Reforma política o hipocresía de la dirigencia bonaerense?

Reforma política o hipocresía de la dirigencia bonaerense?
Más premonitorio que paradójico, la Reforma Política bonaerense que venía a terminar con los viejos vicios de la política vernácula, arrancó a contramano de aquel objetivo. Digamos que en el mejor de los casos, vista sin más malicia que la evidencia de las marchas y contramarchas que hubo en la Legislatura, se gestó viciada por los mismas fallas que pretendía enderezar.
Contaminada en su génesis por una pelea interna del oficialismo, que avaló parte de la oposición como la UCR, las modificaciones al proceso electoral son el fruto de atender -más por necesidad que convicción- las necesidades electorales del ex presidente Néstor Kirchner de cara a las presidenciales de dentro de 2 años, que del diálogo y la búsqueda de consenso que debiera tener una norma que viene a fijar reglas de juego claras y transparentes al combustible del sistema democrático: el proceso electoral de selección de candidatos y la posterior elección de quienes lo sostienen.

Si Kirchner llamó a La Plata deliberadamente tarde –una vez que la norma tenía media sanción en el Senado- para ordenar cambios del Proyecto original que había elaborado el peronismo bonaerense a sabiendas que desautorizaba al partido y a su Presidente, Alberto Balestrini, la norma que parió la Legislatura, se parece mucho más a una nueva estrategia más al servicio de las pujas internas del partido gobernante, que a una sincera Reforma Electoral

La dirigencia política provincial en general, y el oficialismo en particular, perdió la oportunidad de congraciarse con los electores alumbrando una reforma que, en serio, modifique, para mejorarlo, al sistema de representación democrático que nos gobierna.

Ilustrativo: el principal mérito de la Reforma Política, presentada poco menos que como la salvación del Sistema Democrático en la Provincia, es la imposición a los partidos políticos de elegir candidatos en internas abiertas, simultáneas y obligatorias. Muy bien. Fantástico. Innovador. Ahora bien, ¿Cuál Ley más que la (mala) costumbre de utilizar las estructuras partidarias en beneficio propio de la dirigencia política le impedía al oficialismo; al radicalismo o a la fuerza política que sea, realizar internas para dirimir candidaturas?. ¿Qué norma habilitaba al conductor coyuntural de una u otra fuerza a elegir, a dedo, a quien él creía representaba los intereses del conjunto del Partido?". Ninguna.

O sea, una creación maravillosa nacida de esa predisposición natural de buena parte de la dirigencia política bonaerense de pisotear los contratos de representación con sus propios afiliados, a quienes ahora obligan a votar a su representante en una Elección General, después de que antes les hicieran creer que esa selección de candidatos no era un derecho que les cabía a ellos, sino al dedo índice del Jefe político de turno.

Una trampa perfecta: primero rompo una regla implícita de representatividad, elijo a gusto y a mi antojo a los representantes de "mi" Partido; genero la sensación de que ese avasallamiento a los derechos de los afiliados es la normalidad, y entonces después vengo, sacando pecho, a proponer que se "prohíba" lo que, en rigor, en ningún caso debió nunca haber desaparecido. Tanto que, como se dijo, no hay norma alguna que les prohíba a los partidos políticos realizar internas para dirimir candidaturas.

Y encima después, la frutillita del postre: "el que gana, gobierna, y el que pierda acompaña". Así será, ahora, por Ley: como tampoco nadie, ni siquiera el peronismo que le ha sacado lustre a esa consigna quiso cumplirla, hay que ponerla como mandato legal, no vaya a ser cosa que algún desorejado crea que ese comportamiento anti-democrático pueda tener alguna posibilidad de prosperar, algún día, en la política argentina. Bue, por lo menos desde ahora. Que cambió todo, con la Reforma (de lo que reformó la costumbre).

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