Reclaman mantenimiento del acueducto Esperanza-Rafaela

La Agrupación Agua y Futuro sostuvo que desde hace diez años existe un estudio que demandaba tareas preventivas en los "sectores considerados de riesgo" a causa de la corrosión. Sin embargo, el estado actual del conducto del cual depende nuestra ciudad, resulta todo un interrogante.
Con escasa o nula receptividad, Agua y Futuro ha venido ocupándose del tema acueducto Esperanza - Rafaela desde hace varios años. Concretamente, siete. No es caprichosa la insistencia. Tenemos en cuenta la total dependencia de la ciudad del agua que provee, cosa que convierte al conducto en un factor clave para la vida de los rafaelinos. Por lo tanto, en el tiempo por venir, mensurable en años, nuestra vida estará sujeta a su comportamiento. Y al nuestro, desde luego, como usuarios del sistema que alimenta.

Admitido esto, cabe un interrogante: ¿en qué estado se encuentra el acueducto? Es la pregunta del millón y no tiene respuesta. Por el momento, claro. En principio, vaya una referencia: no se efectuó la protección catódica del conducto, prevista para su mantenimiento. Se trata de un sistema de protección contra corrosión. ¿Dice algo esto?

Un informe de la desaparecida Aguas Provinciales de Santa Fe, de noviembre del '96, se refería a un estudio realizado para verificar los resultados de una investigación que dos años antes efectuara un Sr.

Bellardini "acerca del riesgo de corrosión al que estaba expuesto el acueducto". Puntualizaba que del estudio se tuvieron en cuenta "los sectores considerados de riesgo".

Al respecto señalaba que por no haberse tomado medidas específicas durante la construcción "no pueden encararse sino medios preventivos para las zonas más expuestas". Tales medios, agregaba, "no toman en cuenta las degradaciones de las armaduras del hormigón producidas desde la colocación del conducto, para las que no existe actualmente ningún medio de detección en el mundo".

En cuanto a las zonas de riesgos elevados de corrosión, según el informe, son las situadas entre los kilómetros 16 al 18 (altura bar El Arbolito, hacia el sur) y 39 y 40 (cruce del arroyo Las Prusianas); y de riesgos medios las comprendidas entre los kilómetros 11,7 al 14,7 (Bella Italia, cruce del canal de desagüe a Las Prusianas) y el 19 al 20,5 (hacia el Este, altura El Arbolito). Se mencionan además tres sectores de riesgo más limitado: kilómetros 7,2 al 24; 29 al 30,5 y 35 al 47,5 en todos los casos tomando a Rafaela como punto 0 del recorrido.

Más de una década después es posible conjeturar, a la luz de lo escrito, que las condiciones de la estructura pudieron empeorar. Si se toma en consideración la parálisis del plan de acueductos, la cuestión mencionada adquiere una dimensión que impone decisiones. La intendencia municipal y el Concejo Municipal deben asumir las responsabilidades que les caben. En un caso, como administradores de la cosa pública, y en la condición de representantes de la ciudadanía en el otro.

HISTORIA

El acueducto Esperanza - Rafaela fue inaugurado en 1981. El acontecimiento se enmarcó en los actos programados para la celebración del centenario de Rafaela.

En los años que siguieron, la ciudad continuó creciendo en número de habitantes y en la suma de actividades productivas, de las que devino el lógico incremento de la demanda de agua potable y, en paralelo, de obras de saneamiento.

Sin embargo, la dinámica generadora de positivos logros en órdenes diversos no tuvo, en lo concerniente a esto último, un acompañamiento acorde a la relevancia de la temática, crucial por razones que no es necesario precisar. Sí, cabe detenerse en el punto de la cuestión que tiene, en el desconocimiento de lo que año tras año mostraba la realidad, un evidente sesgo retrógrado. Expuesto en el progresivo acotamiento de la capacidad del acueducto respecto de las mayores exigencias de una comunidad en evolución permanente.

Si lo acontecido en tal sentido quiere verse desde el costado político, no caben dudas acerca de la cuota de responsabilidad asignable a responsables en ese orden. Cosa que no exime, además, a otros actores ciudadanos que, conscientes del problema y sus serias implicancias, pudieron gravitar a favor de lo que, en definitiva, no es otra cosa que un bien común a proteger. Aunque suene demodé esto último, es procedente recordarlo.

Porque no puede haber progreso real y sustentable sin el agua potable y el saneamiento; ambos complementarios, estos factores deberían encabezar las preocupaciones en los niveles de decisión de la comunidad.

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