"Si no recomponen la solidez fiscal, habrá más recesión"

"Si no recomponen la solidez fiscal, habrá más recesión"
• Entrevista a Pablo Guidotti. «Si el Estado sigue haciendo la plancha, problema del futuro gobierno es sensacional»
«Si el Estado sigue haciendo la plancha, el problema que le dejará al futuro Gobierno es sensacional». La advertencia la hizo el economista Pablo Guidotti, hoy a cargo de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella. En una entrevista con este diario tras las elecciones, recalcó que el nombramiento de directores del Gobierno en empresas privadas «es un política equivocada que se puede resolver relativamente fácil si el Estado cambia las acciones que tiene por acciones preferidas». Agregó que de esa forma «no necesita poner directores y recibe, en vez de dividendos, un cupón como si fuese un instrumento de deuda. Debería haberse analizado bien técnicamente el tema. Pero parte del problema que hay hoy es mucha falta de profesionalismo».

Periodista: Tras las elecciones, ¿qué debería hacer la Argentina?

Pablo Guidotti: En los próximos meses habrá que hacer esfuerzo para recomponer la solidez fiscal. Volver a poner al gasto en línea con los ingresos. Si no, ocurrirá que todo el mundo anticipará mayores impuestos y retenciones, y la recesión no se evitará. Nosotros igual hemos inventado una forma mucho más simple de eliminar la recesión: adulterando las cifras oficiales. Es una forma gratis de salir de la crisis, sin necesidad de estímulo fiscal.

P.: ¿El país está cubierto financieramente este año?

P.G.: La Argentina está en mejor situación que otros países por cuestiones lamentables, como el default. Las necesidades financieras son más chicas, incluso en el sector privado, dado que como la economía estuvo en default las empresas no pudieron emitir deuda durante mucho tiempo y entonces no deben enfrentar grandes vencimientos. Pero la tranquilidad es solamente transitoria. La Argentina debe resolver cómo normalizar su relación con los mercados de capitales. Pretender que el país va a vivir de las reservas internacionales es realmente un absurdo.

P.: ¿Se resolverá la llegada de inversión extranjera?

P.G.: Si el Estado sigue haciendo la plancha, el problema que le dejará al futuro Gobierno es sensacional. Hay que generar incentivos para que los empresarios tengan seguridad con respecto a tratamientos impositivos, a que no habrá interferencias estatales. No se puede seguir viviendo de las inversiones de la década pasada. Los niveles de inversión directa interna están muy bajos. Se está hipotecando la tasa de crecimiento de la economía de mediano plazo. Se puede tener un Gobierno que no haga nada, pero dos es mucho.

P.: El cambio en la composición del Congreso ¿ayudará con estas cuestiones?

P.G.: Sólo garantiza que lo que deba ser aprobado por ley tenga consenso. Pero las cuestiones más importantes debe decidirlas el Ejecutivo.

P.: ¿Cómo evalúa el otorgamiento de créditos con dinero de la ANSES?

P.G.: Depende de cuánto se preserve la calidad de los activos. Es un problema si los fondos se usan para financiar al Estado en gastos corrientes. Si hay préstamos hipotecarios, no es muy diferente de fondos de pensión invirtiendo en el sistema financiero, y éste luego dando crédito hipotecario. A la larga lo que va a haber que analizar es cómo se preservan los fondos. Igual, suena extraño tener un gran fondo de inversión estatal con muy pocos controles y con permanente intervención en los directorios de empresas.

P.: Los directores en las empresas debían nombrarse.

P.G.: No. Creo que es una política equivocada que se puede resolver relativamente fácil si el Estado cambia las acciones que tiene por acciones preferidas. De esa forma, no necesita poner directores y recibe, en vez de dividendos, un cupón como si fuese un instrumento de deuda. Debería haberse analizado bien técnicamente el tema. Pero parte del problema que hay hoy es mucha falta de profesionalismo. La capacidad técnica del Estado se deterioró mucho.

