El regreso a la estrategia favorita

Por Jorge Oviedo

El Gobierno, que en los últimos 60 días estuvo tratando de congraciarse con los mercados para conseguir financiamiento fresco, ayer cambió por completo de estrategia. La señal parece ser clara: el financiamiento para el Estado y para el sector privado provendrá del ahorro interno. Los Kirchner imaginan que, como a ellos les gusta, difícilmente puedan imponerles condiciones los prestamistas, que no serán otros que quienes depositan dinero en la banca local.

La elección de Mercedes Marcó del Pont como presidenta del Banco Central apunta en ese sentido. También el impulso a su proyecto de cambios en la Carta Orgánica de la entidad, que había sido postergado, al igual que la reforma de la ley de entidades financieras de Carlos Heller, para no inquietar a los mercados externos, a los que se quería acudir por dinero. El que alienta el plan de volver a los mercados es el ministro Amado Boudou. ¿Eclipsará su estrella la llegada al Central de una desarrollista heterodoxa con línea directa con Cristina Kirchner?

Boudou consiguió ascender en el Gobierno cuando en 2008 ante estrecheces financieras convenció a los Kirchner de ir por la confiscación de los ahorros acumulados en las AFJP y la reestatización del total del sistema previsional.

Hasta que se decidió esa estrategia, el matrimonio presidencial avanzaba en un arreglo con los holdouts y otro con el Club de París. El objetivo era conseguir financiamiento fresco. ¿Por qué otra razón podrían si no querer los Kirchner volver a pagar pasivos por los que no estaban pagando suma alguna?

En ese momento, la agudización de la crisis internacional por la caída de Lehman Brothers hizo menos atractivo el acuerdo. Aunque la Argentina volviera a pagar, no conseguiría nuevo financiamiento. De modo que la estrategia se orientó a capturar el sistema de capitalización.

Pero en 2009 volvieron las necesidades financieras y por primera vez los Kirchner tuvieron déficit fiscal.

Otra vez el primer intento fue volver a los mercados, con tasas internacionales bajas y liquidez abundante. Pero para ello hay que salir de la cesación de pagos.

Para reemplazar a Redrado se pensó entonces en alguien confiable para los mercados, como Mario Blejer. Pero paradójicamente el colosal enredo que montó el Gobierno terminó por hacer imposible cualquier salida que mantuviera el objetivo inicial de la iniciativa.

Parecería que ahora se apostará por reglas más laxas en materia de regulaciones crediticias y de redescuentos tanto para asistir al sector privado como para financiar al sector público nacional, provincial y municipal.

Si como dijo la Presidenta la idea es buscar coordinación macroeconómica como en otros países para que el Central se maneje con objetivos más amplios, el obstáculo no es quién ocupe la presidencia de la entidad monetaria. El obstáculo es el Gobierno. ¿Cómo se coordinan políticas con Guillermo Moreno? ¿Podrá hacerlo Marcó del Pont? ¿Se presentará Moreno para exigir que le presten el Salón Bosch -el más importante del BCRA- para convocar a banqueros y exigirles con modales de arrabal que refinancien generosamente a alguna empresa amiga? No sería la primera vez.

¿Podrá resistir si el secretario de Comercio Interior exige líneas de crédito subsidiadas por el Central para favorecer a las empresas que acatan ciegamente los acuerdos de precios? Si lo logra será porque Marcó del Pont tendrá el poder que no tuvieron Miguel Peirano, Felisa Miceli, Martín Lousteau, Alberto Fernández y que parece haber renunciado a tener Débora Giorgi. Además, ¿puede hacerse política monetaria con metas de inflación o de empleo si el Indec falsifica las estadísticas?

Marcó del Pont todavía deberá pasar el filtro del Senado, pero habrá que ver si la oposición puede impedir su confirmación en el cargo.

La verdad es que sólo una catástrofe en los mercados o un embargo internacional de proporciones podrían llevar a los Kirchner a reconsiderar su estrategia.

Las dudas flotan también sobre el canje. Un financista reconoció que los bancos interesados ya habían juntado una buena cantidad de bonistas y que los obstáculos eran el empecinamiento de Néstor Kirchner en no pagar ni una centésima por encima del 9,99% de tasa y las turbulencias por el peligro de default en Grecia. Resta ver si Néstor Kirchner no perdió la paciencia y abandona otra vez el intento.

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