Un reclamo desde la desesperación

Muchas veces las suspicacias están a la orden del día. En un ambiente sumamente politizado los hechos fortuitos suelen quedar más para las anécdotas que para la credibilidad.
Todo viene relacionado con un gesto del gobernador Daniel Scioli de admitir que la crisis financiera internacional no es una pieza literaria de ciencia ficción y que, en el año electoral que corre, no será grato hacer de bombero cuando soñaba con ser el arquitecto que deje los cimientos de un estado más modernizado y, sobre todo, eficaz en resolución de problemáticas urgentes.

Tímidamente o prudentemente según se prefiera el mandatario hizo una alusión que tal vez pasó desapercibida respecto de la necesidad de un incremento de la coparticipación federal de impuestos. En realidad, fue demasiado prudente como para generar algún ruido, que sí ocasionó unas 24 horas su ministro de Justicia Ricardo Casal, en declaraciones a la radio oficial bonaerense.

El secretario de Estado comprendió el mensaje de Scioli de activar una demanda retrasada por una excesiva demostración de una lealtad política. tal vez mal entendida, cuando hay que dar explicaciones por necesidades insatisfechas a millones de bonaerenses.

Sabido es y ni al más ingenuo escapa que esta declaración de un ministro tiene un aval explicito y, por que no, una directiva precisa desde la casa de Gobierno provincial. En otro contexto, las horas de un funcionario en su cargo tienen plazo fijo muy breve.

Aquí viene el debate acerca de si todo fue fortuito al decir de la repercusión que generó el lamento del funcionario. Realmente le debe haber tocado en primer turno decirlo ante los medios a él. Fue muy llamativo que esta declaración no haya tenido como protagonista al ministro de Economía, Rafael Perelmiter o alguien de su equipo..

Más allá del portavoz ocasional, el lamento se hizo público por la falta de disponibilidad de fondos que se encuentran bajo retención de la Casa Rosada sin más argumentos que las razones del poder. Un Gobierno nacional que tiene fieles expresiones bonaerenses en varios funcionarios de primer nivel en el gabinete. A ellos cada vez les resulta más complicado explicar estas limitaciones en la remisión de fondos.

La advertencia de Casal apuntó a que "este año se van a sentir los coletazos de la crisis económica global y se van a resentir los ingresos públicos”

“La verdad .-continuó- es que no es justo que Buenos Aires aún no tenga coparticipación del impuesto al cheque y que no tenga fondos como ha tenido durante tanto tiempo, para sostener los bolsones de pobreza más grandes que son del Conurbano".

Según los números actuales que brinda la estadística, el reclamo específico al impuesto al cheque no sería tan significativo, pero sería una excusa para empezar a hablar de ciertas cosas, entre otras, cierta tolerancia que tuvo el estado provincial desde hace años por renunciamientos a dineros que le pertenecen por ley.

El impuesto al cheque otorgaría una masa coparticipable hacia el total de las provincias de, aproximadamente, poco más de dos mil millones de pesos. Este alcance de la coparticipación primaria luego pasa al reparto de acuerdo a la vieja ley 23548 y, con ese parámetro, habría una cifra cercana a los seiscientos millones de pesos. No alcanza para cubrir todos los baches que brinda el déficit fiscal, pero tampoco es para despreciar en momentos de escasez.

Lealtades no correspondidas

En realidad, el gesto de lealtad bonaerense hacia el kirchnerismo ha sido muy mal correspondido en los años que han comprendido a gobernantes que fueron muy afines hacia los dictados de Balcarce 50.

Esto, lógicamente, no comprende sólo a Daniel Scioli, sino a su antecesor, Felipe Solá.

Un informe del Instituto de Estudios Fiscales y Económicos (IEFE) que conduce el economista José Sbatella da cuenta que a la Provincia de Buenos Aires le hubieran correspondido tres mil millones de pesos durante el año 2006. Esto, aún aplicando la ley vigente, que data de la época de la polémica decisión del ex mandatario Alejandro Armendáriz de resignar puntos de coparticipación a favor de otras provincias allá por 1988. Pero otras actitudes de sus sucesores devinieron en la resignación de fondos de una magnitud más que importante.

