Ni reforma de fondo ni autarquía

Por Néstor O. Scibona

Los cambios en el funcionamiento del Indec anunciados anoche por el ministro Amado Boudou recuerdan aquel viejo chiste según el cual la mejor manera de disimular un elefante en la calle Florida consiste en poblarla de elefantes.

A partir de ahora habrá muchas más voces habilitadas para hablar en favor y quizá también en contra de la tarea que cumple el Indec, con mayor o menor grado de consistencia técnica. Pero lo que no resulta para nada seguro es que el nuevo esquema contribuya a devolver la confianza en las inverosímiles estadísticas oficiales. La autocrítica fue la gran ausente en la conferencia de prensa del ministro. Tampoco hubo una sola palabra referida a la convocatoria a concursos públicos de méritos y antecedentes para recomponer el politizado staff técnico del organismo, donde la gravitación de Guillermo Moreno ha sido y seguirá siendo inocultable.

De hecho, el nuevo jefe del Indec será ahora quien días atrás había sentenciado que "hay Moreno para rato". Luego fue premiado con dos ascensos consecutivos. Aunque cobró notoriedad con esas declaraciones de fidelidad a su jefe virtual, otro rasgo que caracterizó últimamente a Norberto Itzcovich fue su rasgo que caracterizó últimamente a Norberto Itzcovich fue su cerrada defensa de las estadísticas del Indec y sus públicos cuestionamientos a quienes las criticaban desde el punto de vista técnico. A pesar de los anuncios, no significa mucho que el Indec pase a depender del ministro de Economía.

En el organigrama anterior, el instituto tampoco dependía del secretario de Comercio Interior. Pero esto no fue obstáculo para que Moreno designara tropa propia o desplazara técnicos y empleados de manera arbitraria, en una cruzada política para que los indicadores socioeconómicos oficiales reflejaran una realidad que sólo complaciera al matrimonio Kirchner. Si hubiera que atenerse a las palabras de Boudou, aquellas designaciones masivas y desplazamientos selectivos acaban de quedar convalidados por el Poder Ejecutivo. No se van los más cuestionados ni volverán los más reconocidos.

El "fortalecimiento institucional" que promete el ministro para el Indec tampoco consiste en una reforma de fondo, ni mucho menos en otorgarle autarquía. Más bien se trata de abrir un amplio debate, que por ahora se perfila más político que técnico. Este camino se asemeja al viejo recurso de crear comisiones cuando no existe la voluntad política de resolver un problema, y difícilmente podría completarse a corto plazo si se lo encara con seriedad.

Una prueba de ello es que la anunciada revisión de la tarea del Indec no tendrá como punto de partida el año 2007 -cuando comenzaron a hacerse evidentes las manipulaciones en el IPC, que luego se extendieron a otros indicadores- sino el año 1999. Según el manual kirchnerista, la metodología del índice de precios aprobada entonces sesgaba la medición de la inflación debido al patrón de consumo que imponía la convertibilidad. No obstante, la metodología que la reemplazó a partir de mayo de 2008 (con una canasta de productos más acotada, en la que pesan más los precios controlados por Moreno) incluyó un sistema de ponderaciones móviles que nunca fue dado a conocer, al igual que los precios que toma el Indec para elaborar el índice.

Este debate puede conducir a un sinfín de controversias. Tal vez derive incluso en la recomendación para elaborar índices segmentados por niveles de consumo, como los que existen en otros países y que insumen un alto costo en encuestas. Sin embargo, esto sólo se justificaría para refinar la medición de tasas de inflación reales de un dígito anual, que ya son historia en la Argentina.

Pero, mientras tanto, la inflación en las provincias seguirá duplicando a la que mide el Indec en el área metropolitana; se mantendrá la amplia brecha existente entre las mediciones oficiales y privadas de pobreza e indigencia y la recesión no se hará presente en los indicadores de actividad y empleo, aunque cada empresario y trabajador sepa cuándo y dónde la realidad pasa por otro lado.

Probablemente, Moreno deje de ocupar el centro de la escena en la cuestión del Indec, aunque eso no signifique que su presencia habrá de desaparecer, como el caso de los elefantes de la calle Florida.

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