La receta de Bilardo: Cristina sigue guardando reposo y sólo toma caldos.

Se recluyó en Olivos para recuperarse de la lipotimia que la bajó del avión a Cuba, que pasó al 19 de enero. Está furiosa por las versiones sobre una operación estética.
La lipotimia que obligó a la presidenta Cristina Fernández a suspender el viaje a Cuba y Venezuela no sorprendió en el ámbito político y gubernamental, donde consideraron “normal” la situación por el “agitado” ritmo de trabajo. Los empresarios ya partieron a La Habana y Chávez la llamó preocupado.

El día de ayer se caracterizó por el silencio oficial sobre el estado de salud de la jefa de Estado. Las últimas noticias sobre las actividades de Cristina que figuran en la página web de la Presidencia muestran una foto del miércoles 7, cuando anunciaba una suba en la recaudación impositiva. Sólo trascendió extroficialmente que sigue sintiendo los efectos de la lipotimia “cuando se levanta todavía se marea”, dijo un miembro de su entorno.

En cambio, sí se conocieron noticias sobre Cristina en Venezuela. El gobierno de ese país, a través de un comunicado, sostuvo que Chávez conversó telefónicamente con Cristina Kirchner para conocer su estado de salud y se “sintió muy complacido al constatar el pleno restablecimiento” de la Presidenta, con quien “lo unen lazos de profunda amistad, solidaridad y compañerismo”.

“Los presidentes convinieron en reprogramar para los días 21 y 22 de enero el encuentro que habrán de sostener en ocasión de la visita de la primera mandataria argentina a Caracas”, explicaron.

Extraoficialmente, miembros del entorno gubernamental dicen que la Presidenta se encuentra “estable”, que supervisa desde Olivos personalmente los próximos pasos de gobierno y que sólo ingiere “caldos y Gatorade”.

También que está furiosa por las versiones que atribuyen el abandono temporario de las tareas presidenciales a una operación estética, dudando de su problema de deshidratación.

Además, Cristina pidió a sus colaboradores que desactiven las sospechas según las cuales la suspensión del viaje obedeció al probable fracaso político que significaría volver a la Argentina sin una foto con Fidel y sin respuesta para el caso de la disidente Hilda Molina, cuyo caso es seguido con un desproporcionado despliegue por los medios de nuestro país. También la incomoda, en su segunda escala, la ruptura de las relaciones con Israel de parte del gobierno de Hugo Chávez.

El subsecretario de Integración y Mercosur de la Cancillería, Eduardo Sigal, fue el único vocero gubernamental que salió a dar la cara. Admitió que se “sorprendió” cuando conoció la descompensación de salud, pero opinó que ese tipo de malestar es “normal” por el agitado “ritmo” de trabajo que mantiene.

“La trascendencia es enorme, aunque haya muchos argentinos a los que pueda pasarle lo mismo en situaciones de trabajo extremo”, explicó el funcionario de la Cancillería, que confirmó que el viaje a Cuba se realizará el próximo 19 de enero.

El funcionario explicó que un grupo de empresarios argentinos viajó igual a Cuba y cumplió con las “rondas de negocios” que estaban previstas en la agenda original, por lo que sólo hubo modificaciones en “la parte política del programa”.

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