El régimen político chino, condicionado por el frente económico

Por Luis Palma Cané. Economista

Para enfrentar la crisis global, China instrumentó medidas ortodoxas, como baja de tasas, política monetaria expansiva y bajas de impuestos. Pero es notoria la desaceleración de la actividad, que en 2009 se calcula en un dígito

Es bien conocido el fenómeno económico chino, el cual se inició hace 30 años a partir de la introducción de reformas de libre mercado; cualquier variable macroeconómica que se tome dará claras muestras de lo anterior. A este respecto, basta mencionar que -durante el período en cuestión- su producto bruto creció a una tasa anual promedio del orden del 10%.

¿Cómo funciona el modelo? En lo esencial: apertura gradual de la economía, mano de obra extremadamente barata, tipo de cambio real subvaluado y fuerte oferta de crédito. Con este esquema, lógicamente, el gran impulso al nivel de actividad se generó a través de las exportaciones y la inversión externa directa. Dadas estas características, se advierte claramente que existe una fuerte dependencia de la economía china respecto de su sector externo: las exportaciones generan el 35% de su producto, mientras que la inversión contribuye con un 40%!

¿Cuál ha sido hasta ahora la reacción de este modelo frente a la actual crisis global? La realidad indica que el tsunami económico y financiero ya ha provocado un impacto negativo; en efecto, luego de un crecimiento anualizado del 11.2% para el cuarto período del 2007, el producto se expandió durante los dos primeros trimestres de este año a tasas del 10.6% y 10.1% respectivamente. Más aún, para el tercer período, se espera un crecimiento no mayor al 9.5%. Sin duda, el proceso de desaceleración se está profundizando.

Ante este escenario, las autoridades chinas han comenzado ha combatir la crisis con la instrumentación de ortodoxas medidas: políticas monetarias de baja de tasas (cinco reducciones desde septiembre...) y de expansión monetaria (‘relajamiento cuantitativo’), políticas fiscales de impulso económico (baja de impuestos, fuerte aumento de la inversión pública) y, finalmente, planes de salvataje para el sistema financiero y otros sectores críticos.

¿Tendrá éxito esta batería de medidas? Todo dependerá de la eficacia de su implementación y de la necesaria coordinación global con el resto de las economías.

Sin embargo, más allá del tema económico, lo que adquiere vital importancia aquí es la cuestión política. Hasta ahora, el llamado ‘modelo dual chino’ (coexistencia de una economía de mercado junto a una férrea dictadura de partido único), ha funcionado bien. Este particular sistema ha sido posible debido a que la ciudadanía china se halla fuertemente despolitizada: su principal preocupación -más allá del régimen político vigente- radica en poder lograr una mejora continúa en sus niveles de vida. A partir de este dato de la realidad, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha basado la legitimidad de la dictadura en una falsa premisa: sin régimen dictatorial, no es posible lograr un crecimiento que aumente en forma sostenida el bienestar de la población.

A este respecto, y reconociendo el impacto negativo de la crisis, recientemente las autoridades han pronosticado que la economía crecerá en 2008 y 2009 a tasas de un solo dígito: 9.5% y 8.5% respectivamente (frente a un 11.9% del 2007) El piso aceptado por el Congreso del Pueblo para este pronóstico es el 8%; nivel mínimo de expansión fijado por el partido para absorber el crecimiento anual del mercado laboral. ¿Que pasaría si la economía se desacelerara más fuerte que lo previsto? En ese caso, sería altamente probable que el aumento del desempleo provocara el despertar de esta ciudadanía apagada, la cual vería caerse el mito de la vigencia de la dictadura como condición necesaria para el crecimiento económico. En este escenario, los disturbios sociales se multiplicarían y el régimen tendría que llevar la represión a niveles insostenibles. Si este fuera el caso, no debiera descartarse el comienzo de una ‘flexibilización’ política, camino que -como lo indica la historia-una vez que se inicia no tiene retorno.

De ahí la enorme preocupación de las autoridades: su interés en evitar un agravamiento de la actual desaceleración, es fruto más del temor a perder sus privilegios de partido único, que a tratar de evitar un deterioro en la calidad de vida de sus ciudadanos.

¿Qué sucederá, entonces, con la viabilidad del modelo dual chino? En principio es claro que su evolución dependerá del grado de desaceleración del nivel de actividad; esto es: cuanto más se ubique la tasa de crecimiento por debajo del piso de referencia del 8.0%, mayor será el descontento social y mayor, también, la posibilidad de que se fuerce una apertura política. Por ello es lógico que, actualmente, el objetivo prioritario para el PCCh sea el de evitar una brusca desaceleración; no debiendo descartarse, a este respecto, que las políticas de reactivación mencionadas anteriormente se llevaran a magnitudes extremas: fortísimo incremento del gasto público y de las reducciones de impuestos, rápida expansión monetaria y tasas de interés en niveles cercanos al 0% (hoy en 2.25%).

En síntesis: ante la crisis global, la viabilidad del modelo dual chino -al menos en el mediano plazo- se halla fuertemente condicionado por la perfomance de las variables macroeconómicas.

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