El reencuentro público.

El reencuentro público, en el Chaco, entre Angel Rozas y Lilita Carrió, fue como el primer día frío del año, aunque cubierto con las formas de la diplomacia y el profesionalismo de la política, actividad que colman sus pasiones públicas.
En público no se percibieron gestos afectuosos, aunque lo que haya sucedido pareciera haber quedado en el olvido. Se vio un abrazo casi de compromiso.

De hecho entre ellos hubo sólo alusiones, nada directo que diera la sensación de un revivir del vínculo que alguna vez tuvieron.

Carrió recordó que, cuando fue convencional y después diputada, se subió a un tren "que ni yo sabía adónde me llevaba. Dejé el dinero, el bienestar y mi familia. Dios sabe por qué hace las cosas y sabrá por qué éste es el momento cuando tenemos que estar todos juntos".

Sí tuvo palabras de elogio para su amigo cordobés, Mario Negri, quien gestó encuentros con Rozas, al mismo tiempo que Morales fogoneaba el acercamiento por ambas vías. No sólo de lo personal habló, sino también de que en Córdoba no se pudo gestar el acuerdo que ya se entabló en 16 de los 24 distritos electorales del país.

Por eso Morales sostuvo que la chaqueña es una dirigente "con la mirada puesta en un proyecto nacional" y que "sin ella no habría acuerdo en Buenos Aires, ni en Capital ni en varias provincias argentinas (y estuvo) siempre privilegiando por encima de las aspiraciones de su fuerza el proyecto grande".

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