La reforma política pendiente y el riesgo de la democracia del escrache

Por: María Seoane

Hay 691 partidos pero sólo dos tienen representación en todo el país. En el Congreso, esperan el debate 94 proyectos de reforma.

La pelea por la modificación de las boletas electorales, que motorizó la oposición al Gobierno, es sólo la punta del iceberg de otras batallas por la reforma completa del sistema político. En esas lides están, entre otros temas, la eliminación de las listas sábanas, si el voto debe ser electrónico o manual, el financiamiento de los partidos, los requisitos para ser candidatos o la sempiterna y demorada reglamentación para las iniciativas populares. Todos estos temas, fuera de la agenda y cruzados en general por la pelea electoral, reflejan la deuda institucional de nuestra democracia. Estas idas y vueltas se asientan sobre el raquitismo del sistema de partidos. A diciembre de 2008, había 691 partidos políticos en la Argentina: 650 distritales y 41 partidos nacionales. Pero sólo 192 partidos distritales y siete partidos nacionales lograban cumplir con los requisitos establecidos por la ley electoral. A nivel nacional, se trata del PJ, la UCR, el Frente Grande, el Partido Socialista, Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), Recrear y ARI. Sólo el PJ y la UCR mantienen representación en los 24 distritos con más del mínimo de 4 por mil de afiliados, lo que implica aún hoy, si se aceptan los padrones existentes, que ambos son los partidos nacionales por excelencia si se admite como válida su existencia territorial y no se entra en cuestiones internas. Pero hay una pérdida de afiliaciones notable. Es decir una crisis persistente.

Esos datos surgen de un informe de la Cámara Nacional Electoral sobre "Partidos políticos: afiliados y representatividad". Hubo ya dos trabajos previos de la Cámara Electoral que Clarín analizó. "Afiliados a partidos políticos" y "Datos sobre el sistema de partidos". Allí se revelaba que no sólo había en el país más de 650 partidos distritales, sino que el 90 por ciento de los entonces 42 partidos nacionales estaba asentado en la Ciudad de Buenos Aires: o sea, existía fragmentación e hiperconcentración al mismo tiempo. Además, sólo el 30% de un padrón de más de 27 millones de electores estaba afiliado a partidos políticos. Muchos analistas opinan que el 70% restante propicia una cultura de la protesta y el escrache callejero, en la medida que la gran mayoría no parece dispuesto ni a intervenir en la cosa pública más que para elegir, obligado, a sus representantes.

Algo más, por comparación, esos informes de la Justicia Electoral revelaban que el nivel de afiliación crecía a medida que crecían las necesidades básicas insatisfechas (NBI). En la Capital Federal (20,1%) hay menos afiliados que en Formosa (51%). Los prejuicios sobre que "los pobres marchan por un choripán" parece sostenerse en esa marca, en la idea de que los distritos más desarrollados y por ende más educados deberían ser los más politizados a conciencia: en lo contrario anidaría el clientelismo. ¿Se supone que los pobres se afilian más por necesidad que por convicción? Esta pregunta es parte de un debate por darse. Jorge Mayer, director de la carrera de Ciencias Políticas de la UBA, explica por qué existe un aluvión de partidos distritales: durante 1983, los partidos suscitaron un verdadero aluvión de afiliaciones. Y se armaron, sostiene, nuevos partidos de distrito que absorbieron a los afiliados de los partidos nacionales. "Las nuevas fuerzas políticas provinciales son un fenómeno muy dinámico en los últimos veinte años." Bien, pero ¿qué significa que sólo 192 partidos distritales y sólo 7 de los nacionales arañen apenas el porcentaje de afiliados que les impone la ley para existir? El analista Rosendo Fraga no considera esta cuestión necesariamente negativa. "La afiliación ha sido una ficción. Se afiliaba con métodos clientelistas y la gran cantidad de afiliados, en algunas provincias como Chaco y Santiago del Estero estaba afiliada a partidos más de la mitad del padrón total. Está pendiente un saneamiento de la afiliación partidaria que en mi opinión debe empezar de cero." La socióloga Liliana de Riz es más terminante: "Hay que afiliar de nuevo y blanquear los padrones que están inflados. La idea de la afiliación mínima (el 4 por mil) se volvió obsoleta."

Que hoy el Congreso Nacional tenga el 50% de sus bloques legislativos unipersonales es un ejemplo de la fragmentación política. Los analistas consultados coinciden en la necesidad de una reforma política a fondo. La historia de las últimas tres décadas en la Argentina parece imponerlo: dictadura, tablita, guerra de Malvinas, deuda externa, sublevaciones militares, hiperinflación, devaluaciones, estallido de la Convertibilidad y la gran crisis de 2001, con su furioso "que se vayan todos". Hasta fines de 2008, existían en el Congreso un total de 90 proyectos de reformas tanto para el régimen de partidos políticos y para el Código Electoral.

Parece perentorio avanzar en esa dirección: si no se reforma el sistema político, la tan criticada política de cortes callejeros y escraches hará que nuestra democracia sea más parecida a una asamblea en la selva que la que necesita la Argentina a las puertas de su bicentenario.

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