Un referente de Smata explicó la demora en la construcción del barrio y negó desvío de fondos

Se trata de Francisco Esnaola, que fue secretario general del gremio durante más de veinte años. Sin embargo, el tema sigue generando reticencia en la conducción actual. Ya existe una denuncia penal contra los ocupas.

Luego de nuevas críticas, un histórico dirigente del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata) explicó ayer la demora en la construcción del barrio y negó desvío de fondos.

Francisco Esnaola, secretario general de la Seccional Tandil entre 1971 y 1992, narró a El Eco de Tandil la historia de este complejo que tomó relevancia tras la ocupación masiva de unas 50 viviendas.

La reacción de Esnaola se produjo después de que nuevamente la edificación de las casas a través del gremio quedara cubierta en un manto de sospechas.

En esta oportunidad fue el Partido Obrero (PO) el que cuestionó que "ahora (luego de la ocupación) ‘el sindicato’ se acuerda de un plan dejado completamente al olvido".

"Creemos que esperan hacer otro negociado con una nueva adjudicación. Si el plan se reactivara tendría nuevos adjudicatarios que desembolsarán dinero a favor del sindicato", aseguraron desde el PO.

A través de un comunicado, reclamaron que el Instituto de la Vivienda "otorgue la posesión de las casas a los actuales habitantes y gire los fondos a una comisión de los mismos para que finalicen la construcción", y exigieron que "se forme una comisión independiente entre trabajadores de Smata y los adjudicatarios originales, para investigar las cuentas de la obra a fin de determinar cómo se invirtió ese dinero y precisar las responsabilidades legales de los administradores".

"Aquellos adjudicatarios que en los años ‘73-‘74 invirtieron dinero en el sueño de su casa fueron brutalmente estafados por más de 30 años y deben ser indemnizados por los responsables políticos de esta estafa", sostuvieron.

La historia

del barrio

"Yo no me quedé con un solo peso", advirtió Esnaola, ante una nueva acusación por las demoras, más cuando se aludió al período en el que, como referente del gremio, fue la cara visible de la motorización del barrio.

Previamente a la ocupación, este Diario encaró un informe sobre la construcción de estas viviendas, pero no obtuvo respuestas de la actual conducción del sindicato. Sus dirigentes también se llamaron a silencio una vez ocurrido el establecimiento de familias sin techo, en diciembre pasado.

A principios de los ‘70, el gremio decidió comprar el predio, como intermediario de 248 familias que buscaban lotes para poder construir su casa propia. No todas pertenecían a Smata.

El terreno, con fondos de los a la postre propietarios, se pagó en cuotas. Una vez que terminaron de abonarlo, el gremio presentó un proyecto en el Banco Hipotecario Nacional, pero "con el golpe de Estado de 1976 se suspendieron todas estas iniciativas", contó Esnaola.

Como desde esferas centrales no había respuestas, la conducción del gremio y los propietarios de los lotes decidieron cederlos a la Municipalidad, para que encare las obras, pero tampoco lograron tener sus viviendas.

Entonces, tomaron posesión nuevamente del predio. "Hubo una reunión entre 118 propietarios, que resolvieron comenzar un nuevo proyecto de viviendas de un dormitorio, living comedor, cocina y baño, con la posibilidad de ampliar en dos habitaciones más", señaló el referente gremial.

De los cimientos a las

50 casas ocupadas

Así fue que a fines de los ‘70 este proyecto se financió con el dinero que los propietarios aportaron de forma mensual. Construyeron cimientos, desagües cloacales y contrapisos.

"Pero el poder adquisitivo de la gente se vino abajo y no pudimos seguirlo. Estaban hechas las 118 bases, pero no se pudo seguir", recordó Esnaola, que además integró el consejo directivo nacional de Smata como secretario de Desarrollo Humano y Vivienda, y tramitó por planes nacionales no sólo del gremio mecánico, sino también de la CGT.

Luego llegarían las gestiones ante el Instituto de la Vivienda de la Provincia, por las que se logró edificar las 50 viviendas que hoy están ocupadas y sin terminar, a unos 300 metros de la avenida Juan B. Justo. Los vecinos que ocupan quieren quedarse y finalizarlas.

Esnaola no le encuentra explicación a que a principios de los ‘90 el expediente haya sido archivado. "En un momento se lo planteé a Trapote: ‘Tenemos que hacer la subdivisión de las 118 viviendas que están empezadas, para que cada uno las continúe’", comentó, porque "acá no es Smata el dueño de la tierra. Son 248 personas que pusieron la plata por el terreno y los 118 que lo hicieron para comenzar a construir".

Las viviendas ya están sorteadas y hay 50 adjudicatarios, por eso Esnaola se opone a que se las readjudiquen a los ocupantes, como piden algunos sectores.

"Muchos de esos cimientos los han ido tapando. Permitieron que los contenedores descarguen basura y escombros", dijo, con resignación, como una señal elocuente de lo que ocurre con el predio desde hace años: el abandono. *

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