¿Recuperarán su caudal las lagunas juninenses?

La persistente sequía, que durante meses afectó a buena parte de la pampa húmeda, no sólo provocó daños en la generación de riqueza a través de la producción agropecuaria, el turismo y la pesca, sino que también trastocó el mapa natural de esta geografía y dejó una profunda huella en las condiciones de vida de numerosas especies.
El lugar geográfico es el mismo, pero el paisaje sufrió cambios tan drásticos que un visitante desprevenido puede suponer que equivocó el destino o que la postal que está mirando corresponde a otro sitio. La Laguna de Gómez muestra un aspecto muy diferente al de años atrás, porque la sequía sin precedentes que soportó hasta hace poco más de un mes toda la región provocó que las playas se extendieran decenas de metros, internándose en terrenos que antes eran dominados por enormes masas de agua.

La situación, que se repite en casi todos los espejos lacustres de la pampa húmeda, refleja la fuerte incidencia que tienen las alteraciones del clima, mientras que nadie recuerda un fenómeno de estas características en la historia de este tradicional sitio de los juninenses.

El responsable del Parador Costero de la Laguna de Gómez señalaba días atrás que en los treinta y tres años que lleva en el lugar nunca vio nada igual. Pese a las lluvias caídas durante septiembre y octubre, sus botes de alquiler permanecen en tierra y ya casi no quedan lanchas privadas en la guardería. La orilla de laguna está hoy a más de ciento cincuenta metros del embarcadero y, sin profundidad suficiente para meter siquiera un motor fuera de borda, su principal fuente de ingresos se convirtió en un charco turbio despoblado de pescadores.

Otras víctimas

Las penurias de centenares de familias que tienen su subsistencia atada a las lagunas bonaerenses, son apenas uno de los efectos de la sequía que se extendió más de un año. De manera menos perceptible, y apenas atenuada por las recientes lluvias, la escasez de precipitaciones dejó a su vez una profunda huella sobre los ecosistemas naturales de nuestro territorio.

Al deprimir o vaciar por completo espejos de agua a lo largo de miles de kilómetros cuadrados, la sequía ha alterado las condiciones de vida de numerosas especies. Desde el plancton a diversos mamíferos, la falta de agua ha producido una notable retracción en las poblaciones de peces, aves acuáticas, nutrias y hasta zorros, observan distintos biólogos.

Si bien numerosos estudios científicos coinciden en que se trata de un fenómeno cíclico, que luego encuentra su contraparte en intensas inundaciones, el paisaje que atraviesa hoy todo el territorio bonaerense no encuentra antecedentes en casi medio siglo.

Un mapa distinto

"En los ciclos de sequía, la evaporación del agua supera lo que aportan las precipitaciones, pero también descienden los niveles de aguas subterráneas, por lo que dejan de estar en condiciones de aportar a las lagunas. Entonces, como sucede ahora, uno se encuentra con la sorpresa de que incluso lagunas permanentes tienen niveles mínimos", explicó Mario Hernández, director de la maestría en Ecohidrología de la Universidad Nacional de La Plata e investigador del Conicet.

"Si bien esto tiene im-plicancias socioeconómicas directas porque afecta los recursos turísticos y pes-queros de los que viven muchas personas, se produce también un lío ecológico importante que la gente no percibe. Al haber evaporación sin reposición de agua dulce, se concentra la sal en las lagunas, desaparecen microorganismos y eso trastoca toda la cadena alimentaria", subrayó Her-nández.

En noviembre del año pasado, la aparición de unas veinte toneladas de peje-rreyes, carpas, sábalos y bagres muertos en las orillas de la laguna de Lobos -uno de los mayores pes-queros bonaerenses- produjo enorme preocupación. Si bien en principio se consideró la posibilidad de que fuera un caso de contaminación, el hecho de que el fenómeno se repitiera luego en otras lagunas terminó de confirmar que la causa de fondo era la sequía.

El fenómeno se conoce como "eutrofización" y es producto del déficit de oxígeno, las alteraciones de temperatura y el cambio en la salinidad del agua. Aunque más acentuado durante el verano, el biólogo Federico Argemi, de la dirección de Acuicultura del Ministerio de Asuntos Agrarios, asegura que debido a la actual sequía el fenómeno ha seguido produciendo mortandad de especies a lo largo de todo el invierno.

Pejerreyes

Integrante de un equipo que recorre cada año unas veinte lagunas provinciales para relevar la biomasa de peces -principalmente peje-rreyes-, Argemi expresó que "cuando falta oxígeno, los ejemplares más grandes son los primeros en morir" y que por esa razón hoy "se capturan mayormente piezas chicas" en las lagunas bonaerenses.

Pero la escasez de precipitaciones también disparó en forma alarmante la salinidad del agua, otro de los factores que determinan la subsistencia de la fauna. Si bien las lagunas bonaerenses tienden a ser de por sí saladas, la sequía hizo que algunas de ellas, como la de Chasicó, pasara de tener 15 a 29 gramos de sal por litro; y otras, como la Salada de Coronel Granada, hasta 40 gramos; es decir, cinco gramos más que la media registrada en el mar.

Concentraciones semejantes de sal arrasan con la mayoría de las especies de peces que se encuentran en las lagunas, salvo el pe-jerrey. "El pejerrey es un pez que vive mejor en aguas salobres, porque no tiene que competir por el alimento con otras especies, como el porteño, que crece más rápido y es su mayor rival", comentó Argemi.

Pero si la actual sequía va a redundar en una mayor presencia de pejerreyes en las lagunas bonaerenses es, sin embargo, un misterio. "Están dadas las condiciones y se espera que se desarrolle más, pero lo cierto es que esto es algo que no hemos visto nunca y no sabemos qué va a pasar", advirtió el biólogo.

El paisaje por ahora es muy distinto al de años atrás, las lagunas juninenses están casi secas y el gran interrogante es si a través de un régimen normal de lluvias podrán recuperar el nivel de agua que supieron tener y qué tiempo demandará hasta que vuelvan a generar interés turístico.

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