La reforma política es una batalla cultural

Por: Gustavo Posse.

Son muchos los cambios que se necesitan para lograr un federalismo real con base en los municipios y bajo el ojo vigilante de los ciudadanos.

La previsibilidad y fortaleza de las instituciones son algunas de las condiciones básicas para el desarrollo de cualquier país. Es imperioso llevar adelante una reforma completa del sistema político que incluya la eliminación de las listas sábanas con la implementación del voto electrónico o la boleta única que elimine el "efecto arrastre", el desdoblamiento de las elecciones, la claridad en el financiamiento de los partidos políticos -para romper con la dependencia del poder de turno y de grandes grupos económicos- y la reglamentación de las iniciativas populares.

Es necesario cambiar la modalidad de votar cada dos años, lo que genera desgaste y apatía en la ciudadanía. Crear el voto contrato para que las promesas hechas durante la campaña se cumplan; que los legisladores provinciales se elijan por regiones más pequeñas, impulsando un sistema mixto, mitad por lista y mitad por nominaciones personales estimulando así la proximidad de representantes y representados.

Avanzar hacia la reforma del Estado para acercarlo a los ciudadanos con propuestas que incluyan la descentralización de fondos y facultades a los municipios con mecanismos de control social; la regionalización de municipios y comunas, el fortalecimiento de corredores productivos a fin de promover la optimización de las estructuras locales al hacer más eficaz su labor a través de la complementariedad de los recursos físicos y humanos existentes.

Verdaderas autonomías municipales (a nivel institucional, político, administrativo, económico y financiero), por otra parte, permitirán que aquellos que sean malos gobernantes puedan ser cambiados por la gente.

Quienes les fallen a sus vecinos, a sus votantes, ya no tendrán listas sábanas ni testimoniales donde ocultarse. Es preciso generar un nuevo polo en la política que contenga y sea representativo de la mayoría independiente.

Esta es una batalla cultural que propone cambios de fondo. Creación de nuevos espacios con representación territorial que reúnan gente de diversos orígenes partidarios como ciudadanos independientes en pos de objetivos comunes y tangibles a fin de ofrecer a la ciudadanía una alternativa funcional a sus vidas y no a la vida de los políticos.

La injerencia de los vecinos a través de su representación directa en los distintos cuerpos legislativos llevará de modo auténtico las inquietudes de las comunidades a las Cámaras en pos de buscar respuestas prácticas y concretas, evitando la "domesticación política" de las Intendencias a fin de garantizarles gobernabilidad local.

El desafío de hoy es la construcción de un federalismo real con base en los municipios. Ello permitirá que se estructure una agenda estrictamente focalizada en los intereses de cada provincia, desarrollada por sus propios representantes bajo el ojo garante y controlador de los ciudadanos.

Quienes se decidan a reformar el Estado y el sistema político con espíritu democrático y de largo plazo pasarán a la historia.

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