La reforma del Código Urbano ya genera controversias en el Concejo

La decisión de la Intendencia de atender las demandas del sector ligado a la construcción para flexibilizar aspectos del nuevo Código Urbano ya tuvo repercusión en la oposición del Concejo Municipal, que en su momento se negó a sancionar la norma.
La voz más dura fue la de María Eugenia Bielsa, quien afirmó que "el municipio carece de una perspectiva urbanística sólida y reacciona en base a presiones". Jorge Boasso se adelantó y presentó un proyecto para aliviar exigencias a cambio de que, "en los hechos, se construyan más cocheras" y Osvaldo Miatello fue el más contemporizador: vio con buenos ojos que se flexibilice el Código porque "la prioridad es proteger el trabajo en las obras".

   La situación es paradójica. Aunque la oposición en pleno se levantó del recinto reclamando más debate y consenso cuando el Código Urbano fue aprobado por la mayoría oficialista, ahora también toma sus recaudos para evaluar los cambios que podría aceptar el municipio a pedido de las cámaras constructoras e inmobiliarias, el Colegio de Arquitectos y el gremio de los albañiles.

Presiones. Para Bielsa, queda demostrado que la sanción del Código tuvo mucho que ver con la presión de vecinos damnificados por irregularidades en las obras ("problemas que debían resolverse de otro modo") y su revisión actual también responde a presiones. "No se puede entrar y salir de las normas todo el tiempo", opinó.

   Aun así, cree que el nuevo Código adolece de grandes defectos. "Es totalmente formalista, inequitativo, sin visión arquitectónica ni multidisciplinaria, y sólo atiende a dos variables: altura y preservación", afirmó.

   El punto del límite en altura resulta emblemático. Por un lado, parecía "una exigencia indeclinable", pero por otro "llueven" pedidos de excepción en el Concejo, previo visto bueno del Ejecutivo y pago de una diferencia económica. "Es la prueba evidente de que en los hechos el Código no resuelve", dijo Bielsa, porque si se aceptan tantas excepciones "es que la norma salió mal".

   Otras críticas fueron que el Código sólo regula el área central y el primer anillo perimetral, pero deja el resto de la ciudad librado a los "nichos que va ocupando el mercado", y que aún no se cuenta con el catálogo de preservación ni siquiera para el primer anillo, "lo que genera situaciones muy injustas para varios propietarios".

   Boasso fue otro que recordó haberse opuesto al nuevo Código. Entre otras razones, porque creía inadecuado modificar los topes de altura. "Limitarla fue absurdo: debía haberse consolidado", afirmó, sobre todo si después "se iban a permitir tanta excepciones con la condición de pagar más".

   En cuanto a la exigencia de edificar cocheras, tema en el que hizo punta hace tres años con un proyecto para obligar a hacerlas, Boasso se mostró ahora a favor de "flexibilizar algunos aspectos, pero no para que no se construyan, sino a condición de que efectivamente se hagan".

   Con esa meta, el viernes pasado presentó un proyecto de modificación del reglamento de edificación en las áreas donde rige el nuevo Código para que a los edificios que superen en un 20 % la cantidad de garajes exigidos por la norma se les permita levantar un piso más. La iniciativa fue acordada, afirmó el edil, con sectores ligados a la construcción. También llamó a "facilitar" la multiplicación de cocheras mecanizadas o automatizadas".

Empleo, la prioridad. Miatello se mostró en un todo de acuerdo con revisar aspectos de la norma para preservar el empleo en la construcción.

   "Hay que articular modificaciones razonables: el panorama del año pasado a este cambió", dijo, "y hoy la prioridad es mantener las fuentes de trabajo, sobre todo en un sector que absorbe mano de obra con menor calificación".

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