Reconstrucción con dudas sobre el despegue.

Con un horizonte lejano aún en el tiempo sobre el cual proyectar un futuro político, el gobernador Daniel Scioli alimenta dudas sobre en qué medida se pudo amortiguar el impacto de una derrota que también lo tiene como padre.
Tras una imagen de cierto autismo similar al que mostraba la Casa Rosada en la semana siguiente a los comicios, parece haber algún acuse de recibo que se traduciría en algunos cambios que se meditan sobre el gabinete o sobre políticas en general.

La oposición parece, tras su triunfo, llevar la batuta del discurso, adaptando sus palabras y enfatizándolas según la señal que provenga del gobierno. Si hay cambios de hombres, se dirá que son insuficientes si no hay cambios de políticas y viceversa, no se advierten políticas de fondo nuevas si no hay un baño de frescura y renovación en los equipos de colaboradores.

También otras disyuntivas atacan y con fuerza. La derrota fue contundente: siete de cada diez bonaerenses le dijeron no al kirchnerismo (incluyendo al sciolismo), pero deja un elemento de análisis sobre el cual su primer abordaje debe ser de optimismo o pesimismo. Poseer un 30 por ciento de favores del electorado no significaría una ruina total desde una perspectiva optimista y puede dar lugar a pensar en una plataforma de reconstrucción. Pero, pensarlo desde la otra vereda supone haberse llegado a un techo insuperable y del cual sólo puede esperarse un camino decreciente.

Desde las dos perspectivas igualmente se debe pensar en un futuro. Scioli es conciente de ello y analiza fortalezas y debilidades al respecto.

Si se empieza por las debilidades, se debe destacar que su protagonismo en la campaña y aún el que heredó de Kirchner como titular del justicialismo suma más como una pesa de plomo que como un incentivo a la reconstrucción. Si intenta despegarse, esas formas lo conducen a un callejón sin salida.

En cambio, su principal fortaleza es su imagen de gestión y de dialoguista que le permitió superar su pertenencia a distintos gobiernos e improntas provenientes del menemismo, duhaldismo y de los puntanos Rodríguez Saá. En todos los casos, una fortaleza propia de imagen promovía un despegue sin mayores consecuencias traumáticas.

Da la sensación que no abunda mucho el crédito que proporcionó esa imagen histórica y que ahora deberá buscarlo en el banco de la reinvención política constituyendo, tal vez, uno de los exámenes más difíciles desde el inicio de su carrera como diputado nacional. Y si, como suponen los manuales, la gestión es la mejor herramienta, su distracción en la titularidad partidaria por quehaceres encomendados por el kirchnerismo hizo perder algo más del patrimonio por acciones cuya cotización viene en descenso.

No son pocos los voceros de distintos espacios internos que aluden a los consejos de propios y extraños sobre las problemáticas de su continuidad en la administración partidaria. Incluso de quienes por una coyuntura política son adversarios, pero que se sienten amigos del mandatario.

La otra puerta para la reconstrucción parece ser la del despegue, tarea que si era difícil de ensayar en la previa ahora puede prometer un importante riesgo por mala instrumentación. Además influye lo tardía de la decisión. Varios potenciales aliados de un incipiente poder bonaerense dejan de atender el teléfono para ensayar otros armados. Gobernadores de otros distritos, enaltecidos por sus victorias regionales, prefieren agruparse nuevamente en una liga con peso específico propio frente a otros supuestos liderazgos.

Si en épocas tempranas no se realizó tal despegue puede obedecer a temores, incertidumbres o no haber dibujado el mejor camino para tal fin. Encaja en este contexto la expresión "no pudimos, no supimos, no quisimos" de Alfonsín.

La apuesta es tal vez a un despegue natural, termino sobre el cual habrá que buscar si existe en el diccionario del arte de la política. El despegue implica una decisión importante de promover algo diferente y no la pasividad a la espera de un cambio del contexto que, en este caso, implicaría una abdicación total a plazo fijo del matrimonio que hoy gobierna el país.

Sería hablar de un post kirchnerismo desde una posición delicada. Aludir a una etapa supuesta de superación de un espacio al que se pertenece implica también un cierta señal de exclusión y , por tanto de desconfianza, en recibir el legado. Por otra parte, el poder no se hereda, se construye por más importante que haya sido aquél que dejó tal legado. Esto el peronismo lo aprendió y bien en 1983 con una derrota electoral aún habiendo recibido un preciado tesoro de quien fue uno de los presidentes más importantes.

La reinvención deberá hacerse en base a las herramientas mejor conocidas y utilizadas por Scioli. Puede ser a través de la puesta en escena de una imagen de apertura hacia el consenso -que necesitará ante una legislatura opositora-. O puede ser por medio de fijación de metas que sean de fácil resolución o que marquen un camino positivo. Ocurre que las problemáticas no son menores en la Provincia y remiten a la inseguridad trágica cotidiana, la falta de recursos financieros y una educación en la cual aparecen episodios más que dramáticos respecto de insuficiencias.

Aún en la recuperación de terreno sustancial en lo político, aparecen también en escena nuevos y potenciales protagonistas. La designación de Aníbal Fernández en la Jefatura de Gabinete nacional obedece a varios objetivos, entre ellos tener en vidriera a alguien más en confiar para la Provincia con más recursos del país. Así lo han hecho saber a manera de código cifrado y no tanto varios voceros informales desde Balcarce 50.

Todo implica que, en mas de un escenario, la presión en los dos años y medio que restan de gestión provincial, será mayúscula y obligará a tomar decisiones audaces en ritmos mucho más exigentes que en tiempos previos a la elección plebiscitaria con resultado negativo.

Por un pequeño consuelo pelea el oficialismo provincial en el ámbito parlamentario. Se tiene una firme expectativa de diálogo positivo para procurar una permanencia de Horacio González al frente de la Cámara de Diputados. Esa posible concesión de la oposición no sería gratuita y significaría sacrificar la vicepresidencia que hoy ocupa el diputado provincial Julián Domínguez.

Si bien la ocupación de tales cargos tienen su importancia en relación con la ley de acefalía. Lo más importante para los momentos que corren es la definición de una agenda de temas a tratar como urgentes en el recinto de ambas cámaras. La estructuración de la misma dará señales de cuanto concedió el Ejecutivo y cuanta participación incrementó la representación de la oposición.

Por otra parte, a nivel regional las acciones van en ascenso o descenso según sean las lecturas de los últimos comicios. El vasco Alfredo Goicoechea finalmente ingresó al senado para un mandato más, pero no quedó muy bien parado en la quinta sección y es posible que sufra muchas presiones si quiere mantener su presidencia del bloque oficialista.

En esa sección subió con creces su cotización, según señalan, el intendente de Villa Gesell, Jorge Rodríguez Ernetta. "Cumplió los deberes ganando en todo no sólo para concejales, sino para todas las categorías, incluyendo la tira de diputados nacionales y eso demostró lealtad hacia el proyecto", graficó un dirigente provincial con buen diálogo con la Gobernación.

En ese sentido, señalan que no fue fortuito que el propio Daniel Scioli haya elegido Villa Gesell como primer encuentro con intendentes tras los comicios. Con distintas señales, agregaron, se va marcando quien es quien en el oficialismo después de los comicios.

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