Se recordó en Luján la mediación papal del 78

A la celebración eucarística, presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, asistió la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner a las 19.30 en la Basílica Catedral
El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro opinó que “La paz entre ambos pueblos goza de buena salud. Ahora el desafío interno es construir una paz social más sólida sobre la base de la justicia y la solidaridad” en la homilía que pronunció en la basílica de Nuestra Señora de Luján, durante la misa celebrada en conmemoración del inicio, 30 años atrás, de la mediación papal en el diferendo por el canal Beagle, que evitó la guerra entre la Argentina y Chile.

A la celebración eucarística, presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, asistió la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner; el vicepresidente, Julio Cobos; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli; representantes de los tres poderes del Estado, sindicalistas, empresarios, productores rurales y miembros de otros credos.

Simultáneamente fue celebrada una Eucaristía en el santuario chileno de Maipú, al otro lado de la Cordillera de los Andes, a la que asistió la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

Tras destacar que “hace 30 años pudimos haber elegido la guerra, pero optamos por la paz, y así se logró superar el error de enfrentar y dividir”, el obispo insistió en resaltar el sentido de la celebración eucarística: “A Dios le elevamos nuestra gratitud”, aseveró.

Monseñor Casaretto exhortó a orientar la vida “hacia la solidaridad y la concordia” y, de cara al bicentenario de la patria, trabajar para “lograr juntos un país con plena inclusión social”.

El prelado se refirió a la “oportuna intervención” el 22 de diciembre de 1978, de “ese joven Papa, hombre de Dios, Karol Wojtyla, quien conocedor del horror de la guerra, asumió de modo valiente” la mediación y envió al cardenal Antonio Samoré como su representante.

Aquel purpurado vaticano dijo a su colaborador más inmediato, monseñor Faustino Sainz Muñoz, actual nuncio en Gran Bretaña: “Vamos a necesitar un océano de paciencia”. Paciencia, acotó, para “vencer la violencia, diálogos difíciles para vencer la obstinación...”, reveló monseñor Casaretto.

La Presidenta llegó instantes antes de las 19.30 y fue recibida en las escalinatas de la basílica por el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Agustín Radrizzani, y el titular de la Comisión Nacional Justicia y Paz, Eduardo Serantes, a cargo de la organización del acto cívico-religioso.

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