La recesión llegó a China

La crisis financiera y económica mundial golpeó a China más rápido y mucho más duro de lo esperado hace algunas semanas. La tercera potencia comercial del mundo registró el pasado noviembre por primera vez en los últimos años un retroceso en sus exportaciones. La noticia se filtró estos días de manera extraoficial.
Un primer aviso de los malos tiempos llegó durante la Feria de Cantón, en la cual las empresas extranjeras firmaron un diez por ciento menos de nuevos contratos para el próximo año. Los líderes del gobierno y del Partido Comunista chino, alarmados por la sorpresiva caída en picada de la coyuntura económica, debatieron en una conferencia en Beijing sobre las posibles soluciones para la crisis. “La recesión es peor de lo esperado”, dijo Ma Jiantang, jefe de la Oficina de Estadística.

Los expertos creen que para poder estimular la economía será necesario tomar medidas adicionales que vayan más allá del paquete económico ya anunciado, por un monto de cuatro billones de yuanes (aproximadamente 455 mil millones de euros o 584 mil millones de dólares). Pero China está ante un dilema particular, ya que dos tercios de su producción está destinada a la exportación.

La disminución del consumo en Estados Unidos y Europa implica que China se puede quedar sin vender todos sus productos, debido a la falta de demanda. El consumo exagerado de los estadounidenses, posible en base a deudas astronómicas, tiene su paralelo en los chinos en la producción excesiva y la acumulación de mercadería para la exportación. Lo que significa que los chinos deben reducir la producción de manera drástica o comprar ellos mismos sus productos.

Pero el país asiático, con una población que supera los mil millones de personas, prefiere la abstención en tiempos de inseguridad y de crisis. Son muchos los que no se atreven a comprar autos u otros bienes de precios elevados. En noviembre, la venta de automóviles bajó en un 10,3 por ciento en relación con el mismo mes del año anterior. Las exportaciones de Taiwan a la China continental cayeron en noviembre incluso en un 38,5 por ciento en relación con el año pasado. Y lo que aún parece funcionar en China tiene otro cariz en las estadísticas taiwanesas: la totalidad de sus exportaciones cayó en un 23,3 por ciento en noviembre, la pérdida más alta de los últimos siete años.

Aunque las cifras oficiales de la exportación de bienes no se han dado aún a conocer en China, el periódico 21st Century Business Herald informó por anticipado que las ventas chinas al extranjero bajaron a un monto de aproximadamente 100.000 millones de dólares.

“El crecimiento negativo es mayor de lo que esperábamos”, dijo uno de los autores del informe, que tuvo acceso a las estadísticas.

Con ello, el milagro económico chino sufrió un giro abrupto, tras un crecimiento aproximado de 28,5 por ciento en las exportaciones durante los últimos cinco años. “Las ráfagas de viento frío de la recesión global empezaron a soplarle a China en la cara”, comentó el China Daily. Y si al comienzo de la crisis financiera se especulaba aún con la posibilidad de que el “boom” chino pudiese salvar al resto de países, los expertos se darían por satisfechos hoy en día si China pudiese ayudarse a sí misma.

Si a comienzos de año, con un crecimiento del 10,6 por ciento, se hablaba en China de un sobrecalentamiento de la maquinaria, ahora eso sólo afecta a los frenos. Las máquinas y la producción en masa comienzan a detenerse. El crecimiento en el cuarto trimestre llegará quizás al siete por ciento, que alcanzará apenas para cifrar en nueve por ciento el incremento anual.

Un crecimiento del siete por ciento o menos en una economía emergente como la china es comparable a la recesión en un país industrializado: no alcanza para la creación de empleos para los más de 100 millones de trabajadores en movimiento que afluyen constantemente al mercado chino, y no alcanza, con seguridad, para impedir los despidos en la industria exportadora, que ya ocasionan ahora disturbios en el sur de China.

Con 1300 millones de habitantes, China es la mayor potencia manufacturera del mundo, sobre todo en los sectores textil y de electrodomésticos, entre otras cosas, por el bajo costo de la mano de obra.

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