Un reclamo más por Malvinas

Un reclamo más por Malvinas
Los países miembros, incluidos los europeos España y Portugal, respaldaron un pedido a Gran Bretaña para negociar la soberanía de las islas.
La coincidencia reforzó el reclamo. El mismo día en que entró en vigor el Tratado de Lisboa, que regirá para la Unión Europea, la presidenta Cristina Kirchner expresó su protesta por la inclusión en el texto de las islas Malvinas como territorio asociado de Gran Bretaña. "La ocupación ilegal de las islas Malvinas no es solamente una aseveración argentina, sino un reclamo internacional", señaló Cristina Kirchner luego de sumar el respaldo de los países que participaron en la Cumbre Iberoamericana, que quedó clausurada ayer en la ciudad portuguesa de Estoril.

La presidenta argentina advirtió que se debe "recordar el derecho internacional" y también que las Naciones Unidas han instado a la Argentina y al Reino Unido a "sentarse a la mesa de negociaciones, lo que hasta ahora no se ha podido cumplir por la negativa" británica.

El reclamo no quedó sólo en la declaración de la jefa de Estado. El canciller argentino, Jorge Taiana, llegó ayer a Bruselas, sede de la Unión Europea, adonde llevó también el planteo de rechazo a la inclusión del archipiélago de Malvinas como territorios de ultramar británicos. "El gobierno argentino instruyó a la embajada ante la UE y a las embajadas acreditadas ante los 27 Estados miembros de la UE para que presenten notas de protesta ante las respectivas autoridades rechazando tal pretensión", indicó la Cancillería.

Taiana celebró el apoyo de España y Portugal –dos países que integran la Unión Europea– al planteo argentino al sostener que "se demuestra que vamos avanzando hacia la creación de las condiciones para que se lleve al Reino Unido a la mesa de negociación y se siente a negociar con Argentina la soberanía de las islas Malvinas".

De hecho, el primer ministro portugués, José Sócrates, compartió la conferencia de prensa con Cristina y sostuvo que "todos los europeos" están a favor de "la resolución pacífica de los conflictos, la paz y el multilateralismo", por lo que la entrada en vigor del Tratado de Lisboa es "una buena noticia para el mundo". Fernández devolvió la gentileza y dijo que es "muy importante que un país como Portugal considere que es necesario dialogar y cumplir con el derecho internacional". El comunicado aprobado por la Cumbre Iberoamericana reafirma que la Argentina y el Reino Unido deben retomar "a la brevedad posible, las negociaciones para encontrar una rápida solución para la disputa de la soberanía".

OPINIÓN

Paradojas de la diplomacia

Jorge Argüello (Embajador. Representante Permanente

de la Argentina ante la ONU)

Terminado el recuento de votos sobre el futuro del bloqueo económico a Cuba, se hizo oír la voz del libio Ali Treki, presidente de la Asamblea General de la ONU: "Votaron los 192 países miembros, 187 a favor, 3 en contra y 2 abstenciones". Una vez más y de modo terminante, se aprobaba la resolución que plantea la necesidad de poner fin al embargo estadounidense contra la isla. Las intervenciones en el recinto habían coincidido en criticar la política de Washington hacia el país caribeño, calificándola de violatoria del Derecho internacional por la imposición de sanciones unilaterales extraterritoriales, en contradicción con medidas emanadas de los órganos de Naciones Unidas. Aún así, el embargo no cesa porque Estados Unidos se niega.

En un ejercicio similar, la Asamblea General de las Naciones Unidas viene aprobando resoluciones exigiendo que la Argentina y el Reino Unido inicien negociaciones bilaterales directas sobre la cuestión Malvinas. A partir de la resolución 2065, en 1965, que fuera aprobada de modo contundente (de los 117 miembros de entonces, 108 estuvieron en la Sesión, 94 votaron a favor, ninguno en contra y 14 se abstuvieron, entre ellos el Reino Unido), la comunidad internacional viene reconociendo allí, año tras año la existencia de una disputa de soberanía, definida como una de las formas de colonialismo a la que debe ponerse fin, sin demoras, mediante negociaciones directas de las dos partes. Aún así, las negociaciones no empiezan porque Gran Bretaña se niega.

La comparación arroja a un resultado notable: en ambos reclamos, tanto la Argentina como Cuba, obtienen el apoyo de la comunidad internacional para ejercer de modo efectivo su soberanía. En el caso cubano, el embargo estadounidense impacta tan negativamente en la economía y en la vida cotidiana de la Isla que impide la realización de la sociedad conforme a sus propios deseos. En el caso del reclamo argentino por la cuestión Malvinas se trata de crear las condiciones propicias para poder ejercer su soberanía en una parte de su territorio que fuera seccionada por la fuerza. En ambos casos se trata de exigir al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y a los Estados Unidos de América que cumplan con el Derecho Internacional y respeten las resoluciones del máximo órgano colectivo de las Naciones Unidas.

Paradojas de la política internacional, dos países centrales que gravitan como muy pocos en la arena política internacional, fundadores de las Naciones Unidas y titulares, a la vez, de asientos permanentes en el Consejo de Seguridad, no muestran el más mínimo interés en cumplir el mandato emanado del órgano colectivo más importante de la organización que expresa al Planeta entero. Algo extraño debe estar sucediendo en el mundo cuando dos inquietos y activos países latinoamericanos les reclamamos una y otra vez a las dos máximas expresiones del mundo anglosajón que se conduzcan con mesura, respeten las normas y cambien una imprudente actitud prototípica de otras épocas, por el sobrio cumplimiento de las normas internacionales. Se trata, en definitiva, de que los Estados Unidos y Gran Bretaña homologuen su conducta con las respetables rutinas kantianas habituales en Königsber y abandonen esa macondiana soledad a la que los arroja la comunidad internacional por comportarse, inexplicablemente, como el coronel Aureliano Buendía.

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