Redrado quiso entrar al Banco Central y la policía se lo impidió

Fue anoche, cuando apareció de sorpresa en la entidad, donde se lo esperaba recién hoy. No pudo llegar a su despacho, y en el hall de entrada hizo labrar un acta. Después fue a una comisaría y denunció penalmente al jefe de Gabinete.
Todos esperaban el desenlace de esta versión moderna del Antón Pirulero recién para hoy, cuando volviera a abrir sus puertas el Banco Central. ¿Pasará? ¿No pasará? Pero el ¿ex? presidente de esa entidad, Martín Redrado, apeló al "factor sorpresa" y ayer al caer la noche intentó ingresar a su despacho en el edificio de la calle Reconquista, que lucía vacía. Sólo pudo llegar hasta el hall de entrada. Allí, la policía que custodiaba el lugar le salió al cruce amablemente. "Tenemos órdenes superiores de no dejarlo pasar", le dijeron. Era lo que buscaba Redrado, que de allí se fue a una comisaría y denunció penalmente al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, por "abuso de autoridad" y por desconocer una orden judicial.

Redrado, a quien la presidenta Cristina Kirchner echó de su cargo al frente del Banco Central el 7 de enero pasado, llegó a la sede de la entidad junto a su abogado y un escribano. Atravesó el umbral entre sonrisas y caminó hasta el hall central. Según coinciden las versiones, allí lo enfrentó con amabilidad un oficial de la Federal, al que conocía. "Disculpe, presidente, pero tenemos orden de no dejarlo pasar", fueron sus palabras. Unos y otros labraron actas respectivas.

Al poco rato, Redrado estaba en la Comisaría 1, en pleno microcentro, donde formuló una denuncia penal -cuyo texto difundió más tarde- contra el jefe de Gabinete, "por habérsele impedido ejercer sus funciones como presidente del Banco Central".

Públicamente, Fernández había dicho el viernes que Redrado "no entra más al Banco Central". Fue luego de que la mayoría kirchnerista del Directorio, en la noche del viernes, designó al vicepresidente Miguel Pesce como nuevo titular. Se basó para hacerlo en un fallo judicial al que unos y otros interpretan de manera antagónica. Redrado considera que lo mantiene en su cargo. El Gobierno, que habilita finalmente su despido.

Según la lógica, el encontronazo entre el que quería entrar y quienes no querían dejarlo debía producirse hoy, lunes, cuando Redrado intentara a primera hora ingresar a su despacho. Por eso, desde el sábado había movimiento de policías en los accesos del BCRA. Y la conducción K de la entidad señaló anoche en un comunicado que Redrado "no puede ejercer el cargo y ante tal circunstancia es de aplicación el artículo 13 de la Carta Orgánica de la institución, que establece que el vicepresidente ejercerá las funciones del presidente en caso de ausencia o impedimento o vacancia del cargo".

Luego de madrugar a todos, Redrado informó a Clarín que hoy no volverá a concurrir a su lugar de trabajo. Pero también reiteró que no piensa renunciar hasta conocer el dictamen de la comisión bicameral que mañana en el Congreso comenzará a analizar si convalida o rechaza el DNU firmado por la Presidente Kirchner. Aunque ese dictamen no es "vinculante", es un requisito exigido por las propias normas del BCRA.

En la ausencia del aval legislativo se basó la jueza María José Sarmiento para conceder el amparo que permitió a Redrado seguir hasta ahora al mando del banco. El viernes, la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo ratificó la necesidad del trámite. Pero como no hizo mención explícita a la situación de Redrado, el kirchnerismo consideró su remoción como un hecho y procedió rápidamente a su reemplazo provisorio.

Tras su sorpresiva jugada de ayer, los abogados de Redrado apuntaron directamente hacia Aníbal Fernández, que el viernes señaló "que había recibido instrucciones de la Presidente de impedirle su acceso a la sede del Banco con la policía". Un comunicado explicó que "la actitud unilateral adoptada por el Jefe de Gabinete constituyó una flagrante violación de la medida cautelar ordenada por el fuero en lo Contencioso Administrativo, y un desconocimiento por las vías de hecho de la autoridad que inviste Redrado".

El dedo en la llaga: por desobedecer otra orden judicial, sobre las espaldas de Fernández pesa un pedido de juicio político impulsado por la oposición.

Cerca del jefe de Gabinete, sin embargo, dijeron a este diario que no había sido él quien montó el cerco policial. "Pesce ya asumió la presidencia y fue él quien ordenó no dejar ingresar a Redrado", señalaban anoche.

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