La reforma política es mucho más que la boleta única

Por Adrián Ventura

La Argentina dio un primer paso para la reforma política en 2002, en medio de la crisis económica y cuando sonaba "que se vayan todos" (los políticos). Una vez que "todos" los políticos se ataron a sus sillones, "todos" se olvidaron de la reforma política.

Es muy positivo que el tema haya vuelto a surgir ahora. El momento político es propicio.

En primer lugar, el oficialismo parece haber perdido la iniciativa política en esta materia y la oposición, que para aglutinarse necesita encontrar algunas ideas que escasean, dio un excelente paso con esta iniciativa.

En segundo lugar, los peronistas no kirchneristas están en una estrategia de clara diferenciación del Gobierno: el acercamiento de Mauricio Macri y De Navaez y el elogio del ex presidente Eduardo Duhalde a la propuesta de la boleta única parecen algunos pasos en esa dirección.

Es positivo proponer la introducción de la boleta única, porque eso permitiría superar las corruptelas de los partidos políticos a la hora de imprimir y distribuir papeletas y, también, evita los robos dentro del cuarto oscuro (que perjudican a los partidos que no tienen fiscales suficientes).

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Pero la reforma política debería entrañar una serie de asuntos que van mucho más allá de la boleta única:

* Internas abiertas: en 2002, el Congreso aprobó la ley de internas abiertas, pero nunca se aplicó, porque los políticos se negaron a hacerlo, y fue derogada. En 2008, todos se asombraron cuando siguieron a través de los medios de comunicación la interna entre los candidatos demócratas norteamericanos Barack Obama y Hillary Clinton. ¿Por qué ningún político de primera línea propone volver a ese régimen? Hay, sí, algunos actores secundarios (por ejemplo, Alberto Pérez, ministro de Gobierno de Daniel Scioli, y varios de sus hombres, como Guido Lorencino), que encaran ese reclamo, pero la democracia partida brilla por su ausencia.

* Financiamiento de partidos: en esta área hubo algunos avances, pero falta mucha transparencia y los partidos son muy escurridizos a la hora de transparentar sus gastos.

* Las listas sábanas, donde algunos nombres prominentes encubren a muchos inútiles ¿nunca serán suprimidas?

* Candidaturas independientes: La Constitución no prohíbe las candidaturas independientes. Dice, sí, que los partidos tienen la tarea de presentar candidatos, pero no le asigna esa tarea en forma exclusiva. ¿No sería bueno que el Congreso se oxigenera con candidatos extrapartidarios?

* Listas colectoras. Córdoba acaba de prohibir las listas colectoras, un mecanismo al que recurre frecuentemente el oficialismo para fraccionar la oferta electoral y juntar, a través de distintas listas, votos para un mismo candidato. Una forma de burlar al elector.

* Urnas electrónicas: ¿por qué no aspiramos a un recuento inmediato de votos, como ocurre en Brasil?

* Suprimir la intervención del Ministerio de Interior: muchos países ya no permiten que la autoridad política (como hace, en la Argentina, el Ministerio de Interior), maneje el presupuesto electoral, la asignación de fondos a los partidos durante los años de campaña, la contratación de la empresa que suministra el software en los comicios, la elaboración de los padrones y el otorgamiento del documento con el que los ciudadanos concurren a votar (el algunos países, existe un documento electoral distinto del DNI).

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En fin, la reforma política es un programa mucho más amplio que la boleta única. Es cierto, por algo siempre hay que comenzar. Pero no hay posibilidad de que la Argentina sea una verdadera democracia si sus actores principales, los partidos no son verdaderamente democráticos y si no se mejora el régimen que legitima la elección de los gobernantes.

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