Reforma política: otra vez, acuerdos ausentes y fantasmas de Santa Cruz

Por: Eduardo Aulicino.

Los legisladores del oficialismo esperan recibir esta semana el proyecto de reforma política que impulsa el Gobierno. Sólo algunos conocen los pormenores del texto, pero todos saben que deberían aprobarlo antes del recambio de legisladores, siguiendo la lógica de poder impuesta por Néstor Kirchner después del vuelco electoral de junio.

Señal, otra vez, de la ausencia de consenso, notoria además porque se trata de una ley que regulará las internas para elegir candidatos y el financiamiento de las campañas, según los puntos centrales que han trascendido.

Las fuerzas de oposición, aún las que podrían beneficiarse con la norma de acuerdo con la interpretación oficialista, no fueron consultadas para intentar un acuerdo previo. Todo se dirimirá entonces con la mecánica de las últimas leyes: el oficialismo buscará imponer el número, todavía disociado de los últimos resultados electorales, apelando a la disciplina interna y a los aliados que pueda sumar.

El oficialismo ha dejado trascender que la reforma favorecería a los grandes partidos, con representación en todos los distritos del país. Y que, además del PJ, serían fortalecidas las posiciones de la UCR orgánica frente a Julio Cobos y a otros socios del acuerdo opositor, que cruje cuando se empieza a hablar de candidatos en la perspectiva del 2011. Pero fuentes radicales afirman que nada ha sido charlado con ellos y que, de todos modos, un acuerdo sería imposible.

"No vamos a avalar un proyecto pensado por Kirchner para su manejo de la interna del PJ y para meter una cuña en la oposición", dice una fuente radical. Un ex legislador de peso agrega que nadie en la oposición conoce el proyecto y que la lógica de confrontación y tensión actual dinamita los espacios para los acuerdos políticos. Menos aún, agregan, cuando no hay señales de atender otras propuestas opositoras y se rechaza regular el flujo y los límites de la publicidad oficial en tiempos de campaña. La UCR, además, intenta condicionar este debate: reclama que antes se traten las iniciativas para atender el grave cuadro de pobreza.

Pero algunos van más lejos en el análisis y advierten un movimiento más amplio de los Kirchner, al que encuadran como una proyección nacional del esquema de poder aplicado en Santa Cruz. No se limita esa mirada, claro, a la cuestión electoral ni se explica como una aplicación mecánica, sino como una tendencia.

Algunas de esas movidas han tenido reflejo en la carrera forzada impuesta por el oficialismo al Congreso antes de perder las mayorías actuales. En esa interpretación, la ley de medios expresa la obsesión K por el control informativo, mecanismo de una densidad difícil de tolerar en la provincia del matrimonio presidencial. La otra gran obsesión es el "control de la calle", eufemismo para aludir a agrupaciones propias que disputan los espacios sociales y actúan frente a protestas incómodas para el poder. La experiencia santacruceña aporta en este renglón: lo saben los docentes, por ejemplo, y lo recuerdan quienes intentaron cacerolazos en épocas de la crisis de 2001 y fueron corridos de las calles.

El Gobierno avanza además en el Congreso con su proyecto de Presupuesto 2010 y con la prórroga de un conjunto de impuestos que sellan el manejo de fondos como instrumento de dependencia de los distritos, siempre útil para alinear a gobernadores y también a intendentes.

No es ese un dato menor, en términos de asegurar apoyo de legisladores y también para garantizar respaldo efectivo de estructuras propias a la hora de las elecciones internas. Nadie cree que los Kirchner intenten a nivel nacional algo similar a su sistema santucreño, con reelección indefinida y un mecanismo de extremo dominio legislativo para las fuerzas mayoritarias. Pero en la oposición apuntan a la tendencia: adelanto de elecciones, candidaturas testimoniales, reforma electoral. Lejos de esas críticas, los K alinean a su tropa y le suman tareas en el Congreso.

Comentá la nota