Recrudece el desempleo en Santa Fe.

Recrudece el desempleo en Santa Fe.
La falta o pérdida de trabajo angustia a las familias. Lo sufren tanto los sectores formales como informales. Diferentes entidades vieron crecer los pedidos de ayuda de los desocupados. Aumenta la demanda de planes sociales.
Un empleo, una changa, un plan social. Miles de santafesinos transitan por esas instancias como si fuesen casilleros de una cadena que se arma con eslabones cada vez más débiles. Y en el mundo del trabajo, debilidad significa precariedad.

Según la Encuesta Permanente de Hogares, el desempleo en el aglomerado Santa Fe creció durante el tercer trimestre de 2008 más de cuatro puntos respecto del mismo período del año anterior. Así, del 7,3 por ciento subió al 11,4 y se transformó en la ciudad con más desocupación del país.

Jefes de familia, mamás, referentes sociales y comerciantes le ponen voz a las estadísticas. Sus testimonios ratifican que otra vez muchos tienen menos empleo o directamente lo perdieron. Y se alarman por lo que pueda venir.

Vanesa es una madre de 21 años que llega a media mañana al Centro Integrado Comunitario (CIC) de Facundo Zuviría al 8200. Vino y se irá en bicicleta, con su nena de dos años a cuestas. Allí funciona una de las oficinas de empleo que dependen del Ministerio de Trabajo de la Nación, donde se administran los padrones de los beneficiarios de planes sociales nacionales.

“Vengo a preguntar por un plan Jefe de Hogar para mí”, le cuenta a El Litoral, con una timidez que casi le impide enfrentar el grabador. “Yo soy empleada doméstica pero nada efectivo. Y mi marido es peón de albañil, pero en los últimos meses el trabajo mermó mucho”, relata.

Viven en barrio Transporte. Su esposo tiene 24 años y es uno de los trabajadores de la construcción que sufrió el “amesetamiento” de la actividad de los últimos meses. “Se nos hace muy difícil llegar a fin de mes”, confiesa la joven mamá que vino a buscar al CIC algún paliativo, pero por ahora, sólo se lleva un “vuelva la semana que viene” como respuesta..

La última opción

Bárbara tiene veinte años y es de otro barrio, pero comparte con Vanesa la misma angustia. Tiene dos nenas -una todavía es bebé-, vino de Los Troncos y también llegó al CIC para preguntar por un plan.

“Mi marido tiene 25 años. Se quedó sin trabajo y se anotó por todos lados pero no hay nada. En el barrio no hay trabajo; todos le dicen que tal vez para este año lo llamen para algo”, le cuenta a este diario.

En Santa Fe, la mayor franja etaria de desocupados la integran las mujeres de hasta 29 años; le siguen los varones de la misma edad. Bárbara no trabaja porque se dedica a cuidar las dos criaturas. Ya está anotada para acceder a un plan social, pero también se va del CIC sin novedades.

La caída del empleo parece ser en la ciudad de Santa Fe casi directamente proporcional al crecimiento de la demanda de planes sociales. En la Oficina de Empleo del Club Mitre en barrio San Lorenzo, por ejemplo, una noticia mal interpretada fue suficiente para que los vecinos se agolparan en el lugar. El aviso era por un reempadronamiento de beneficiarios, pero la mayoría entendió que era la inscripción para una nueva grilla de titulares de planes a otorgar. El malentendido provocó una concurrencia abrumadora de gente.

“Todos venían a pedir información porque se querían anotar para tener un plan”, contó a El Litoral uno de los encargados de la oficina. Más allá del incidente, quienes atienden en el Club Mitre aseguran que en los últimos meses crecieron las consultas de personas que se quedaron sin trabajo, en muchos casos, mujeres que eran empleadas domésticas.

Según las cifras que también difunde el Indec, si el desempleo se mide sin los planes Jefes de Hogar, el recálculo suma un 8,1% más de desocupación.

Sin excepción

El desempleo no sólo golpeó en las ocupaciones precarias y eslabones más débiles. La Bolsa de Trabajo del Centro Comercial de Santa Fe también recibió en los últimos meses del año muchas menos demandas para cubrir vacantes en locales de la ciudad.

“Aquí nos manejamos con los comercios que notifican sus vacantes y a partir de allí se inicia una búsqueda mediante avisos en los diarios y pedidos de personal. Y hemos notado, sobre todo en noviembre, una merma tal vez de la mitad de los pedidos de empleo que teníamos en el mismo período del año pasado, y de entre un 20 y 25% menos que el mes anterior. Los comerciantes, ante las bajas expectativas de ventas de fin de año, no tomaron personal de refuerzo. Esto no es representativo del mercado, pero tal vez marca una tendencia”, explicó Lionel García a El Litoral.

Sin el rigor de una estadística pero con el valor testimonial, desde Cáritas también se relató la experiencia. Ya no funciona allí la otrora Bolsa de Trabajo, sin embargo, muchos se acercan a pedir datos sobre algún empleo.

“Está viniendo mucha gente a pedir trabajo de carácter informal, por ejemplo de la construcción, que se quedaron rezagados. En el trabajo informal esto se ha notado mucho; también en los que hacen changas. No vienen todos los días, pero sí es muy frecuente. Son personas de mediana edad, de entre treinta y cincuenta años. Pequeños capataces que tenían dos o tres obreros a cargo en la construcción, o vendedores de la vía pública que venden poco y nada”, cuenta a El Litoral el padre Axel Arguinchona.

El sacerdote narra el nuevo cuadro social con pesadumbre.

“Los pedidos vienen de todos lados. Notamos que se ha incrementado la afluencia de gente que viene a pedir trabajo, desde hace dos a tres meses. La demanda ha aumentado. Es triste y estamos muy preocupados”, confesó.

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