santillán).

Y después de mentir otra vez, porque tras el fatal desenlace de aquel 26 de junio del 2002 en el Puente Pueyrredón salió a defender el accionar policial de la misma manera que lo hicieron los diarios Clarín y La Nación y los noticieros televisivos. Increíblemente, el "gran diario argentino" tituló: "La crisis causó 2 nuevas muertes", y la volanta rezó que "no se sabe aún quienes dispararon contra los piqueteros", cuando un par de horas después de los incidentes circularon por todas las redacciones las fotos que daban cuenta de los asesinatos de Santillán y Kosteki a manos de la Policía Bonaerense.

Sólo Página 12 reflejó todo tal cual había sucedido y publicó las fotos que permitieron identificar al comisario Alfredo Franchiotti en pleno cumplimiento de la orden de reprimir que les habían dado los gobiernos de Duhalde y Felipe Solá. Después, tras llevar a los asesinados al Hospital Finochietto, el oficial por el que el ex presidente interino puso las manos en el fuego se dio el gusto de difundir su versión de lo sucedido: "Actuamos porque esa gente iba dispuesta a combatir", dijo a las cámaras televisivas. "Nos dimos cuenta por sus cánticos".

Después de 48 horas, los multimedios tuvieron que comenzar a decir y publicar la verdad. Finalmente Franchiotti terminó preso junto a su par Alejandro Acosta (perpetua para ambos), y el entonces jefe de Estado se vio obligado a adelantar las elecciones presidenciales para irse por la ventana, más allá de que cuando hizo entrega del mando presidencial a Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003 a alguien desde la bandeja de la Cámara Baja se le escapó un contundente "te vas como un campeón, cabezón".

El caudillo del peronismo bonaerense ya había tropezado con la misma piedra cuando, en tiempos en que fue gobernador bonaerense, definió a la Bonaerense como la "mejor policía del mundo" en aquella etapa en la cual la fuerza de seguridad estatal más poderosa de la Argentina estaba a cargo de Pedro Klodczyk, que se fue de ese cargo también por la puerta de atrás tras reconocer que no supo controlar a hombres como Omar Ribelli, implicado en la causa por el atentado a la AMIA del 18 de julio de 1994.

No fue todo. El jefe de la "mejor policía del mundo" se fue asumiendo su incapacidad para combatir la corrupción en las filas policiales y "en reserva ante los legisladores, Klodczyk reconoció que la fuerza bajo su mando era un descontrol y admitió que las brigadas policiales manejaban cajas negras destinadas a recaudar dinero ilegalmente" (diario La Nación, viernes 21 de noviembre de 1997).

En el ’95 la pelea de mafias menemistas y duhaldistas arrojaron como saldo el asesinato del fotógrafo de la Revista Noticias, José Luis Cabezas, cuando el ministro de Seguridad era Eduardo Néstor Lázzari.

Eduardo Duhalde quiso irse de la política cuando el periodista de Página 12, Hernán López Echagüe, escribió "El otro", donde se ventilan todos los pormenores de la intimidad del ex gobernador y ex presidente interino en el poder, cómo lo amasó y lo mantuvo más lo peor de las prácticas de la política vernácula. No sólo no se fue sino que, junto a una parte del alfonsinismo bonaerense, encabezó el proceso desestabilizador de la gestión presidencial de Fernando de la Rúa.

En diciembre del 2001 la gente salió a las calles a gritar "que se vayan todos, que no quede ni uno solo". No se fue nadie. Mucha culpa tuvo y sigue teniendo la sociedad argentina que volvió a las urnas en el 2003 y votó para que se atrincheraran en el Congreso Nacional todos. Todos, sin excepción, hasta Luis Saadi tras el proceso judicial por la muerte de María Soledad Morales en Catamarca.

Resuena la voz agrietada y solemne de Aníbal Pichuco Troilo: "Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo?... ¿Cuándo?... si siempre estoy llegando. Eduardo Duhalde nunca se fue pero esta vez anunció un regreso de la mano de lo peor de la política, de dirigentes supuestamente echados por la ciudadanía en 2001 o que llegaron a reconocer, como hizo Luis Barrionuevo, que para que el país crezca la dirigencia política tiene que dejar de robar por dos años.

Tal vez, Eduardo Duhalde haya decidido presentarse en las elecciones presidenciales para hacer posible aquella frase suya que reza que "los argentinos estamos condenados al éxito". También es posible que para tal objetivo haya pensado en Ramón Puerta, Miguel Ángel Toma y en un político tan democrático como Barrionuevo, que, cuando una vez perdió, mandó a sus seguidores a quemar las urnas en Catamarca.

Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio. La UCR tiene la gran posibilidad de llegar bien a los comicios del 2011 sólo si logra sortear el engaño Duhalde-Carrió y para que no se cumpla esa sensación que existe en la política nacional de que el principal reaseguro para la continuidad de los Kirchner son los dirigentes de la oposición, cada paso que dan, cada vez que hablan y cuando ventilan las intenciones de alianza para el asalto al poder.

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