La recreación del ministerio de la Producción

El 2 de enero de 2002, un día después de asumir la Presidencia de la Nación, tomé la decisión de crear el primer ministerio de la Producción de la historia argentina.
Paralelamente, se formó el Gabinete Productivo Nacional; quince días más tarde se constituyó el Gabinete Productivo Federal, integrando las áreas relacionadas con la producción de todas las provincias argentinas y luego, en un trabajo de 120 días, detectamos 80 cadenas de valor, sus características, alcances y necesidades de acompañamiento. Fue ese accionar, con la celeridad que exigían los tiempos, una de las claves de la puesta en marcha del país, que para muchos, no conocedores de las verdaderas potencialidades productivas de la Argentina, resultó asombrosa.

Si comienzo esta nota con esas puntualizaciones, no es para cantar loas a mi gestión, puesto que no hice más que lo que el buen sentido y la experiencia indicaban como único rumbo posible. Lo hago para señalar que la reciente reapertura del ministerio de la Producción que ha anunciado el gobierno no puede ser tomada de otra manera que como una medida auspiciosa por quienes, desde el Movimiento Productivo Argentino, venimos llevando desde el año 2000 una prédica incansable alrededor de la idea de que son las fuerzas productivas de un país las que generan riqueza y bienestar para sus habitantes.

Es desde esta experiencia exitosa que puedo afirmar que la mera enunciación de un nuevo ministerio debe ser leída como una medida necesaria, pero no suficiente. Esta salvedad parece imprescindible cuando hablamos de un gobierno que parece confundir decir con hacer; y que se ha caracterizado por los reiterados anuncios que rápidamente caen en el olvido o son desvirtuados en el transcurso de su implementación, desde planes de viviendas, escuelas y hospitales, hasta obras faraónicas de dudosa necesidad.

Por eso, es necesario señalar que se precisan una serie de acciones inmediatas que le den sustento real a esta nueva estructura, en medio de la grave crisis que en la actualidad enfrenta la Argentina y el mundo.

El esquema de trabajo coordinado e interdisciplinario que se aplicó exitosamente durante mi presidencia es el que permitirá nuevamente que los recursos gubernamentales ya existentes --pero que hoy son subestimados o mal empleados por parte de las autoridades-- sean puestos al servicio real de las fuerzas productivas.

Por otra parte, es necesario que los responsables del Estado conozcan en profundidad las cadenas de valor y las características de las economías regionales; que identifiquen los nichos de exportación favorables y analicen cuidadosamente las oportunidades de negocios que se nos presentan; para, así, poner a disposición de la producción nacional los incentivos que den impulso al consumo interno y amplíen nuestra capacidad exportadora.

También deben cumplir un rol activo el sistema educativo y de investigación científica, poniéndose al servicio de las necesidades y prioridades de las empresas y demás ámbitos de desarrollo económico y social.

Finalmente, se debe poner al Estado en un rol que le compete en exclusividad: el de rodear de prestigio social a aquellos que toman la responsabilidad de crear riqueza y generar trabajo, creando un clima amigable para la producción del país y sus protagonistas.

En resumen: para que el anuncio sea válido, debería ser dotado de contenido real y acciones concretas. De no ser así, una vez más la iniciativa quedará a merced de a la particular visión personal y caprichosa del ex presidente, que ha dado ya más que suficientes muestras de no comprender la dinámica de las fuerzas productivas, enredándose en enfrentamientos estériles y generando irritación y desconfianza en aquellos que debieron haber sido sus aliados naturales. Esta posibilidad --probable a la luz de la experiencia-- nos llevaría inevitablemente a una dolorosa y por nadie deseada frustración más.

Eduardo Duhalde/Ex presidente de la Nación

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