Un refugio para la cocaína

Según Naciones Unidas, al menos cincuenta toneladas de cocaína llegan desde Sudamérica hasta esas costas de Africa cada año en su ruta hacia Europa. La mitad de este volumen, estima la ONU, tiene a Guinea Bissau como plataforma.
Antes del amanecer, grupos de pescadores ya están arriba de sus botes recorriendo el laberíntico conjunto de pequeñas islas que dominan la costa de Guinea Bissau. Quizá la suerte los favorezca esa mañana y encuentren flotando algún paquete lleno de cocaína entre los juncos. Ese es el sueño americano en este pequeño país africano. “Este país es el depósito de la droga sudamericana en la región. Guinea Bissau está repleta hasta el techo de cocaína”, afirma Brian Taylor, jefe de la misión para Africa Occidental de la agencia de la ONU contra las Drogas y el Crimen (Unodc), en un informe publicado en el sitio web de la agencia.

Según la ONU, esta región y este país en particular se están convirtiendo en el nuevo epicentro del tráfico de drogas sudamericanas hacia Europa. El motivo sería un aumento importante en el consumo de cocaína en el Viejo Continente, combinado con la ubicación geográfica estratégica de esta región, señala la agencia en su informe titulado “Tráfico de cocaína en Africa occidental: una amenaza a la estabilidad y el desarrollo; el caso de Guinea Bissau”. De ahí que, todos los días, aeroplanos cargados con cientos de kilos de polvo blanco y pequeños veleros llegan a estas costas donde, si bien la vigilancia es prácticamente nula, a veces hay que apurarse y algo de mercancía queda flotando por ahí. Puesto que Guinea Bissau es una ex colonia portuguesa, sus habitantes no necesitan visa alguna para entrar a ese país. El puente está hecho.

La situación en Guinea Bissau saltó a la luz la semana pasada tras el asesinato en la madrugada del lunes del presidente João Bernardo Vieira, alias “Nino”, a manos de los militares. El escuadrón que lo acribilló lo hizo en venganza por la muerte el día anterior del jefe del ejército, general Tagmé Na Waié. El presidente y el militar supieron ser compañeros de armas en la lucha por la independencia contra los portugueses, pero desde entonces se habían convertido en rivales irreconciliables en la batalla por el poder. De acuerdo con José Zamora Induta, portavoz del ejército, la estabilidad está asegurada, ya que el miércoles de esa misma semana Raimundo Pereira, jefe del Parlamento, juró como presidente interino, según indica la Constitución. Pereira tiene el mandato de convocar a elecciones en 60 días.

Los números ayudan a tener una idea más clara acerca de la importancia de la droga en este país. Según la Unodc, al menos 50 toneladas de cocaína llegan de Sudamérica hasta estas costas de Africa cada año en su ruta hacia Europa. La mitad de este volumen, estima la agencia, tiene a Guinea Bissau como plataforma. Esas 50 toneladas se transformarán en las calles de Madrid o París en casi 2 mil millones de dólares. De acuerdo al FMI, el presupuesto de Guinea Bissau para el 2007 fue de 125 millones de dólares, y el salario anual de un militar es de 300 dólares. El es el encargado de entregar los paquetes que encuentre la Justicia. En el 2007, la ONU incautó 6458 kilos de cocaína; a fines del 2008, en el único operativo exitoso que se realizó, se secuestró más de una tonelada. “Y esto es menos que la punta del iceberg”, advierte Taylor.

En Guinea Bissau no parece haber soluciones fáciles para cambiar las cosas. Antonio Maria Costa, director ejecutivo de la Unodc, sostuvo ante el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre de 2008 que esta pequeña nación africana de un millón y medio de habitantes perdió por completo el control de su territorio y que el sistema de Justicia casi no existe. Y que si existe, está corrompido por los narcos. Narcos que, según un policía, son actores importantes en la economía local. “Las drogas no vienen de Guinea Bissau y nosotros no las consumimos, sin embargo nos dicen que tenemos que patrullar nuestras islas deshabitadas y nosotros ni logramos patrullar los lugares donde vive nuestra gente”, se quejó el sargento Antonio Gomes en una entrevista con un periódico del vecino Senegal. “¿Cómo pueden esperar que los policías, que no están recibiendo sueldo, entreguen bolsas de droga sin recibir nada a cambio?, ¿cómo pueden esperar que los civiles entreguen información si no les podemos ofrecer incentivos mientras que los narcos sí?”, razonó.

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