Reglamentar los feedlot sigue en debate.

Ayer el Concejo Deliberante recibió a representantes de la Cámara Argentina que los nuclea. En su exposición, resaltaron la importancia del movimiento productivo y económico que generan. Y que los efectos negativos sobre la población pueden mitigarse.
En medio de la elaboración de una ordenanza que regule la actividad de los feedlot, el Concejo Deliberante recibió ayer a representantes de la Cámara Argentina de Engordadores de Hacienda Vacuna, quienes brindaron un pormenorizado y extenso detalle de la actividad en el país, fundamentalmente en relación al movimiento productivo y económico que genera la actividad.

Lo llamativo del caso es que si bien es una actividad que produce 1.500.000 cabezas anuales con destino a frigorífico en todo el país, y la mayor parte se centraliza en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, coincidentemente las de mayor producción agropecuaria, en el caso de la provincia de Buenos Aires no tiene un marco regulatorio.

Y en ese sentido lo que más preocupa es el impacto ambiental que genera, ante lo cual se mostraron totalmente abiertos a ser monitoreados y cumplir con todas las exigencias en la materia, aunque a su vez se afirma que los efectos causantes por un feedlot no son lo negativo que se puedan pensar.

Es que aseguran que un establecimiento de ese tipo en condiciones irregulares de sanidad sería también contraproducente para la propia producción, ya que afectaría a los animales y por ende a la calidad de la carne que se produce, y en consecuencia la posible pérdida de mercado.

En nuestra ciudad existen varios establecimientos pero uno solo en cercanías de la población, y es el que genera una repercusión negativa en la comunidad, fundamentalmente cuando los vientos traen los olores hasta el propio centro, lo cual se admite desde el organismo que los nuclea que es el principal factor de rechazo.

De ahí que se habla de la distancia en que debería estar un feedlot de un centro poblado, y la discusión es amplia, ante lo cual lo primero que surge es la de generar medidas para mitigar las consecuencias sobre el impacto que genera un establecimiento de este tipo, a lo que apunta también el proyecto de ordenanza que se elabora y que genera no pocas diferencias entre los concejales.

Pero además sucede que ese establecimiento fue habilitado por el municipio, y ahora podría existir una legislación fijando un marco regulatorio del funcionamiento de los feedlot, que en ese caso puntual bien deberá cumplir con todos los requisitos que se impongan, pero dudosamente un traslado de lugar a una distancia que se fije por ordenanza.

Por lo expuesto, existen casos de proyectos legislativos que intentan fijar distancias mínimas entre un establecimiento de engorde a corral y un centro poblado, pero no han prosperado como para que puedan ser tomados como ejemplo por caso en nuestra ciudad. En ese contexto, un punto que influye es el de los vientos predominantes, y casualmente aquí no son precisamente del sector donde se encuentra instalado este feedlot, sino a la inversa.

Quedó en claro que no es sencillo generar una normativa que contemple los intereses generales, y menos cuando existe como en este caso un establecimiento que con el tiempo fue quedando más cerca de la población y tiene una habilitación oficial. Entonces mitigar sus efectos y que cumpla en ese sentido aparece como lo más probable como salida a este hecho puntual, mientras una legislación a tiempo evitaría la instalación de otro establecimiento similar cerca de la ciudad.

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