Recrudece la pelea entre las petroleras y el Gobierno por el precio del crudo

Recrudece la pelea entre las petroleras y el Gobierno por el precio del crudo
Hubo amenazas oficiales contra Esso y algunas empresas amenazan con frenar inversiones
La pelea por el precio del petróleo en la Argentina, que comenzó a finales del año pasado, se intensificó en la última semana. Los principales contendientes son Pan American Energy (PAE), la petrolera de la inglesa BP y la familia Bulgheroni, que ocupa el segundo lugar en producción de crudo en el país, y Esso, una de las mayores productoras de combustibles, junto a YPF, Petrobras y Shell.

El árbitro de la gresca es el Gobierno. Algunos funcionarios bien conocidos, como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y en especial Roberto Baratta, coordinador del Ministerio de Planificación y mano derecha del titular de esa cartera, Julio De Vido, están al mando de las negociaciones. En el mercado aseguran que el propio De Vido ordenó a Baratta que le encontrará una solución al conflicto lo antes posible, por lo que durante los últimos 10 días mantuvieron una multitud de reuniones.

Aunque la discusión se da entre dos empresas, en Planificación están más que preocupados por el tema. Sucede que de la resolución del conflicto pueden derivar consecuencias sociales importantes, como el despido de trabajadores petroleros —un gremio con alto poder de fuego—, un aumento en el precio de los combustibles e incluso la eliminación momentánea de las retenciones a la exportación de derivados del crudo.

La compañía de los Bulgheroni quiere aumentar el precio del crudo. Durante años PAE, al igual que el resto de las productoras, vendió el petróleo a un valor menor al internacional debido a la aplicación de retenciones y al control de precios en el mercado interno.

Ahora, con la venia del Gobierno, la empresa quiere aumentar el precio de su petróleo hasta los u$s 48 (hoy vende a u$s 42). Pero con la caída internacional en la cotización del barril —pasó de u$s 140 en junio a un promedio de u$s 40 en la actualidad—, Esso se niega a pagar lo que piden los Bulgheroni, e incluso insiste con el camino contrario: reclama una baja.

PAE lleva la voz de otras compañías, como la argentina Tecpetrol, de la familia Rocca, la norteamericana Chevron y la francesa Total. Todas se comprometieron a finales del año pasado a mantener las fuentes de trabajo a cambio de que los trabajadores aceptaran no abrir las paritarias durante todo 2009. Pero pocos días después de estampar su firma junto a las de De Vido y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, algunas empresas rompieron su compromiso y comenzaron con los despidos en Salta.

Las petroleras sostienen que si no logran un aumento en el precio del crudo sólo les queda disminuir inversiones y, en consecuencia, echar gente.

A diferencia de otras ocasiones, esta vez algunas refinadoras están dispuestas a que la sangre llegue al río. Pero rechazan de plano cualquier suba en el precio.

Las discusiones tomaron un tono dramático el viernes 9, cuando el propio Baratta amenazó con colocar un hombre del Gobierno dentro de la empresa, algo similar a lo que hizo De Vido con la transportadora TGN. Allegados a Esso negaron que se tratara de una “intervención”, como sucedió con la gasífera. “Fue una cuestión del momento”, intentaron bajarle el tono quienes participaron de la reunión en Planificación.

La amenaza no caló hondo en Esso. De hecho, la empresa sigue negociando una baja en las retenciones a la exportación de petróleo. Aunque no creen que se eliminen de plano, piden “un impasse” mientras dure el bajo precio del petróleo en el mundo.

La valentía de las refinadoras, esta vez, está inspirada en sus cuentas. En Esso y Shell aseguran que durante los últimos dos meses tienen “caja negativa” por dos razones: el precio del crudo que se vende en el país está 10% por encima del internacional (debido a la baja en el mundo y el control de precios local) y la caída en los valores de los productos que se exportan.

A eso se suma una devaluación de casi un 10% en el último año, que encarece el precio del crudo que compran.

“Pretenden que compremos el crudo a un valor de entre u$s 42 y u$s 47 y exportemos, por la aplicación de retenciones, a un precio de entre u$s 15 y u$s 20. Es absurdo”, se lamentan en una de las compañías.

Hace apenas meses, con un barril a u$s 140, la exportación de naftas le dejaba a las petroleras que exportaban u$s 84 por el equivalente a un barril.

En el sector de refinación aseguran que por la caída de los precios internacionales del crudo, y por lo tanto de los productos derivados, sumada a la aplicación de retenciones, exportan el equivalente a un barril de nafta a u$s 21, por debajo del costo de la materia prima. “En esta situación nos convendría incluso importar combustibles”, sostuvieron allegados al sector.

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