Reforma politica Combaten la inflación de partidos políticos

Quieren borrar a los que no alcancen 3% de los votos válidos en dos elecciones. Objetivo: sacar de escena a los múltiples partidos de sello que sólo confunden.
El proyecto reformista que impulsa el peronismo provocaría sobre el sistema político una consecuencia mucho mayor que la aparición de la promocionada boleta única: causaría el brusco descenso del stock de partidos que pululan (y confunden muchas veces) en los cuartos oscuros. El mecanismo que se pretende imponer es establecer condiciones exigentes para la supervivencia de los partidos políticos provinciales y para el financiamiento de los que recojan menos votos, además de la eliminación de las sumatorias.

El Artículo 90 del proyecto oficialista para la nueva ley de partidos políticos, con la caligrafía del gobernador Juan Schiaretti, señala que es causal de extinción de una agrupación “cuando en dos elecciones generales consecutivas para legisladores provinciales no alcanzare a obtener el cuatro por ciento del total de los votos válidamente emitidos”. Y si bien al desaparecer un partido sus integrantes pueden formar otro, ya que nada se los prohíbe, el proceso de recolección de afiliaciones será arduo y no podrán colocarle a la nueva criatura el nombre de la anterior hasta pasados ocho años (o, para decirlo con más dramatismo, dos turnos electorales).

Claro que los partidos con personería nacional eludirían los efectos de ese requisito, pero sí caerían afectados por el que aleja de parte de los beneficios del financiamiento estatal a los que no lleguen al cuatro por ciento de los votos válidos.

El listón está colocado a tal altura en el texto original que apenas podrían superarlo tres partidos políticos con su propia lista de candidatos: el Partido Justicialista, el Partido Nuevo y la Unión Cívica Radical, al menos según los resultados de la elección del 2 de setiembre de 2007 en el segmento de legisladores provinciales.

Los sobrevivientes

En aquella jornada, el cuatro por ciento de los votos válidos, es decir los emitidos menos los blancos y los nulos, fue alcanzado por las boletas del PJ, de la Alianza Frente Cívico (cuyo corazón es el PN), de la UCR y del Movimiento Libres del Sur, pero éste no debería tomarse en cuenta porque llevaba como candidato a gobernador al mismo que la AFC, en sumatoria.

La demanda de una cosecha importante y la eliminación de las sumatorias apuntan a impedir el exceso que ocurrió en 2007, cuando hubo 34 boletas distintas en el cuarto oscuro, pero sólo nueve candidatos a gobernador.

Demasiados partidos

La provincia tiene hoy alrededor de medio centenar de partidos políticos y hay más en lista de espera en la Justicia Electoral. Los partidos surgen como hongos, favorecidos por normas que fueron flexibilizándose en paralelo a la crisis de representación: en términos económicos, se generó inflación, al “emitirse” más partidos que acentuaron la devaluación de cada uno de ellos.

El peronismo en particular tiene culpa sobre este fenómeno por quitar el umbral de votos para participar del reparto de bancas en la Legislatura (en la reforma constitucional 2001), lo que motivó a muchos partidos pequeños a acordar sumatorias con los más fuertes pero con sus propias listas de candidatos. Además, en muchos casos es más simple y redituable formar un partido político, o alquilar un sello, que participar en elecciones internas.

Negociación

La propuesta original de Schiaretti causó pánico entre los dirigentes de los partidos políticos pequeños, por lo que presionan para disminuir el terrible cuatro por ciento. Algunos de ellos son aliados de Unión por Córdoba, por lo que el peronismo necesita convencerlos para lograr la aprobación de esta iniciativa, más aún porque no puede contar con el apoyo del juecismo y, quizás tampoco, del radicalismo. Los «socios menores» de UPC piden, en cambio, que la marca se coloque en el 2 por ciento de los votos válidos. El tironeo concluiría en que deba alcanzarse el 3 por ciento, un límite más prudente que superaron siete partidos en 2007.

La nueva legislación, si finalmente se aprueba producirá efectos políticos. Los partidos pequeños tenderán a agruparse en alianzas con los más taquilleros, de manera de no exponer su pobreza electoral y esquivar las sanciones de la nueva ley. Aquellos que son simples sellos de goma, o pymes electorales, irán desapareciendo por innecesarios. Y los izquierdistas podrían verse tentados a superar sus diferencias de manuales y a formar una amplia coalición.

Es muy probable que, de esta manera, el sistema de partidos políticos gane en racionalidad.

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