Reflexiones de un idiota

Por: Carlos Fontana

El actor John Malkovich contó que los hermanos Cohen -directores de su última película-les pidieron a los actores que encontraran al «idiota» que todos llevamos dentro. Malkovich dijo que le fue fácil: «Todos tenemos un idiota dentro, creciendo y prosperando...».

Debe ser cierto, pensamos, porque el idiota que llevamos dentro nos sigue gritando que ésta es la zona para entrar y no para salir de la Bolsa. Lo último que nos gritó nos animó a insistir: «Mejor ser un idiota ahora, con lo que vale mucho más que lo que cuesta, que serlo cuando cuesta más de lo que vale...».

Y nos arrojó algunas idiotas razones sobre actitudes de compra en una crisis: «Si te dieran un dólar de $ 3,20 a $ 1,60, lo comprarías volando. Y un departamento de 80.000 dólares, en 40.000, ni que hablar. Bueno, nada de eso existe. Pero si te dan una acción de empresa líder que vale $ 5 a sólo $ 2,50, en vez de comprarla, la vendés. El idiota sos vos, no yo».

Le dijimos: pero mirá que el Dow Jones cayó «1.000» puntos en una rueda, lo mayor en su historia. Nos dijo: «Eso es de idiotas. Hablar de puntos y no de porcentual. En 1987 cayó 20% en una rueda. Y aquí con el plan BONEX, bajó 50% en un día, ¿o no te acordás?». Sí, pero los balances vienen mal y el Dow volvió a bajar, agregamos.

«¿Y, qué esperaban, que vinieran bien? Esas ya son estrategias para seguir comprando barato. Dar como novedad lo que está descontado en las bajas.» Bueno, pero está todo en carne viva, la crisis, el pánico. En la historia hubo muchas crisis, pero pocas crisis con pánicos. «Exacto. Y ya no hay señales de pánico. Si se confirma, queda la crisis. Eso ya es gobernable. Fijate que dejaron de compararla con la de 1930, es otra señal».

Está bien, pero un tiburón pesado, Kerkorian, vendió como 7.000 millones de acciones de la Ford. «Sí, y es tan idiota que lo hizo a voz en cuello. Te vende por un lado y hay que ver qué hace por el otro. Uno más pesado, Buffett, salió a recomendar comprar acciones, ¿qué te parece?»

Bueno, pero miremos para adentro. Este asunto con los bienes de las AFJP generó otro incendio local y tiene que haber efectos colaterales complicados. «Cierto, más no le podía pegar el gobierno al mercado. Fue como darle un puntapié en la cara a un caído. No hay mucho más para hacerle. Tenemos el único mercado bursátil del mundo al que, en lugar de ayudarlo, lo aporrean. Igual sigue adelante, camina entre las brasas y, aunque parezca idiota, no baja de los $ 100 millones diarios. Hay una contrapartida; donde las dan, las toman. Más abajo, como sea, pero esos papeles que están tirados en el piso, varios se están agachando a recogerlos. Y siempre fue así. Son los que -esperando, sólo eso- en vez de contar con los mismos dólares de antes, se encuentran con una pequeña fortuna.»

Pero en estos tiempos debe haber gente que se ríe de pensar en comprar acciones, puede todo seguir bajando. «Claro que puede, hasta que no puede más. Acordate en 1975, valían monedas y las mismas empresas empezaron a comprarse todo. Porque los que tienen 'los fierros', los activos, que son empresas líderes en la economía, se fijan en lo que cuesta el paquete -en dólares- y van acumulando despacio.»

El caso es que la gente prefiere tranquilidad, no entrar en los peores momentos, siempre es así con el miedo.

«Y siempre se matan por entrar en los verdaderos peores momentos, cuando el índice está que explota y casi no tiene más techo. Cuando los papeles cuestan mucho más de lo que realmente producen, o valen. Eso sí es idiota, entrar a la fiesta cuando se están por ir hasta los mozos.»

No hay manera de encerrarlo; ya que está, termine con alguna conclusión. «La única racional es que las acciones representan activos tangibles, privados, de empresas que, bien elegidas, pueden hacer una canasta para invertir, y buscar una diferencia, antes que solamente meterse en la cueva y atesorar. No son ocasiones que se presenten a menudo, el ver los precios tan en la zona de lo psicológico y muy lejos de lo técnico. Se necesitan 'las tres P', que aconsejaban los viejos maestros (plata, paciencia y pelotas).»

No sonó muy académico, pero como lo dijo usted, es el idiota que llevo dentro, con lo cual yo quedo a salvo.

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