P.: ¿Las señales de recuperación que se están dando en Estados Unidos son suficientes para hablar de una recuperación?

P.G.: Hay señales de que las acciones que están tomando los bancos centrales y los gobiernos comienzan a tener efecto. Pero están mezcladas. Es como lo definió Larry Samers: ahora sabemos que no estamos cayendo de un precipicio, pero tampoco podemos hablar de una franca recuperación. Yo creo que hacia fin de este año ya se comenzará a ver la recuperación con más claridad.

P.: ¿Qué queda por hacer?

P.G.: Aun así, queda mucho trabajo por hacer. Los mercados de capitales comienzan a normalizarse, pero no tienen la fluidez necesaria para ser utilizados por el sector privado de las economías emergentes. Todavía las colocaciones de bonos de empresas son muy inferiores a las del año pasado.

P.: ¿Hay instrumentos que aún no se hayan utilizado?

P.G.: Los que se empezaron a poner en marcha con la reunión del G-20 en Londres tendrán que ser utilizados. Por ejemplo, se amplió la capacidad del crédito, se fortaleció el rol de fondo monetario con líneas accesibles, y se fortaleció el rol de otros bancos, como el Mundial o el BID.

P.: ¿Tiene alguna crítica a lo hecho hasta ahora para salir de la crisis?

P.G.: Mi crítica sería que pone mucho énfasis en la ayuda al sector público cuando hoy, en particular mirando a las economías emergentes, da la impresión de que los Estados están en mejor situación por la acumulación de reservas que han logrado en los últimos seis años. Están mejor que el sector privado. Hoy la presión en el mercado de capitales es más probable que venga por el lado de las empresas. Otro tema pendiente son las reformas regulatorias, lo que se aprende de esta crisis y se plasma en el marco regulatorio.

P.: La expansión monetaria ¿es preocupante?

P.G.: No veo que las expansiones monetarias de los bancos centrales vayan a poner un riesgo muy grande en cuanto a presiones inflacionarias. Se van a reabsorber en forma automática. Los bancos centrales tienen los instrumentos para evitarlo. Si vuelven a subir los precios de los commodities, el petróleo y la energía será el mismo desafío que había antes de la crisis. Donde hay un desafío más difícil es en los aspectos fiscales. Una vez que termine la reestructuración de los sistemas financieros y los paquetes de estímulo fiscal, a juzgar por las estimaciones del FMI, vamos a tener niveles de endeudamiento públicos muy grandes. Hablamos del 200% del PBI en Japón y cercanos al 100% en EE.UU., Alemania y Francia.

P.: ¿Qué lección no debe dejar pasar la Argentina?

P.G.: Parte de lo que generó el accionar de los países avanzados es la sensación de que la política fiscal debe jugar un rol importante y ser contracíclico. También es que la aplicación de estímulos fiscales no es una receta recomendable para todos los países. Para hacerlos, hay que tener credibilidad fiscal, una característica que tienen los países avanzados y algunos emergentes, pero no todos. Se ha perdido de vista que estímulo fiscal son determinados gastos que tienen un carácter temporal y que tienen efectividad en el corto plazo, no cualquier gasto.

P.: ¿Duda de la efectividad de una política contracíclica?

P.G.: Chile, por ejemplo, es un país que hizo mucha propaganda por su política fiscal responsable y por la creación de un fondo anticíclico, y hasta se dio el lujo de decidir un paquete fiscal muy importante. La verdad es que hoy Chile está en recesión. Entonces el rol de la política fiscal contracíclica ha sido sobrevendido. Aun un país ideal desde el punto de vista fiscal como Chile no pudo evitar la crisis. En situaciones puede no tener mucho efecto. Parte del éxito de un estímulo es si la gente cree que el aumento del gasto termina siendo permanente. La teoría económica muestra que lo atribuye a aumento futuro de impuesto. En algunos países con fragilidad, aunque el gasto fuese eficiente, puede generar muchas dudas.

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