La reforma apuntando al 2011

Por: Ricardo Kirschbaum.

La reforma política que anunció el Gobierno recoge, en trazos gruesos, la idea que Kirchner siempre describió como la que mejor representa a la sociedad: dos partidos principales, con sus alianzas menores, que expresen con todos sus matices a la derecha y a la izquierda.

El modelo chileno –aquel previo al desprendimiento del ascendente Enríquez Ominami– y, en menor medida, el uruguayo, siempre han sido objetos del deseo en el imaginario kirchnerista.Con ese eje ordenador de la realidad, el proyecto lanzado por Cristina tiene por lo menos tres objetivos: camisa de fuerza para el peronismo, evitando la proliferación de candidaturas de ese origen; seducción a la Unión Cívica Radical, que puede volver a reunificar al vasto panradicalismo; poner en dificultades a las huestes de Macri y De Narváez, obligándolos a armar claramente un partido y a alejarse del coqueteo con el PJ. O, también, zambullirlos en esas aguas torrentosas de la interna justicialista.

Los centroizquierdistas de discurso independiente pero de voto disciplinado con el oficialismo, como se ha demostrado en las cuestiones más importantes, están en un dilema. Su presunta autonomía está en extinción: aún negociando ciertos puntos, porque el kirchnerismo necesita de sus votos en Diputados, pueden no sobrevivir si no se funden con la tropa oficialista.

Néstor y Cristina proclaman hablar para la historia y para la calidad institucional pero atienden su propio juego. Se trata de un cálculo que, es obvio, puede favorecer la candidatura de Kirchner para el 2011. Eso es lo que mejor expresa este proyecto. Está claro, sin embargo, que la reforma precisa de aliados para convertirse en ley. Kirchner apuesta a que los radicales, que miran el 2011 con esperanza, serán la llave maestra.

Comentá la nota