Recuerdos lejanos de la "bancofobia"

Recuerdos lejanos de la "bancofobia"
Las estadísticas privadas sobre "retención de clientes" marcan un alto grado de confianza de los depositantes en las instituciones bancarias, lo que deja bien atrás en el tiempo la histeria de la época del "corralito". A la par, suben los préstamos.
La supuesta bancofobia generada con el corralito parece una pesadilla olvidada. Según demuestra un relevamiento privado, el índice de "retención potencial del sistema bancario" está en el 83 por ciento, su valor más alto desde 2001, cuando los depositantes tendían a buscar refugios más seguros para sus ahorros. Junto a ese recupero de la confianza se produjo la gradual restitución del crédito, con un crecimiento notorio en los préstamos al consumo que toman los trabajadores en relación de dependencia. Pero no todas son rosas.

La predisposición a quedarse dentro del sistema está claramente expuesta en la última síntesis del relevamiento on line que hace D’Ale-ssio Irol en todo el país. Poco antes de 2001, el índice de retención tocó el valor piso del 69 por ciento. Muchos puntos por debajo del actual, aunque más alto de lo que podría suponerse a priori, cuando se recuerdan las airadas protestas de los ahorristas acorralados y las duras críticas al accionar de los bancos, debilitados por la fuga de recursos previa al congelamiento de depósitos.

Los responsables del Estudio Permanente de Banca Minorista –trabajo que la consultora realiza desde hace dos décadas– explican que en la última crisis bancaria muchos optaban por diversificar el riesgo, abriendo más de una cuenta en entidades diferentes, pero permanecían dentro del sistema. Hoy el 17 por ciento que no es "retenido" se reparte por mitades: la que busca una opción totalmente diferente para su dinero o la que se queda en el circuito bancario, aunque cambia de entidad o reduce la cantidad de productos (tarjetas o cuentas).

En julio de este año, la foto muestra que la mayoría de los usuarios no está pensando de cambiar de banco, aunque tampoco tiene manifiesto interés en hacer inversiones o bucear en el menú de productos que se le ofrece. Es más: según surge del análisis, no hay "fidelidad" en los clientes, que buscan prioritariamente promociones, descuentos por pagos con tarjetas y otros anzuelos del marketing, relegando a un segundo ítem de importancia la solvencia de la banca con la que operan.

La contracara de aquella recuperación de la confianza es la reaparición del crédito, aunque todavía escaso y caro para algunas actividades productivas. Un reciente trabajo de Deloitte & Touche deja al descubierto que la relación préstamos y depósitos sobre el PBI se está recuperando tras la drástica caída que tuvo después de 2001. Pero no alcanza los máximos de los últimos diez años.

El mismo texto revela que entre 2003 y 2009 los préstamos que más crecieron fueron los destinados a personas físicas en relación de dependencia otorgados básicamente por entidades no bancarias supervisadas por el Banco Central, como compañías financieras y cajas de crédito. El crecimiento neto de estos préstamos personales alcanzó en ese lapso 39.977 millones de pesos, contra un repunte de 19.503 millones de pesos destinados al sector manufacturero. Los recursos orientados al de servicios, por el contrario, retrocedieron un 30 por ciento.

El mapeo elaborado por Deloitte muestra a la provincia de Buenos Aires como una "aportante" neta de recursos, mientras que la Capital Federal es "tomadora": cinco de cada diez pesos que se prestan en el país corresponden a créditos tomados en la Capital Federal.

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