El recuerdo de una fructífera mediación papal

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el vicepresidente Julio Cleto Cobos se reencontraron en una misa en la Basílica. Sin embargo, no hubo saludo ni gesto entre los mandatarios.
En la homilía se exhortó a los funcionarios presentes a trabajar para “lograr juntos un país con plena inclusión social”.

La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, entró a la Basílica minutos antes de las 19.30 del lunes. Pasó por el banco en el que estaba sentado un ex menemista, una mandataria atea, un ex radical al que algunos aplauden y otros consideran poco confiable, y un ex duhaldista que hace tiempo supo recostarse sobre el hombro de Eduardo Duhalde pero hoy se siente más cómodo como kirchnerista. La presidenta ni los miró.

En otras palabras, no dirigió la mirada al pasar a centímetros del primer banco del lateral derecho, en el que estaban sentados el gobernador Daniel Scioli, la intendenta Graciela Rosso, el vicepresidente de la Nación Julio César Cleto Cobos y el senador nacional José Pampuro.

Todos los medios de comunicación, los obispos que con solapada intención organizaron el cruce y una gran cantidad de “cholulos” locales (no hay calificativo más acorde) estuvieron durante más de una hora esperando un gesto, una mirada, un saludo, un guiño entre Cobos y Cristina. No hubo nada, absolutamente nada.

Como correctos feligreses -aún aquellos/as que no comulgan con la religión católica- la presidenta, los más encumbrados funcionarios de su gobierno, autoridades nacionales, provinciales y comunales (estas últimas sin lugares asignados en el templo), invitados de otras creencias y vecinos, participaron de la misa celebrada en conmemoración del inicio, hace 30 años, de la mediación papal en el diferendo por el canal de Beagle, que evitó la guerra entre la Argentina y Chile.

Cristina Fernández, fiel a su costumbre, llegó tarde. Lo hizo sabiendo que la ceremonia no comenzaría sin su presencia. Entró a ritmo acelerado enfundada en un impecable conjunto negro. Aceleró el paso en los últimos metros de alfombra para disimular que no saludaría a su coequiper en el gobierno nacional, con quien está enfrentado desde el recordado voto contra la resolución 125.

Cristina se sentó en una silla con reclinatorio colocada a escasos metros del altar y allí permaneció durante toda la ceremonia. Sólo se paró para saludar a una familia chilena que entregará una imagen de la Virgen de Luján a las autoridades religiosas de su país natal.

“DIALOGAR MÁS”

“La paz entre ambos pueblos goza de buena salud. Ahora el desafío interno es construir una paz social más sólida sobre la base de la justicia y la solidaridad”, pidió el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, en la homilía que pronunció en la Basílica.

En la celebración eucarística, presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, Casaretto fue la voz de la Iglesia.

Consideró que “los argentinos necesitamos privilegiar el bien común por sobre los intereses personales” y exhortó a “dejar de lado todo lo que nos distancia y enfrenta, para tratar de encontrarnos en aquello que nos acerca”, por lo que pidió “dialogar más”. Ni Cristina ni Cleto se dieron por aludidos. En el momento de dar el saludo de la paz, ambos mandatarios –felices compañeros de fórmula hace poco más de un año- se quedaron petrificados en sus asientos y recibieron las salutaciones de un puñado de obispos y funcionarios.

En simultáneo con la misa local fue celebrada una eucaristía en el santuario chileno de Maipú, al otro lado de la Cordillera de los Andes, a la que asistió la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Tras destacar que “hace 30 años pudimos haber elegido la guerra, pero optamos por la paz, y así se logró superar el error de enfrentar y dividir”, el obispo Casaretto insistió en resaltar el sentido de la celebración eucarística: “A Dios le elevamos nuestra gratitud. Y debemos orientar la vida hacia la solidaridad y la concordia” para que “de cara al bicentenario de la patria, podamos trabajar para lograr juntos un país con plena inclusión social”.

Casaretto también subrayó el rol que cumplieron quienes en 1978 “en medio de las tinieblas, vieron esa lucecita que se transformó en una gran luz, y que gracias a la búsqueda del diálogo y el consenso, tuvieron la capacidad de iluminar nuestro actual camino”.

La misa trascurrió sin nada que se apartara del protocolo, hasta que se expresó: “Pueden ir en paz”. Todos se relajaron. Cristina dejó de mover su abanico y esperó el saludo de los obispos para retirarse del templo y compartir con un puñado de militantes pagos un acto en la plaza Belgrano. Cobos se escurrió entre la concurrencia y llegó a expresar su pena “porque hubiese sido un buen gesto el saludo con la presidenta”. Rosso pudo culminar su postura políticamente correcta dentro de una ceremonia religiosa. Y los medios pudieron dejar de mirar con ojos de lince cada movimiento de la dupla presidencial.

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