Sucede que esos tres mil millones potencialmente adicionales del año 2006 no significan un dato menor: De haberse recibido ese monto, el estado bonaerense, bajo la administración de Felipe Solá, hubiera tenido mil millones de pesos de superávit en lugar de dos mil millones de déficit. Se trata de una de las mejores materializaciones de resultados e cuanto al “silencio” que el ahora diputado nacional confesó cuando recorría la misma vereda con el matrimonio Kirchner.

El mismo informe detallado por el equipo del IEFE agrega más datos para el asombro. Para 2007 lo que dejó de percibir la Provincia se estima, con el mismo método, en $ 3.800 millones y en 2008 en $ 4.500 millones. En este último caso hay tiempos compartidos entre la transmisión de mando de Solá a Scioli y un ejercicio entero bajo responsabilidad del actual mandatario.

Se trata de una friolera de 11.300 millones de pesos que, bien administrados, podrían inyectarse hacia la obra pública, la educación y la seguridad, por dar algunos ejemplos.

Gestiones amenazadas

La crítica coyuntura y su proyección, que pinta un panorama aún peor, indican que las conveniencias políticas y lealtades pueden sucumbir ante las necesidades de gestión del día a día. Los argumentos del discurso oficial del sciolismo por los cuales no se efectuaba este reclamo histórico, parecen caer por su propio peso.

Ocurre que no fue hace muchos meses que desde el oficialismo gobernante se dijo que no haría falta un pedido que comprometa la imagen del gobierno nacional. Esto se daba en función de que la administración Kirchner tiene muy en cuenta que en la Provincia reside el cuarenta por ciento de la población nacional y, por ende, el cuarenta por ciento de los problemas.

Otro argumento daba cuenta de una asistencia adicional desde Nación en materia de planes sociales y de obras públicas, por citar algunos ejemplos.

Esas soluciones adicionales provenían en muchos casos de fondos afectados que le restan gestión y decisión autónoma a las provincias, y también por la vía de los tan conocidos Aportes del Tesoro Nacional (ATN) que se manejan discrecional y arbitrariamente desde hace años aún por gobiernos nacionales de distintos signos políticos. En el año 2006 hubo una jugosa caja de 1290 millones anuales para repartir a gusto y elección hacia provincias disciplinadas políticamente, que - en definitiva y ante la dictadura de los recursos- terminaron siendo casi todas. Para un año electoral como el corriente, se espera que esa caja esté muy vigente.

Cambios inesperados

Algo ocurrió en los últimos meses para que el cambio de timón, en cuanto al discurso, se hubiera producido en territorio bonaerense. Hace no muchos meses se alegaba que un pedido de mayor coparticipación, significaba un exceso. Ahora y, parafraseando a Neruda, no habrá más cuarenta poemas, sino una canción desesperada como mensaje al gobierno nacional.

Hay, efectivamente, una crisis internacional que destruye economías de países centrales como castillos de naipes y que extremarán esfuerzos en recomponer sus mercados antes que ocuparse de países emergentes.

La crisis inyectó la primera dosis de realidad extrema en territorio bonaerense. En San Nicolás, La ex Somisa y actual Siderar, del grupo Techint, estuvo a segundos de expulsar a la calle a miles de obreros que permanecieron, gracias a una oportuna intervención de los ministerios de Trabajo nacional y bonaerense.

Igualmente la situación requiere mucho más que parches. Como se sabe los empresarios tienen más de una herramienta legal cuando se trata de preservar ganancias y, sobre todo, patrimonio.

No hace falta pensar mucho para deducir que una potencial víctima de la crisis puede ser el nivel financiero del estado bonaerense que, para colmo, ya tiene un rojo considerable de varios miles de millones de pesos.

Si una industria pesada siderúrgica pasa a terapia intensiva y otras, que a su vez, alimentan a pequeñas empresas también sucumben, no quedará mucho para pensar que el 2009 será un año para ajustarse los cinturones.

La industria y el comercio como fuente de ingresos impositivos para el fisco pueden debilitarse más de la cuenta. Habrá que recurrir a lo mejor de la imaginación para evitar males mayores. (www.agencianova.com)

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