La reforma es poco ambiciosa

El proyecto de reforma política anunciado por la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, propone modificar aspectos transcendentes de nuestro sistema político.
Sin embargo, esta iniciativa se caracteriza por tener un enfoque sumamente estrecho, ya que sólo se concentra en un reducido grupo de problemas relacionados con el funcionamiento de nuestros partidos políticos y con las reglas electorales.

Una verdadera reforma política debería tener objetivos más ambiciosos. No sólo es necesario revisar las deficiencias del sistema electoral, es decir de qué manera elegimos a nuestros representantes, sino también la forma en que los ciudadanos nos relacionamos con el Estado.

En dicho contexto, precisamente, resulta llamativa la ausencia de algunos temas que pueden considerarse clave en el proyecto oficial, muchos de los cuales figuran desde hace años en los reclamos de la sociedad civil.

Uno de ellos -quizá el más importante- es la necesidad de contar con una Ley de Acceso a la Información Pública. Mientras los principales países de la región están sancionado leyes que reconocen el derecho de los ciudadanos a pedir y recibir información del Estado, la Argentina tiene cada vez más falencias en este campo. Los ejemplos recientes de las estadísticas del Indec, el censo agropecuario y la utilización de los recursos del Anses muestran la gravedad del problema.

En síntesis, las propuestas del Gobierno son relevantes y deben ser analizadas en profundidad, pero la agenda debería ampliarse para incluir también otros temas relacionados con el funcionamiento de nuestro sistema político que reclaman distintos sectores de la sociedad. Esas otras cuestiones son, concretamente, el acceso a la información pública: la regulación de la publicidad oficial; la transparencia del Consejo de la Magistratura y el fortalecimiento de la agencias para el combate contra la corrupción.

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