"La reforma no es a la medida de Kirchner"

"La reforma no es a la medida de Kirchner"
Juan Manuel Abal Medina fue clave para el diseño de la norma que se sancionará el miércoles. Niega que el diseño apunte a volver a un esquema bipartidista y advierte que si Néstor Kirchner quiere ser candidato en 2011 "tiene más facilidad con la ley actual".
Ni ridículo, ni absurdo. Simpático. Ése es el adjetivo que utiliza Juan Manuel Abal Medina cada vez que tiene que disentir sobre los supuestos de la implementación de la reforma política, un proyecto de ley que quedará sancionado esta semana en el Senado y que lo tuvo como protagonista desde su puesto de vicejefe de Gabinete a cargo del área de Gestión Pública.

–Esta semana se sanciona la reforma política. ¿Es la ley que quería el Gobierno?

–Hacemos una evaluación positiva. Desde el 15 de julio, cuando se inició el diálogo con los partidos políticos, participaron todas las fuerzas menos Elisa Carrió y Pino Solanas.

–Pero terminó siendo votada sólo por el oficialismo y un puñado de aliados.

–A la mayoría de la oposición esta reforma le gusta. El ejemplo más claro es cuando, en la última reunión de comisión en el Senado, Gerardo Morales (UCR) y Rubén Giustiniani (socialista) hicieron un discurso muy duro, pero reconocieron que coincidían con la reforma.

–¿Coinciden pero no la votan?

–Creo que tuvieron que hacer una especie de puesta en escena de diferencias para buscar un posicionamiento. No quedar pegados a algo que en realidad les parece muy positivo. Fue simpático porque lo que criticaban de la reforma era lo que no estaba en la reforma. Pero uno nunca discute lo que no está en la ley, porque eso es otra ley. El consenso está, por eso digo que esta reforma tiene más consenso que votos.

–También hubo un apuro del oficialismo por votar, porque el 10 de diciembre pierde la mayoría parlamentaria.

–No hubo tal apuro. Iniciamos la discusión el 15 de julio, el radicalismo propuso cincuenta modificaciones y se aceptó la mayoría. El Senado tiene que actuar como Cámara revisora, no para introducir grandes modificaciones.

–La reforma política, ¿se agota en la sanción de esta ley?

–No termina nunca. Pero tampoco es cierto que esta ley vaya a producir un bipartidismo, eso es no entender cómo funciona la democracia.

–¿Tiende a que los dirigentes que se fueron del partido vuelvan hacia los dos grandes partidos que dejaron?

–Puede suceder o no. La ley apunta a mediano y largo plazo a reconstruir los partidos pero eso no es ir al bipartidismo ni mucho menos. Nos acusan de querer el bipartidismo, por eso los radicales se asustan tanto, quieren mostrar que están en contra para que no los acusen de estar en un nuevo Pacto de Olivos, y por eso votan en contra.

–Pero sí favorece la posibilidad de que Néstor Kirchner mejore sus chances como candidato en 2011.

–No. Esta reforma no está diseñada ni pensada a la medida de nadie, ni para beneficiar ni para perjudicar a nadie. Lo que define un proceso de primarias que definen los votos populares.

–Pero con el control del aparato partidario más el aparato del Estado, se ve beneficiado el candidato oficialista. Digamos Néstor Kirchner contra, por ejemplo, Eduardo Duhalde.

–Ése es un juicio bastante simpático. Porque por un lado tenemos la enorme mayoría del Congreso (partidario). Con las reglas actuales, si Néstor Kirchner quisiera ser candidato saldría por unanimidad sin internas.

–¿Cuál va a ser el peso de los aparatos partidarios? Que una fuerza no mande a votar al rival más débil.

–La reforma está pensada en su conjunto. Por eso el voto es obligatorio y los partidos no se van a arriesgar a votar a otro candidato debilitando al propio con pocos votos para llegar a las generales. ¿Quién se va a arriesgar a no llegar al piso para ir a las generales o a que su candidato llegue débil?

–En esto también se puede plantear que el radicalismo se verá favorecido, sumando respaldo a su propio candidato, frente a las fuerzas más chicas.

–No hay nada en esta ley que favorezca el bipartidismo. En Uruguay, por ejemplo, un sistema similar permitió el resultado que tuvo al Frente Amplio, una nueva fuerza que enfrentó al bipartidismo. En Santa Fe, el caso fue con el socialismo. La cantidad de partidos reales la define la gente con su voto.

–¿Y las restricciones a los partidos más chicos?

–Eso no tiene asidero. El piso que fija la nueva ley para acceder a las generales es del 1,5% de los votantes en las primarias. Y la actual pide el 3% del padrón, lo que significa, en realidad, un 5% real de los votantes en Buenos Aires, y cerca de un 10% en otros distritos.

–Entonces, ¿es más plural?

–Es una pluralidad más real. Como pedían los jueces y la Cámara Electoral para tener herramientas y depurar a los partidos, que son simplemente pymes que funcionan como negocio de un grupito de vivos que se aprovechan del financiamiento estatal. Hay 700 partidos. ¿Alguien puede decir que hay 700 modelos de país distintos en discusión?

Ibarra, Juez y los que salen corriendo

–El regreso de Kirchner a la presidencia del PJ, ¿significa el fin de la recreación de la transversalidad?

–Hubo muchos sectores que demostraron un oportunismo enorme. Acompañaron el proyecto cuando era fácil, hermoso y no había que enfrentarse a nadie, pero cuando vinieron los conflictos reales, como la distribución del ingreso, salieron todos corriendo, como Aníbal Ibarra y Luis Juez. Se mostró que había mucho chanta personalista.

–¿Y por eso se recostaron sobre el aparato tradicional del PJ?

–Dentro del peronismo hubo procesos de renovación. Están los casos de los intendentes de Quilmes, Francisco Gutiérrez; de Lanús, Darío Díaz Pérez; de Esteban Echeverría, Fernando Gray.

–Pero también muchos del aparato.

– El oficialismo construye con todos los actores que están dispuestos a dar una pelea a favor de la distribución del poder económico y social. Algunos pueden gustar más o menos. Pero en los momentos críticos como en la discusión de la 125 o de la ley de medios es donde se juega. Quienes se pusieron de un lado o de otro muestran quiénes se juegan a favor o en contra del proceso de transformación de la Argentina a pesar de los costos.

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