Reconstruir una economía mejor

Por: Gordon Brown

Hace casi seis meses, mi administración asumió funciones en medio de la crisis económica más grave desde la Gran Depresión. Por entonces, perdíamos un promedio de 700 mil puestos de trabajo por mes. Y eran muchos los que temían que nuestro sistema financiero estuviera al borde del colapso.

Las rápidas y agresivas medidas que tomamos durante esos primeros meses de gobierno ayudaron a sacar del abismo tanto a nuestra economía como a nuestro sistema financiero. Tomamos medidas para que se reanudaran los préstamos a las familias y las empresas, para estabilizar a nuestras instituciones financieras más importantes y para ayudar a los propietarios a mantener sus viviendas y pagar sus hipotecas. Aprobamos también el plan de recuperación económica más revolucionario en la historia de nuestro país.

No se esperaba que la Ley de Recuperación y Reinversión devolviera a nuestra economía toda su salud, pero sí que le diera el impulso necesario para detener la caída libre. Hasta ahora, lo ha logrado. Fue, desde un comienzo, un programa a dos años, que salvará y creará puestos de trabajo de forma paulatina a medida que transitemos este verano y otoño (boreal). Debemos dejarlo funcionar en la forma como se supone que debe hacerlo, con la comprensión de que en toda recesión la desocupación tiende a recuperarse con mayor lentitud que otros parámetros de la actividad económica.

Estoy seguro de que Estados Unidos va a capear esta tormenta económica. Pero cuando hayamos limpiado los restos, la verdadera pregunta que debemos formularnos es qué es lo que vamos a construir en su lugar. En este proceso en el que salvamos a nuestra economía de una crisis total, insistí en que debemos reconstruirla mejor de lo que estaba antes. Ya que si no aprovechamos este momento para hacer frente a las debilidades que asolaron a nuestra economía durante décadas, nos expondremos nosotros y nuestros hijos a futuras crisis, a un crecimiento más lento, o a ambos.

Hay quienes dicen que debemos esperar para enfrentar nuestros desafíos. Están a favor de un enfoque gradual o bien creen que no hacer nada es la respuesta en cierta forma. Pero este es exactamente el pensamiento que nos llevó a este aprieto. Ignorar los desafíos y aplazar las decisiones difíciles es lo que hizo Washington durante décadas y esto es exactamente lo que busqué modificar al postularme para la presidencia.

Ahora es el momento para construir una base de crecimiento más firme y sólida, que no sólo soporte las tormentas económicas futuras sino que nos ayude a prosperar y competir en una economía global. Para construir esa base, debemos bajar los costos de salud que nos están endeudando, crear los puestos de trabajo del futuro dentro de nuestras fronteras, dar a nuestros trabajadores la capacidad y entrenamiento que necesitan para competir por esos puestos y tomar las duras decisiones necesarias para reducir nuestro déficit en el largo plazo.

Ya estamos logrando progresos en la reforma de salud que controla los costos garantizando al mismo tiempo elecciones y calidad, así como en una ley de energía que hará de la energía limpia un tipo de energía rentable, lo que llevará a la aparición de empleos e industrias totalmente nuevos, que no podrán realizarse en el extranjero.

Y esta semana me voy a referir a cómo vamos a hacer para capacitar a nuestros trabajadores de forma tal de que puedan competir por estos empleos del futuro. En una economía en donde se estima que los empleos que exigen al menos un título universitario corto crecerán al doble de velocidad de lo que no exigen ninguna experiencia universitaria, nunca fue más importante seguir estudiando y capacitándose después de la secundaria. Por ello es que nos hemos fijado el objetivo para 2020 de ser los primeros en el mundo en graduaciones universitarias. Parte de este objetivo se cumplirá ayudando a los norteamericanos a solventar mejor una educación universitaria. Pero otra parte se centrará en fortalecer nuestra red de institutos terciarios.

Creo que es hora de reformar nuestros institutos terciarios para que ofrezcan a los norteamericanos de todas las edades una chance de aprender las habilidades y conocimientos necesarios para competir por los trabajos del futuro. Nuestros institutos terciarios pueden funcionar como centros de capacitación laboral del siglo XXI, que trabajen con las empresas locales de modo de ayudar a los trabajadores a aprender lo que necesitan para ocupar los empleos del futuro. Podemos reasignar los fondos de modo de ayudarlos a modernizar sus edificios, aumentar la calidad de los cursos online y cumplir a la larga con el objetivo para 2020 de que se gradúen en estos institutos terciarios 5 millones de norteamericanos más.

Dotar a todos los norteamericanos de las habilidades que necesitan para competir es un pilar de una base económica más fuerte y, al igual que la energía o la atención de la salud, no podemos esperar a hacer los cambios. Debemos seguir limpiando los escombros que dejó esta recesión pero es hora de colocar en su lugar algo mejor. No será fácil y seguirá habiendo quienes argumenten que debemos aplazar decisiones difíciles. Las generaciones anteriores no construyeron este gran país temiéndole al futuro y encogiendo nuestros sueños. Esta generación debe mostrar el mismo coraje y determinación. Creo que lo haremos.

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